Sociedad responsable

La crisis de valores éticos naturales, llamada coloquialmente “incultura del pelotazo”, o simplemente corrupción, está siendo noticia desde hace demasiado tiempo en todos los medios de comunicación. Al parecer en los últimos meses nuevamente se ha destapado el frasco de las peores esencias de la sociedad, de una sociedad que venia siendo permisiva con las corruptelas interesadas siempre próximas al poder, pero parece que ahora comienza a emerger nuevamente la “punta del iceberg” de la ponzoña acumulada durante años.

Los políticos, erróneamente, sostienen una larga tradición de “justificación de la mentira”. “Cuando un político se instala en el poder, lo que quiere es mantenerlo, considera que cualquier medio es bueno y recurre a la ética de la responsabilidad” para justificarlo. Habría que exigir a los políticos que fueran “más transparentes”, para constituirse en los verdaderos representantes de los ciudadanos. Frecuentemente, los políticos mienten descaradamente sobre asuntos que afectan a la vida de los ciudadanos. Mienten por escrito en los programas electorales, que luego no cumplen”. 

La mentira siempre es pérfida, sobre todo cuando tiene como objetivo un beneficio en perjuicio de otros. Cuando alguien oculta en forma parcial o total la realidad, esperando que le crean, no sólo corre riesgo de entrar en el terreno de la prevaricación sino, aún peor, en el de la falta de ética. Además, como explica, la mentira no es infalible sino que dura sólo hasta que llegue la verdad. La mentira es obscena, daña la imagen de las instituciones y organizaciones y perjudica la relación con los ciudadanos.

Cuando un sistema democrático funciona y la conciencia ciudadana está debidamente sensibilizada las posibilidades de que la inmundicia salga ala luz es sólo cuestión de tiempo.

Por lo tanto es ahora cuando se necesitan iniciativas, desde la concienciación ciudadana, para promover actitudes que obliguen a los gobernantes a luchar, de verdad, contra la corrupción y la mentira.

Hay que partir de la base necesaria de exigir que la ética y política estén íntimamente vinculadas, la primera debe desembocar en la política y subordinarse a ella en la medida en que la voluntad individual ha de subordinarse a las voluntades de toda una comunidad. Pero también, la política debería obligar a que el poder nos eduque en la en la justicia.

Cuando pienso éticamente no tengo que convencerme más que a mí; en política, es imprescindible que convenza o me deje convencer por los demás. La actitud ética y la política son diferentes formas de considerar lo que voy a hacer, el empleo que voy a dar a mi libertad, pero la ética es ante todo personal, que se toma atendiendo solamente a lo que es mejor para mi vida en un momento determinado y sin esperar a convencer a los demás, puede decirse que lo que vale es estar de acuerdo con uno mismo y tener el inteligente coraje de actuar en consecuencia, en cambio, la política busca el acuerdo entre algunos que afecta a muchos.

Existe un orden político natural que debe sujetarse en aras de la estabilidad y el bienestar como única posibilidad de trabajar por el bien común. Su contrario, implica el desquicio general de las funciones sociales, de modo que nadie trabaja en lo que le compete. La política esta conformada dentro de la ética, el derecho y la sociedad; por tanto una conducta será ética siempre que el hombre encamine su vida conforme a las costumbres sociales y normas jurídicas vigentes, y cuyos principios éticos, que por naturaleza indican lo qué es bueno, no queden sólo en el campo de la abstracción sino que concreten mediante su observancia. La conducta indispensables en un estado democrático pasa obligatoriamente por la: austeridad, veracidad, lealtad: tolerancia y perseverancia.

Entre los políticos, como ocurre en la sociedad, habrá personas decentes y caraduras, pero los políticos honestos deben estar dispuestos a tener la gallardía suficiente, y los resortes políticos necesarios, para apartar a los “indeseables” corruptos, que son un fraude, un engaño, para el elector. El hombre es un ser libre, con independiente elección, con conducta vinculada a una conciencia que le permite aprobar o desaprobar un determinado acto, la ética no es una abstracción, es el otro; cada acto está obrando directa o indirectamente sobre una o varias vidas. Nunca se roba algo, se le roba a alguien. La política debería ser la ciencia social y práctica cuyo objeto es la búsqueda del bien común de los integrantes de una comunidad, que no es sólo tarea del poder político sino la razón de ser de la autoridad política. Por lo tanto, es el bien común el principio y fin ético de la política. Será bueno todo aquello que beneficie, acreciente o promueva la justicia. Será malo todo aquello que tienda a perjudicarlo, disuadirlo o disminuirlo.

 

JGM

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