La Construcción en Valdemorillo

Como en todo el territorio nacional, la explosión de la burbuja de la industria de la construcción, está produciendo un daño en la economía de Valdemorillo y en toda la comarca de la Sierra Oeste, que va a llevar a situaciones límite de muchos promotores, constructores, trabajadores directos e indirectos, así como industrias relacionadas tanto en materias primas como en trabajo especializado y auxiliar.

Hace casi cinco años que en mis escritos vengo anunciando que esto iba a pasar y que por lo tanto sería muy conveniente que se pensara en diversificar el esfuerzo empresarial, naturalmente con la colaboración de los ayuntamientos, que en todo caso deberían haber facilitado la expansión, con las ayudas que son preceptivas por los poderes públicos, como son la adecuación de terrenos para hacer un parque empresarial donde poder ubicar nuevas industrias de tipo medio, facilitar las agrupaciones de industriales antiguos y nuevos que estuvieran dispuestos a emprender las actividades necesarias, como es la creación de asociaciones de capital con las que ir preparando innovaciones, establecer con las autoridades de educación de la Comunidad de Madrid convenios para la formación profesional de los trabajadores encaminada a las nuevas actividades productivas, etc.  

Desgraciadamente, las circunstancias políticas por las que ha transitado nuestro pueblo, durante este tiempo, con la cerrazón de la alcaldía empeñada en conseguir soluciones económicas a través del urbanismo, sin atender un futuro que ahora todo el mundo dice haber presentido, nos ha llevado a participar de la crisis general a través de la parte más dañada como es precisamente el urbanismo.

Mi insistencia en lo peligroso del monocultivo, como se dice en la agricultura, ha podido llevar a algunas personas a pensar que yo tengo algo contra la construcción y no es así. Creo que la construcción es necesaria, que es una fórmula muy digna de producir riqueza de la que puede vivir mucha gente, y además las viviendas son necesarias y concretamente en nuestra comarca, donde a mucha gente le gusta  vivir.

Lo que no es inteligente es dedicarse solamente a una clase de actividad, sin alternativas en caso de crisis, como está ocurriendo. A nivel nacional se han estado construyendo viviendas donde nadie va a vivir, especialmente en segundas residencias; si pensamos con lógica, la paralización de venta de viviendas, que afecta incluso a zonas en las que no sobran, es consecuencia de que todo el mundo ve que los promotores tienen prisa en vender, porque han de atender la restitución de créditos bancarios que necesitaron para trabajar y cuyos vencimientos les ha venido encima, en un momento de crisis financiera en que todos los bancos están a la expectativa de un futuro que se ve incierto y no conceden nuevos créditos ni a los que habrían de ser compradores.  Todo el mundo está esperando que los precios de las viviendas bajen como consecuencia de las dificultades que se observan y efectivamente ya ha habido bajadas de precios considerables, pero todos esperan más, seguramente no ocurrirá así, pero las expectativas hacen esperar otra cosa.

No me voy a extender más sobre las consecuencias de la crisis inmobiliaria  en España, pero si quiero dar mi punto de vista sobre Valdemorillo y su comarca, que es lo que anuncia el título de mi artículo. La construcción en Valdemorillo tiene una ventana abierta a la continuidad sostenible, que probablemente aún no se ha descubierto por los promotores locales. Me estoy refiriendo a la vivienda con algún grado de protección, tanto para vender como para alquilar.

Los promotores que no quieran ser barridos del sector, tendrán que ponerse las pilas y fabricar aquello de lo que hay demanda. Precisamente esta comarca es muy prestigiada entre los vecinos de Madrid, que pretenden comprar una vivienda, por su cercanía a la capital y por las buenas vías de comunicación por carretera. Si a esto añadiéramos una campaña promocional de terrenos industriales bien pertrechados, con todas las capacidades modernas para trabajar, el bache inmobiliario podría ser muy corto; pero habría que ver los proyectos, para que estos fueran adaptables a la verdadera demanda.

La vivienda protegida ya no es aquella de baja calidad, que además se entregaba sin terminar. Hoy se exige una vivienda de calidad, sin muchos metros cuadrados construidos, pero eso sí, bien aprovechados, con un servicio suficiente de agua, gas, electricidad, buena calefacción, dos baños para que no se entorpezcan los horarios del trabajo y de la escuela, etc.  La mejor protección que puede concederse a las viviendas protegidas es la obtención de terrenos baratos y la eliminación de los especuladores.  

No deben confundirse los especuladores con los agentes inmobiliarios, estos últimos son instituciones muy útiles, tanto para los promotores que desean vender o alquilar, como para los compradores, que con poco esfuerzo pueden encontrar lo que necesitan, se informan de los pormenores legales y administrativos en que se encuentran las viviendas y facilitan informes de los bancos, cajas de Ahorros y demás empresas con las que habrá de tratar el comprador.

Quiero prometer al estimado lector, que otro día les hablaré de los especuladores, que son casi siempre los que verdaderamente encarecen las viviendas, poniéndolas fuera de la capacidad adquisitiva de los demandantes de vivienda.

 

Rafael Guardiola

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