Entre lo racional y lo razonable

Del Pleno municipal del día 15 de octubre de 2009 pude obtener una conclusión meridianamente clara. Por el bien de los ciudadanos de Valdemorillo, la señora Alcaldesa no debe salir reelegida nuevamente como responsable de la gestión municipal. Los grupos de la oposición han de tener generosidad y obligación histórica, para con el pueblo, buscando soluciones de conciliación más cerca de lo razonable que de lo racional.  Me explico.

John Rawls, filósofo estadounidense, profesor de filosofía política en la Universidad Harvard y autor de “Teoría de la Justicia 1971” y “Liberalismo Político 1993”, distinguió racionalidad de razonabilidad. Lo racional es el egoísmo individual ideológico, aquello que nosotros preferimos teniendo en cuenta nuestra conveniencia y aquello que deseamos maximizar en beneficio propio. Lo razonable es tener presente el interés ajeno en nuestras consideraciones y buscar la cooperación, la mutua reciprocidad aún a expensas de los intereses individuales. Sin el concurso de ambos principios no puede darse una cooperación estable y beneficiosa para el interés social. Si no conocemos nuestra posición, intentaremos formular reglas de juego imparciales, pues esas reglas maximizaran el beneficio del conjunto, y el propio.

Hagamos el esfuerzo de discutir sobre un régimen de incompatibilidades pretendiendo que no sabemos. Que no estamos al corriente que es lo que nos perjudica o nos beneficia individualmente. ¿No desearíamos unas reglas de juego que nos otorguen el conjunto más extenso de derechos y beneficios compatible con la atribución a todos de ese mismo conjunto de derechos y beneficios?

Voy a poner un ejemplo tan simple como  ilustrativo.Tres jugadores se reúnen para diseñar las reglas de un nuevo juego. El jugador A mide 2.15 m., propone: que las anotaciones deben realizarse en un aro emplazado a 3 m de altura. El Jugador B es muy hábil con los pies, propone: que el balón no debe ser tocado con las manos. El jugador C es fuerte y recio, propone: que no debe haber limitaciones al contacto físico.

El resultado es un juego en el cual debe intentarse introducir el balón con el pie en un aro a 3 m de altura mientras los otros jugadores usan nuestro cuerpo como una bolsa de arena. Sin dudas es un juego atractivo para el espectador, impregnado de una racionalidad irrefutable dado que cada jugador propuso reglas que maximizaran sus capacidades personales. Sin embargo es un juego donde con toda probabilidad los jugadores sean lesionados habitualmente y donde marcar un tanto resulte un acontecimiento excepcional. ¿Es ese un juego razonable? ¿Verdad que no? Sin embargo se consensuaron los intereses racionales individuales.
Sostener nuestros auto intereses, blindar nuestras particulares posiciones, intentar consolidar y elevar nuestra potencia implica un discurso y una practica racional. ¿Quien, en buen uso de sus facultades mentales, no desearía maximizar sus beneficios?

Tales impulsos son racionales, propios de nuestras subjetividades. Sin embargo el asunto se vuelve un poco mas complicado a la hora de conjugar los intereses particulares con los de los colectivos políticos a los cuales pertenecen cada uno de los grupos en la oposición. Posiblemente nuestras posiciones entren en conflicto con las del resto, probablemente otras subjetividades intenten potenciar sus propios auto intereses, y quizás el resultado final de la disputa, una disputa en la que cada cual atienda a su juego, se resuelva en función de factores que no tengan como horizonte soluciones razonablemente justas.
El conflicto entonces se resolverá de acuerdo a otras variables. Correlaciones de fuerzas, dinámicas institucionales, estrategias políticas, acuerdos tácticos.

Cada cual habrá actuado de acuerdo a su propia racionalidad y le tocará mejor o peor suerte. Un Juego en el cual las reglas se fijen de acuerdo al interés individual de cada persona quizás resulte atractivo, pero difícilmente resulte razonable. Las reglas de un juego tal, difícilmente sean imparciales.

¿La justicia es imparcialidad? Debería serlo, al menos en términos de la justicia ideal. Un ideal de justicia como imparcialidad nos remite a unas reglas de juego que no favorezcan a ningún jugador en particular. Para lograr ese tipo de justicia los jugadores deberían desconocer si son altos, hábiles con los pies, o fuertes y robustos. El modelo es ideal y, podríamos decir, impracticable. Pero si coincidimos con esto, deberíamos coincidir en que las reglas de juego se acerquen lo más posible a ese ideal.
¿No seria esto justo y razonable?

Lo razonable y no lo racional es lo que Valdemorillo necesita para poner en claro muchas cosas. Debo confesar que no tengo absolutamente nada personal contra el actual consistorio, es mas sintonizo perfectamente a nivel humano, pero me parece “razonable”, que no “racional”, que se produzca un cambio necesario en la forma y en el fondo de gestionar, para propiciar mayor transparencia y otro talante democrático.

JGM.

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