¿Cuál podría ser el porvenir de Valdemorillo?

Por el momento los pequeños acreedores parece que van a cobrar sus facturas, no sé si con intereses o no, con una aportación de las arcas del Estado. Sabemos que las urbanizaciones que tanto dinero dieron y siguen dando al municipio, no pueden ser financiadas con arreglo a la ley y los propietarios de las parcelas van a tener que seguir aportando más de tres millones y medio de euros anuales para poder cubrir sus servicios, al margen de los impuestos que fija la ley.

Así será si estos quieren, porque obligación no tienen ninguna y ahora tienen planteado por el Canal de Isabel II el pago de la renovación de las nuevas redes de distribución del agua potable, que el Canal lleva cobrando, por este concepto, desde que las urbanizaciones existen.

Esto último ya ha sido muy bien explicado en diferentes ocasiones, la última en este mismo foro por Álvaro López Alonso. Yo me pregunto si ahora procede volver a pagar las redes de distribución del agua, cuando se han estado pagando siempre, además de conservar las originales que, a su vez, se le pagaron al promotor con el precio de cada parcela. Tiene la palabra, para contestar esta pregunta, la señora Alcaldesa de Valdemorillo, pero que la conteste a todo el pueblo, no sólo a los presidentes de las urbanizaciones, que seguramente no se han enterado todavía, ni tienen trazas de enterarse.

Todo lo anterior me lleva a dos conclusiones:

La primera, la construcción de nuevas urbanizaciones aunque en principio dé una apariencia de riqueza, con ingresos para la hacienda pública muy importantes, por las diversas licencias y posteriormente por los impuestos y tasas que se devengan, el Ayuntamiento nunca podrá atender todos los gastos, por los servicios que debe a los ciudadanos de las urbanizaciones, a causa de las extensas superficies que tendría que atender con pocos vecinos, es decir con pocas aportaciones, por lo tanto habría que decidir por parte del consistorio suspender compromisos o proyectos de urbanización inasequibles a sus posibilidades de financiación y esto no sólo en caso de crisis, si no en todas las circunstancias.

La segunda conclusión está relacionada con el porvenir económico de Valdemorillo, y es en este tema donde los emprendedores deben pararse a pensar si merece la pena esperar la reanimación de la industria de la construcción o les convendría intentar otras actividades productivas, sin que ello quiera decir que la construcción no vaya a ser posible en un plazo razonable, ya que es seguro que volverá a haber demanda y en menor plazo que en otros lugares de la comunidad, porque aquí no se ha producido un exceso de construcción como en otros sitios y la expansión de la capital, en cuanto a la clase media, tiene una clara tendencia hacia estas zonas, pero mientras tanto, ¿qué van a hacer los promotores y cómo van a dar trabajo a los trabajadores? Esta es la cuestión.

El Ayuntamiento está intentando salvar sus dificultades económicas, pero está dejando al margen al entramado empresarial y como consecuencia al porvenir inmediato de los trabajadores parados. De momento ha decidido convertir una plaza pública y su entorno, -la tradicional del mercadillo de los sábados- en un centro comercial de grandes dimensiones, pero como esto lo hace exclusivamente para salvar sus gastos inmediatos, deja fuera del proyecto a los empresarios y promotores de Valdemorillo que no tienen capacidad para asistir al concurso de esta obra. Un pésimo negocio de Valdemorillo, iniciado por la alcaldesa que presume de buena gestora a favor de los ciudadanos de este pueblo.

R.G.H.

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