¿Cómo atender la demanda social sin subir los impuestos?

Esta es una pregunta que deberían contestar aquellos que están empeñados en la reducción de impuestos y cargas de tipo social, como la cuota empresarial a la Seguridad Social, la indemnización por despido improcedente, la calificación judicial de la procedencia o improcedencia del despido, etc. Insisto en que aquellos deben contestar la pregunta porque sus demandas no son comprensibles para los trabajadores y estos son más de 18 millones de personas.

La crisis ha producido una competencia de precios a la baja de productos en los mercados, que para aquellos que conservan sus empleos y por lo tanto sus salarios, no solo no ha perjudicado su capacidad de consumo, si no que la ha aumentado, estableciendo un abismo insalvable en la capacidad adquisitiva entre esa situación y la de los parados, en las que debe añadirse también a los pensionistas, cuya renta no ha disminuido. Pero aún hay otros en peores circunstancias, que ya el Gobierno ha tenido en cuenta, que son los parados a los que ya les ha vencido el plazo de cobertura del subsidio de paro.

Los empresarios, no todos, es verdad, piden ventajas en momentos en que lo que demanda la sociedad son soluciones. La creación de empleo corresponde a los empresarios; pero estos no podrán crearlo mientras no vean la seguridad de que los productos y servicios que fabrican y prestan no tengan una demanda en la que consideren posible obtener una participación suficiente del sector al que pertenecen. Parece una pescadilla que se muerde la cola, pero no es tan cerrada la situación. Las estadísticas nos ilustran sobre la composición de la sociedad dentro de la crisis: hay dos millones y medio de parados más que cuando empezó esta, pero hay 18 millones de trabajadores en activo cuyo poder adquisitivo ha aumentado en una proporción considerable, podría decirse que cerca del 10%, con las bajas de los precios. Este sector beneficiado ha estado sin gastar más dinero de lo habitual, unos porque no lo han considerado necesario para su vida y otros por temor a perder su trabajo; en estos momentos se está recuperando la confianza en la conservación del puesto de trabajo y se va notando una mayor participación en el consumo y, de seguir así, en breve nos vamos a encontrar en un nivel de consumo similar al que había antes de la crisis, pero en el que no van a participar por el momento los parados, ya que estos seguirán en su situación actual hasta que el empresariado bajo el empuje de la demanda de productos y servicios vayan solicitando más empleados. Esta es otra pescadilla que también se muerde la cola, pero en sentido positivo. A mayor demanda mayor creación de empleo.

Los empresarios se preguntan, ¿Cómo van a tomar más trabajadores con los mismos parámetros, que en caso de nuevo despido tanto dinero les iba a costar? Antes de una nueva crisis siempre hay un ciclo favorable del que se obtienen beneficios abundantes, sobre todo en las empresas bien dirigidas. Cuando se llegue a situaciones de prosperidad sería un buen momento para pactar entre empresarios y trabajadores nuevas políticas de empleo. Será momento para mejorar el sistema de la Seguridad Social y el momento para mejorar los niveles de salarios que permitan una mayor participación de los trabajadores en la financiación de su Seguridad Social y una reducción de las cuotas empresariales. Pero no será posible una cosa sin la otra.

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