Segunda respuesta a una invitación

Hay tres posturas muy diferentes ante el mundo, ante los hechos y ante los objetos (animados o inanimados) que ocurren a nuestro alrededor. Las resumo así:

          Cómo desearíamos que fuera “algo”

          Cómo queremos que sea ese “algo”

          Cómo es realmente dicho “algo”

“Desear” implica darle un sentido imaginario o utópico de acuerdo a nuestro mundo interno guiado por la parte emocional de nuestro cerebro. “Querer” es una posición diferente a desear, ya que implica proyectar y planificar acciones, poniéndolas en practica para conseguir que el deseo se haga realidad, lo cual obliga a utilizar la parte racional de nuestro cerebro y no sólo la emocional. Por último, “ser realidad” algo implica un resultado derivado no sólo de nuestras emociones y de nuestros proyectos y acciones, sino también de todas las circunstancias que rodean a ese algo, desde las realidades naturales a las acciones de todo una serie de sujetos que nosotros no podemos controlar.

¿A dónde quiero llegar con este planteamiento? Sencillamente a concretar el concepto de Ética que estamos manejando. Lo quiero plantear de una forma racional y lógica, no desde principios espiritualistas o mágicos que siempre sirven para descentrar al personal y hacernos ir por las “nubes de valencia”. Ya decía en mi anterior exposición que la “Ética” era una disciplina de estudio, con aplicación en el comportamiento social; estaba incluida esta disciplina en una de las tres ramas de la Filosofía Social y que eran: Ética, Política y Economía. Como se desprende de esto es nada más  y nada menos que una disciplina inventada por los hombres para facilitar el conocimiento de cómo funciona y debe funcionar un colectivo social. En ningún caso es un ente espiritual con personalidad propia derivada de algún dios o de la propia naturaleza. Si es un método de aprendizaje que inventa el hombre es porque tiene una finalidad, concretada en resolver un problema social: “como valorar el comportamiento de los individuos y de los grupos en orden a conseguir uno o varios objetivos” (podríamos concretar esos objetivos en facilitar la convivencia).

Y aquí es donde enlazo con las tres posturas enunciadas al principio: desear, querer y ser. Está claro que todos “deseamos” convivir (incluso pacíficamente). Pero lo que ya no está tan claro es que todos “queramos” convivir, porque al aplicar nuestros proyectos y ponerlos en práctica tenemos que hacer cosas que generalmente se contradicen con las que otros desean; incluso la propia naturaleza puede impedirnos el deseo, en un territorio solo hay recursos disponibles para unos pocos y no para tantos como somos en esa sociedad concreta de ese territorio. Ese conflicto se tiene que resolver con una valoración de costes y beneficios para aceptar las renuncias que tenemos que aceptar. Tampoco está tan claro que socialmente todos quieran convivir pacíficamente: hay individuos más agresivos que no aceptan una renuncia y pretenden imponerse sobre el resto. Y por último esta en el reconocimiento de que las cosas “son” de una determinada realidad y deben aceptarse mediante el aprendizaje para la convivencia. Esos tres pasos son los que pretende resolver la “Filosofía Social” y para ello elabora una subdivisión de la disciplina en Ética, Política y Economía.

Los principios que rigen esa disciplina (enlazada con las otras dos) los enumero en los tres siguientes para simplificar lo que se estudia y se pretende poner en práctica con dicho proceso de aprendizaje:

1º La ética tiene un primer paso que cubrir y es el de establecer una escala de valores dentro de una sociedad “concreta” (quiere decir que otras sociedades en otro tiempo y en otro lugar pueden definir otra escala diferente de valores). Una escala de valores dice que A vale más o es preferible a B, que B vale más que C y así sucesivamente. Jesús González fundamenta la ética basándola en el respeto al prójimo y el humanismo es el que debe medir el comportamiento de los hombres dentro de la sociedad. Pero eso lo dice Jesús, ¿qué dice la sociedad en la que vivimos? En primer lugar si vemos un Mercedes rojo descapotable aparcado en la calle veremos que todo el mundo vuelve la cabeza y se queda extasiado; por el contrario nadie se entera de quien ha pasado a su lado por la misma acera, ni si era hombre o mujer, alto o bajo, sano o discapacitado: los hombres pasan inadvertidos para los hombres en contra del “Mercedes”. Y si ponemos precio a las cosas, ese coche ha sido construido por encargo y ha valido a su dueño la cantidad de 450.000,00 euros (75 millones de pesetas). El trabajo de un “mil eurista” durante toda su vida laboral alcanza más o menos esa cifra: lo cual quiere decir que ese coche (un objeto) es valorado tanto como la vida laboral de un ser humano. No es Jesús el que pone cual es la escala de valores de la sociedad: es la propia sociedad.

2º La ética tiene que valorar el comportamiento de las personas en función de  la citada “escala de valores” o de la utilidad que produce a la sociedad y veríamos que es más valorado el comportamiento de alguien (incluso su simple existencia) si produce mayor utilidad que otros. Pero ¿qué es la utilidad y quien se beneficia de ella? En España en los años ochenta se preveía un crack del sistema de pensiones y se llegó a los acuerdos de Toledo. Con el tiempo hemos visto que la llegada de 4 millones de emigrantes han resuelto el problema de las pensiones al haberse incrementado las cotizaciones. Los emigrantes son útiles en la medida que solucionan las pensiones, no en la medida que incrementan la diversidad cultural y humana en la sociedad, no en la medida que enriquecen las relaciones sociales (que en muchos casos y lugares representan un conflicto étnico). El problema de valoración de los comportamientos humanos está en quién los hace y con que objeto se hacen. Aquí viene al caso el tema de las “prejubilaciones”, por no hablar de despidos pactados. Una persona no vale por su capacidad de conocimiento, de rendimiento futuro o de humanidad aportada con su vocación profesional, sino en la medida que sirve para eliminar costes de producción para hacer productiva la empresa. No es Jesús González el que establece las valoraciones de los hombres: es la sociedad productiva.

3º La ética tiene que establecer la medida con la que se hace esa valoración y en consecuencia utiliza la forma de retribuir como instrumento de medida del valor. Es cierto que no sólo es el dinero o la riqueza la forma de retribuir, también se retribuye con cantidad de poder (que no es otra cosa más que dominar más y mejor) y también con el reconocimiento social a través de honores o títulos de reconocimiento. Pero también el poder y los honores pueden traducirse en términos de dinero o riqueza, con lo cual podemos generalizar diciendo que se retribuye con “dinero” presente o futuro el comportamiento de las personas. El disfrute de un Mercedes vale más que la producción de 2,91 profesores de instituto, que es lo que le cuesta a la sociedad disponer de personal adecuado para esa función (doce años de salario mínimo desempeñando la función docente por cada profesor). La retribución del Mercedes proviene del gasto de una renta equivalente al importe de casi tres profesores. La utilidad para la sociedad del Mercedes es mínima, la de 3 profesores es incalculable: pero eso es según mi criterio y seguro que el de Jesús, pero no según el criterio de la ética de la sociedad en la que vivimos que retribuye según otros criterios y otros valores.

Bueno creo que de momento vale por hoy: la ética establece la escala de valores, valora los comportamientos y lo hace en función de cómo los retribuye.

Miguel Ángel Ramos          

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