El valor de las palabras

Estimado amigo Miguel Ángel, he leído tu “En respuesta a una invitación” y me ha gustado la gallardía que muestras ante una inesperada situación cuyo contenido aún no conoces, mejor dicho aún no conocemos, cada uno conoce su bagaje intelectual  y sabrá cómo plantear las estrategias para sin  devaluar los ideales de toda una vida, poder al propio tiempo aceptar las realidades que otros sabrán exponer con toda seguridad.

Sin pasar del primer párrafo, siento estar en desacuerdo contigo en lo que se refiere a tu idea de que las palabras y los conceptos se devalúan. No es la primera vez que lo capto en medios intelectuales de solvencia y sin embargo no puedo aceptarlo. Las palabras y los conceptos compuestos por ellas podrán ser adecuados o no al tema que se refieran, pero su significado continuará siendo el mismo que hace 500 años cuando, por cierto, las cosas no eran mejor que ahora, al menos en nuestro país. Lo que cambia es el comportamiento de las personas y por ende de la sociedad que conforman. La ética es el instrumento que la filosofía utiliza para medir el comportamiento de los individuos y por elevación, de la sociedad.

Cuando una persona, político o no, trata con palabras de encomio su propia actividad y de desprecio la actividad de otros, no está devaluando las palabras que emplea, si no que simplemente las utiliza como instrumentos para críticas favorables o desfavorables a los individuos a las que se refiere y el valor que tengan aquellas palabras siempre será el mismo, lo que no será igual, en función de la verdad, de la intención y de la oportunidad, será el carácter ético del individuo que las emplea.

Sobre un asunto tan abstracto e intangible como es la gramática, me gusta soportar los conceptos más complejos, porque es una forma de acercar con un mínimo de ambigüedad y al mismo tiempo de impersonalidad, cualquier desacuerdo que de otra forma podría rozar el amor propio del antagonista. Sobre todo si es un buen amigo.

Yo no estoy tan seguro como tu, de que la corrupción sea consecuencia del mal uso que los ciudadanos hacemos de nuestro voto electoral, porque parto de la base de que la sociedad en su conjunto tiene una tendencia bonancible a pesar de que se componga del elemento natural que es el ser humano con toda su “condición”, en el sentido que le daba al adjetivo Graham Greene. Mas acertado sería, a mi modo de ver, que los adjetivos, substantivos y substantivos adjetivados fueran  personalmente adjudicados al corrupto directamente, sin integrar a la sociedad en el concepto, aunque estemos de acuerdo en que el materialismo y el egoísmo se han asentado en ella fuertemente. Por otra parte, tambien tu estás casi convencido  de lo que quiero decir, cuando en el cuarto párrafo de tu  estupendo artículo señalas como ejemplos a algunas jerarquías, grupos sociales y hasta profesionales, que por su forma de señalarlas las configuras como puras excepciones de la sociedad en la que todos estamos inmersos.

 RGH

 

 

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