No vamos a perder la esperanza

Los resultados de las elecciones europeas evidencian la urgente necesidad de ajustar los mecanismos de comunicación de la partido socialista, como de la estructura organizativa, lo que, pese a las conclusiones congresuales, no se ha puesto en marcha.

La extrapolación directa del resultado de las urnas a unas hipotéticas elecciones generales no es más que un juego de manipulación mediática tanto más realzada cuanto mayor es el alejamiento político del proponente respecto del gobierno actual. Sin embargo, la estética de algunos resultados regionales, como es el caso de Madrid, refuerzan el desasosiego de los votantes, simpatizantes y responsables políticos.

Desde mayo de 2003 el partido socialista en Madrid no ha dejado de perder capacidad organizativa y confianza entre los ciudadanos. La falta de coraje a la hora de aclarar la crisis del tamayazo ha colocado esta organización en una pendiente de la que no se ha sabido salir. Seis años sin afrontar aquel fiasco son una barbaridad, máxime cuando enfrente, pese a sus chusqueros y cutres, hay una organización al servicio de un negocio, bajo el amparo de unas siglas políticas y las formas institucionales obligadas. A veces ni esto último les importa desde su prepotencia y afán mercantilista.

Los resultados obtenidos no son imputables directamente a esta ejecutiva regional. En un contexto económico como el actual y  una campaña electoral de responsabilidad federal  manifiestamente mejorable podían, con seguridad, afectar más a zonas especialmente sensibles del electorado de la derecha. Es posible que la acción de la justicia, si se le acompaña de una eficaz crítica, rinda resultados en un tiempo futuro. Los cambios profundos necesitan mucho tiempo. Cambiar el paso a un porcentaje de votantes suficiente en Madrid es cosa de mucha paciencia y trabajo en la buena línea.

El congreso extraordinario tras el resultado de 2007, como el ordinario de septiembre pasado hubiera tenido similar resultado con otras figuras con igual proyección mediática y apoyo orgánico. La militancia respondió en aquellas circunstancias con la generosidad histórica que la caracteriza, arropando y ofreciéndose para esa nueva etapa. Cualquiera con un poco de experiencia y presencia hubiera comprobado que aquello tampoco supuso un cheque en blanco, sino un compromiso con un proyecto que debiera ir aflorando desde esos momentos.

Desde que asumieron su responsabilidad la dirección socialista  madrileña no parece haber acertado con el rumbo y la intensidad precisos. Tiempo ha habido para haber podido evitar, en caso de un resultado electoral no favorable, una situación como tenemos en los medios, un grupo parlamentario dividido, como en otros municipios, reclamándose actuaciones tan obvias como frustrantes y añejas.

Algunos podrán pensar ya en el 2015. Esperemos que para entonces haya vida en la tierra. No vamos a perder la esperanza, ni a dejar de trabajar en el proyecto que necesitan los ciudadanos de esta comunidad.

LCH

 

 

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