¿La “ideología” existe?Ahora, lamentablemente,solo existe el afán de poder.

Fue Antoine-Louis-Claude Destutt, aristócrata, político, soldado y filósofo francés de la Ilustración, quien puso en circulación en 1801 el término “ideología”, con el significado de ciencia de las ideas, tomando ideas en el sentido amplio de estados de conciencia.

Su objetivo fue el de tratar las ideas como fenómenos naturales que expresaban la sensibilidad del hombre como ser pensante, el estudio de la “ideología” posibilita el conocimiento de la verdadera naturaleza humana al preguntar de dónde provienen nuestras ideas y cómo se desarrollan. El término “ideología” y la enseñanza de la Ciencia Moral y Política fueron prohibidos en 1812 por Napoleón, que prefería los cañones a las palabras. Acusó a Claude Destutt y a otros profesores de dicha materia, de predicar la oposición a su gobierno.

El vocablo “ideología” probablemente sea la que registra una mayor frecuencia de empleo y diversidad de significados, tanto en la conversación corriente sobre política como en Ciencia y en Filosofía Política. Los primeros estudios con cierta profundidad sobre la “ideología” fueron elaborados por Karl Marx (1.818-1.883).estableciendo que es una forma de conciencia social que dan a la sociedad y al individuo una identidad, una explicación del mundo en que viven y de las relaciones sociales, contribuyendo a organizar de algún modo su existencia.

La lucha por el poder es, en gran medida, una lucha por implantar el discurso, simbolismo e imaginario propios; y no siempre han sido, como lo es ahora, que los condicionamientos económicos sean que han provocado las grandes hecatombes de la Historia, sino la voluntad de poder de minorías y las excusas ideológicas que animaron y lograron implantar.

La política incide en la economía y en demasiadas ocasiones, lo hace de modo vergonzante, puntual e indeciso. Si la economía es lo posible y real, la política es el reino del voluntarismo, el caos de las utopías. De ahí la dicotomía liberal entre economía y política (del que J.S. Mill representa el mayor fracaso), o las contradicciones del marxismo entre el determinismo económico y su necesario voluntarismo político “revolucionario”.

Las “ideologías” políticas modernas constituyen en realidad un “mito político” útil para la manipulación y control de la población por parte de las élites políticas, a través de la sustitución de la política por ellas.

La población, si bien puede ser movilizada (manipulada), especialmente por los medios de comunicación, tiende a aceptar lo establecido como natural, a contemporizar y a ser fatalista. El ámbito general económico y social es además lo suficientemente complicado, y los intereses múltiples y complejos, como para que la población pueda conocerlos y comprenderlos. En todo caso, sus motivos para actuar son siempre múltiples y ambiguos, incluso contradictorios políticamente. No existe pues opinión pública autónoma fuera de la manipulación de los medios de comunicación y las “ideologías”, pero sí un “espacio público” formado por todos sus discursos, hoy notablemente degradado por la decadencia ideológica, la transparente corrupción política. Hasta tal punto ha llegado a ser normal esta situación que estos medios de comunicación, en sus apartados más cutres de tele basura, se hacen eco de ella y la banalizan.

La izquierda política ya no existe como movimiento importante, ha sido sustituida por el “progresismo”, ese magma dominado por los rebeldes sin causa al asalto del poder, y la pura supervivencia y afán de poder de los partidos, pactando con el diablo que sea.

La derecha tampoco existe como “ideología”, los que se adhieren a ella lo hacen como gesto de protección de una sociedad con un mínimo de orden y progreso material.

Ahora bien, que los bandos políticos carezcan de “ideología” no significa que no existan. Es la izquierda la que necesita definir constantemente y con mayor urgencia a la derecha, de por sí indefinida hoy, como una grotesca y falsa caricatura de todos los tópicos reaccionarios del siglo XXI, ya que su propia identidad depende de la confrontación con ella y nada más, sin programa y sin metas, corrompida.

La esencia del Gobiernar sigue sin aparecer: el desarrollo de su potencia al servicio del pueblo y la nación, de su bienestar y desarrollo. Habría que fijar metas arrollando las oligarquías políticas vampiricas que lo siguen controlando desde la sombra. ¿Qué hacer frente a ellos? Partir de cero; hacer tabla rasa con la vieja política, abandonar las fidelidades ideológicas, inútiles, crear organismos unitarios pero diversos, multiplicar las tácticas, afirmarnos en lo que somos, en nuestra nación y Estado sin adjetivos, no renunciar a nada, focalizar y radicalizar el enfrentamiento con el enemigo nacionalista, ante el que todos los demás quedan en meros comparsas absortos en sus pequeñeces, y denunciar constantemente a esos aliados. Y luchar. Ahora. Todos.

J:G:M

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