La mayoría de los ciudadanos ven a los políticos como un problema.

La última encuesta del CIS alumbra a un dato inquietante: la mayoría de los ciudadanos ven a los políticos como un problema. Es un dato revelador que nos indica que el pueblo es consciente de una realidad que planea como un conflicto de credibilidad preocupante para la esencia democrática. Parece como si la honestidad y la política fueran términos de imposible conciliación. ¿Son los políticos una realidad más de nuestra sociedad y el reflejo de nuestra imagen? Esa respuesta debe asumirla cada cual. ¿Tenemos lo que merecemos? Esta también.

Lamentablemente la sociedad ya se cree que detrás de una gestión política hay un interés personal que se antepone al colectivo, que el político no solamente debe ser honesto sino además parecerlo y lograr infundir pulcritud en su gestión, practicando la Ciencia Política en su estado puro, sin engaños, triquiñuelas soterradas y manejos espurios, antidemocráticos, para perseguir objetivos a costa de comprar y vender favores.

En Valdemorillo ¿existe control de los Presidentes de Entidades Colaboradoras de manera directa o indirecta, por parte de la Alcaldesa? Si fuera así, les trasformaría en cómplices de su pésima gestión en relación con sus propias Urbanizaciones, siendo además usados como pararrayos ante los vecinos que están hartos de tanto abandono. Si existiera esta intervención confirmaría el pasotismo de los vecinos a la hora de adquirir compromisos de gestión vecinal y que su dejadez les esta costando pagar un tributo adicional en forma de una cuota innecesaria.

Yo he conocido y denunciado públicamente la pésima gestión de un presidente de urbanización obligado a mantenerse en su puesto en contra de la voluntad de los vecinos, a sabiendas que con esa actuación estaba perjudicando los legítimos intereses de sus administrados a favor de la incompetencia gestora del Sr. Concejal responsable Sr. Cova.

Resulta más que evidente que este tipo de actuaciones políticas perjudican la credibilidad de las estructuras democráticas y ponen en entredicho el apego a un puesto que no tiene remuneración ni satisfacción personal conocida, y que se mantiene durante varios años contra viento y marea. Voy a poner un ejemplo: Un presidente de una comunidad de propietarios de un inmueble. Se apunta, como voluntario, a seguir y seguir año tras año en su puesto y se permite la licencia de no informar de las gestiones a los vecinos. ¿Verdad que resulta muy raro?

Al negarnos a aceptar un poder superior inmutable que nos supera, hemos colmado el vacío a golpe de imperativos personales y, súbitamente, nuestra vida se ha vuelto espeluznante”. Alexandr Isáievich Solzhenitsyn.

J.G.M.

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