Me da vergüenza, mucha vergüenza

El trabajo de Rafael sobre la coherencia política y mi situación anímica me han impulsado a dar otra vuelta de tuerca a la conciencia de buena voluntad con el convencimiento que tanto Rafael, como otros “cocodrileros”, completareis su contenido. Precisamente por ser conscientes de tanto ver triunfar las insignificancias, de tanto ver prosperar la deshonra, de tanto ver crecer la injusticia, de tanto ver agigantarse los poderes en las manos de los corruptos, el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra, a tener vergüenza de la honestidad…. Personas que se dejan llevar por la opinión de la mayoría, se enredan en la falta de vergüenza con la justificación de que “todo el mundo lo hace”.

Si viera cómo la avaricia nos vuelve crueles y ambiciosos, si viese cómo nuestra especie está destruyendo el único planeta que nos cobija, si viera cómo los niños se mueren de hambre en los países pobres mientras sus riquezas naturales son fagocitadas por los ricos, si viera cómo hay niños soldados matándose en guerras promovidas por multinacionales, si viera cómo la gente se muere de sida porque las grandes compañías farmacéuticas no quieren dar sus patentes a los gobiernos que no pueden pagarlas, si viera como me preocupa los kilos de más que tengo sobre mi cuerpo por el sobre consumo de comida mientras hay niños que se mueren de hambre, si viera a ciertos machos irredentos torturar y matar a sus mujeres para poder seguir siendo el “jefe”, si viera a los aprovechados comerciar con el miedo a la muerte mediante falsos remedios mágicos o místicos, si viese cómo ciertos economistas planifican el lucro propio y la miseria ajena, y militares falsamente patriotas aplastan a los desgraciados para mantener los privilegios de los poderosos, y si viese a la gente mirar para otro lado ante la desgracia ajena, me daría vergüenza, mucha vergüenza reflexionar sobre la actual situación de nuestra sociedad.

Ese es un lamentable equívoco, fácil de percibir con algunas reflexiones. Considera que eres un espíritu libre e independiente, que sobrevive a la muerte del cuerpo físico, y que recibirá de las ideas de la vida, conforme sus obras. Considera, aun, que llegaste al mundo solo, y solo volverás, cuando sea tu hora. Eres, solamente tú, responderás por tus acciones, nadie más. Incluso aunque “todo el mundo lo haga”, cada uno será responsable, individualmente, delante de la propia conciencia. De esa forma, no permitas que esa onda de falta de honestidad y corrupción te arrastre también al lodazal. Acuérdate de que delante de tu conciencia estarás siempre solo, sin testimonio de defensa, a no ser sus actos nobles. No vale la pena abrir la mano del único patrimonio que realmente te pertenece, que es la honradez, por algún dinero o beneficio oscuro, que tendrás que dejar en la aduana del túmulo. La dignidad es el patrimonio más valioso que alguien puede tener.

No lo desperdicies con cosas efímeras que pertenecen a la tierra. Y lo que es más interesante, es que hasta las personas deshonestas cuentan con personas dignas, en quien puedan confiar… ¡Extraña paradoja!
Por más que se diga que la falta de honestidad está en alza, hemos visto verdaderos imperios desmoronarse por causa de la falta de ética. Hemos visto empresas e instituciones de prestigio, bancos sólidos, viniéndose abajo por forjar resultados, defraudar documentos, engañar, extorsionar…
Empresas que no trabajaban con la transparencia están perdiendo a sus inversores, que prefieren apostar en una relación de confianza. Se puede percibir que en el medio económico la confianza aún es el capital que más atrae y multiplica el dinero. Nadie, en sana conciencia, invierte en instituciones o empresas en las cuales no confía.
Y es importante recordar que las empresas son dirigidas por personas. Y son las personas las que dan fiabilidad o no a los negocios. Por tanto, es siempre el individuo el portador de los valores morales capaces de generar confianza, la única base capaz de sustentar tanto los negocios como la amistad. Sin duda esas reflexiones son oportunas y deben hacernos pensar al respecto.

Al final, si la falta de honestidad se vuelve regla general de conducta, ¿qué será de nuestra sociedad? Por tanto, vergüenza de ser honestos: ¡jamás! piensa en eso, y no contribuyas para turbar el lago de la esperanza con el detritus de la falta de honestidad.
Intentad ser felices
J.G.M.

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