A grandes crisis, grandes oportunidades

Sueño con «otra Iglesia », al servicio del «otro Mundo posible». (El cocodrilo de Valmayor no quiere que esta sea la hoja parroquial)

Hoy más que nunca debemos radicalizar la búsqueda de la justicia, de la paz, de la dignidad humana y de la igualdad, para lograr el verdadero progreso dentro de la ecología profunda. Hay que instalar la libertad en el corazón mismo de la igualdad con una visión y una acción estrictamente mundial. Es la otra globalización la que reivindicamos en la actual crisis económica, una crisis global de Humanidad que no se resolverá con ningún tipo de capitalismo, porque no cabe un capitalismo humano; el capitalismo sigue siendo homicida, suicida, corrupto. No hay modo de servir simultáneamente al dios de los bancos y al Dios de la Vida, conjugar la prepotencia y la usura con la convivencia fraterna. La cuestión axial es: ¿Se trata de salvar el Sistema o se trata de salvar a la Humanidad? A grandes crisis, grandes oportunidades. En idioma chino la palabra crisis se desdobla en dos sentidos: crisis como peligro, crisis como oportunidad.

En la convulsa coyuntura actual, algunos utópicos profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una gran mayoría de la Humanidad.

Rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigiremos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC…). Nos comprometemos a vivir una «ecológica profunda e integral», propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Impulsaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de «alta intensidad».

Queremos ser la Iglesia de la opción por los pobres, comunidad ecuménica y macroecuménica también. El Dios en quien creemos, no puede ser causa de fundamentalismos, de exclusiones, de inclusiones absorbentes, de orgullo proselitista. Ya basta con hacer de nuestro Dios el único Dios verdadero.  Exigiremos, corrigiendo siglos de discriminación, la plena igualdad de la mujer en la vida y en los ministerios de la Iglesia. Estimularemos la libertad y el servicio reconocido de nuestros teólogos y teólogas. Seguiremos haciendo que se viva en la práctica eclesial la advertencia de Jesús. El Vaticano dejará de ser Estado y el Papa no será más Jefe de Estado. La Curia habrá de ser profundamente reformada. La Iglesia se comprometerá, sin miedo, sin evasiones, en las grandes causas de la justicia y de la paz, de los derechos humanos y de la igualdad reconocida de todos los pueblos. Será profecía de anuncio, de denuncia, de consolación. La política vivida por todos los cristianos y cristianas será aquella «expresión más alta del amor fraterno»

Yo os invito a todos los agnósticos y católicos desengañados que os suméis a otra visión diferente en donde exista un mundo más justo, resucitando la utopía dormida en todos nosotros. Invitando a reflexionar que otro tipo de sociedad debería ser posible. Donde el hombre y la mujer sean los verdaderos protagonistas.

J.G.M.

Un cristiano por el socialismo

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