La mentira como estandarte

Desde la «República» de Platón al «Príncipe» de Maquiavelo la reflexión política no tuvo cautela en abordar explícitamente cómo ocultar la verdad al pueblo, al tiempo que discutía la vía más idónea para proveerle las necesarias y suficientes saludables falsedades, so pretexto de capacitarlo para la armoniosa convivencia y la fraternal gobernabilidad. Mas, con el advenimiento del paradigma histórico revolucionario francés, dicha pretensión debió afrontarse con más tiempo y reparo por cuantos en la teoría política han sido, Montesquieu, Marx y compañía. Hasta que en fechas bien recientes parece haberse diluido, más que resuelto, dicha incógnita, por haber desaparecido en el pueblo todo curioso apetito por la verdad. Acaso entonces la mencionada tradición estuviera en lo cierto, y éste no tuviera derecho alguno a saber la verdad política que le gobierna y le baste con que se le conduzca como al ganado.

De entre las distintas definiciones que conocemos de «política», la más citada es aquélla que nos la presenta como «EL ARTE DE LO POSIBLE». Y es posible que sea un arte, y ¡hasta una ciencia!, pero, de serlo, lo sería de la mentira, que si bien es cierto que no es el único que miente, a buen seguro es el que más empeño pone en ello. Aquí donde la tienen, nada es más ajeno a la democracia que un partido político, y nada le es más propio a un partido político que la mentira. En consecuencia, es nuestra cívica obligación interesarnos por este sofisticado arte del disimulo público al objeto de apreciar en sus detalles la ya habitual trifulca a la que nos tiene acostumbrados.

Quiénes de entre nuestros políticos mienten mejor: si los unos, los otros o los egresados. Asunto en el que confiesa sus limitaciones y no ser capaz de dilucidar dada la enorme competencia y paridad que muestran, pues si uno se adelanta en razón, el otro le aventaja en demagogia, si aquel parece hábil en la propaganda éste no le anda a la zaga en manejo. Cuando los políticos que ostentan el poder hacen oídos sordos a la calma y la democracia, se dejan arrastrar por su orgullo o sentimientos encontrados, más que dejarse guiar por los intereses comunes que comparten, así sucede lo que ocurre: que el pueblo no se entera del cabalístico abecedario oscurantista que secretamente manejan los que ostentan el poder.

En aras de evitar en lo posible semejantes males e imprevistos, haríamos bien en seguir en adelante el consejo de Arbuthnot de elevar «El arte de la mentira política» a la categoría de sistema para no dejar confiado al personal talento o capricho del político de turno tan menesteroso quehacer. A tal fin propone crear una gran «SOCIEDAD DE MENTIROSOS», algo así como una comisión constituida por los portavoces y jefes de partido con representación, cuya función consistirá en velar por la capacidad de sus correligionarios en el manejo DEL ARTE DE MENTIR, impidiendo el acceso a sus filas a cuantos fueran sospechosos de sinceridad. A este respecto, al Partido Popular se le reconoce notablemente que ha hecho mejor los deberes que el Partido Socialista y los endosados, pues no hay comparación entre la improvisación y astucia de Doña Pilar, con el trabado concienzudo de D. Luís y Dª Teresa, el pronto, bien estructurado, de Dª Carmen, y…. Nunca he tenido demasiado claro el posicionamiento político del otro grupo que se autodenomina progresista. Entiéndase esta apreciación, posiblemente inexacta, con mi mayor respeto a sus votantes.

Así, en opinión de Arburthnot, la sociedad de mentirosos habrá de dotarse de una pertinaz camarilla mediática acolita, bien instruida y adoctrinada en el arte de la mentira en pos de no descuidar la democratización de la falsedad acuñada por ellos, para que de modo ágil circule entre el pueblo, para que entre unos y otros, con la siempre inestimable ayuda de las ingenuas y crédulas bases populares, dichos embustes se desprendan de todo su artificio y se presenten ante el municipio con ese imprescindible halo de verosimilitud que requiere la mentira para triunfar en el fugaz instante que le otorga eficiente ventaja de votos ante la verdad. (En este punto también pido mis perdones al votante)

Arbuthnot y Swift, vienen a decir que, aunque la mentira política puede nacer de muchas fuentes, las más de las veces éstas tienen su apogeo en momentos de zozobra en las cabezas de políticos enojados y rendidos y en las que deposita su entera frustrada confianza, empeñando con ello su personal prestigio y profesional futuro, cosa que nunca se ha de hacer, pues la naturaleza de la mentira política por antonomasia ha de ser mudable, efímera y de ambigua polivalencia para poderse ir acomodando a todo tiempo y circunstancia. Por idéntico motivo tampoco es recomendable insistir demasiado en una misma mentira, si es que ésta ya ha cumplido su cometido de sembrar duda y confusión, pues se arriesga uno a creerse sus propias mentiras, condición ésta de engañado que le inhabilitaría al propio político para ejercer como tal, pues difícilmente podrá ocultar verdad alguna aquél que la desconoce o que se ha olvidado de ella.
No obstante, aun cuando fuera el caso de que el gobierno municipal se hubiera llegado a creer el ingente caudal retórico de sofismas y falsedades que ha sido capaz de proferir
de un tiempo a esta parte, dado el bajo nivel formativo y cultural del que hace gala nuestra clase política, y a tenor de la no ya cilíndrica, sino esférica idiosincrasia histórica de nuestro pueblo, es posible que al del PP y sus secuaces les baste con leer «El arte de humillar» de Schopenhauer. (Excluir a D. Andrés… y a quien se lo merezca)
John Arbuthnot (29 de abril 1667, Inverbervie – 27 de febrero, 1735, Londres) fue un médico, matemático y escritor satírico escocés. Sus mordaces escritos contienen cierta alegoría política, como The History of John Bull de 1712, que instauró al personaje John Bull como una personificación nacional de Inglaterra.
Jonathan Swift (Dublín, 30 de noviembre de 1667 – íd., 19 de octubre de 1745) fue un escritor satírico irlandés. Su obra principal es Los viajes de Gulliver que constituye una de las críticas más amargas que se han escrito contra la sociedad y la condición humana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s