Política, gestión y participación

Si hay un espacio donde la política es imprescindible es el municipal. Es el ámbito en el que cabe la posibilidad de involucrar progresivamente a los ciudadanos en la definición de las prioridades y la asignación de recursos disponibles en la solución de problemas y la prestación de servicios. Claro que esta  es una definición política de cómo es posible alcanzar mejores resultados en aspectos concretos, a la vez que la convivencia se amplia en el ejercicio democrático y participativo de cambio del concepto de poder.

Hoy asistimos atentos al concierto de lamentos por la situación en que se encuentran los ayuntamientos. Se repite por radios, televisiones y papeles que no tienen un euro, que están en bancarrota. Deben al estado cerca de 2500 millones y el año próximo recibirán 1100 millones menos. Las perspectivas de los ayuntamientos son duras, pues no se pueden dejar de prestar servicios esenciales, que, por otra parte, tampoco son responsabilidad municipal. Las causas de esta preocupante situación es prorrateable a las tres administraciones, a sus sucesivos responsables, incapaces de haber acordado la adecuación de la administración local, su financiación y el control de la gestión, la propia municipal y de las que la solapan, la autonómica y la central. El papel del Tribunal de Cuentas y de las Cámaras de Cuentas es digno de un estudio específico por su evidente inutilidad en la clarificación de las actuaciones en cientos de ayuntamientos, año tras año.

La FEMP se ha demostrado como una organización incapaz de aglutinar una propuesta en tiempo y forma que consiguiera acercar y negociar ni al gobierno de la nación, ni a las comunidades autónomas. Tampoco ha sido capaz de identificar el virus de la corrupción emboscada en cargos y sillones conocidos. Clamorosa coincidencia la habida entre los munícipes del estado en sus provincias  con el brutal incremento de las valoraciones catastrales, ocultadas al debate municipal y conocido por los vecinos de cada lugar al recibo de las notificaciones, que, por regla general, incluyen errores muy significativos en las mediciones, lo que supone otro  importante asalto a las economías familiares.

Para el ciudadano normal es muy difícil comprender estos procesos y mas el oponerse eficazmente a ello. Hace falta, en esta cuestión como en otras, que desde el ayuntamiento de turno, desde los grupos municipales y los partidos políticos, alguien explique y ayude a los vecinos sobre lo que significa, y por que hay que oponerse a aceptarlo. La realidad es que, de forma silenciosa, aplicando la filosofía de los cartells o clanes se ha puesto un vigor una subida del IBI monstruosa. Esto no lo reconocen como subida de la presión fiscal los mas de los que hablan. Otros que deberían posicionarse callan al respecto y se jalean pidiendo soluciones al gobierno ahora que se ha desmoronado el tinglado del urbanismo salvaje. Han sobrado gestores de la abundancia fácil, del beneficio sin proyección municipal y en demasiadas veces ilegal y corrupto. La omisión de la labor de control hace cómplices morales, cuando menos, en muchos lugares a quienes no han cumplido con su obligación de control en la oposición. Unos deberán cumplir con las responsabilidades legales, Otros deberían irse a casa por incompetentes políticos.

La gestión política municipal requiere de mujeres y de hombres con criterio, con valores y capacidad para acometer procesos en los que no puedan quedar relegados los vecinos, los ciudadanos organizados o con su personal iniciativa. ¿Cómo afrontar esto con el desmantelamiento de los partidos políticos en los municipios y barrios? La práctica política basada exclusivamente en la imagen y proyección electoral en los medios  es una apuesta por la quiebra social definitiva.  Los municipios y los distritos de nuestras ciudades precisan de  gobernantes y oposición  con criterios políticos, rigor en la gestión y abiertos a la  participación ciudadana. Todo dentro de una definitiva ubicación de los municipios en un nuevo ordenamiento administrativo y legislativo.

La crisis económica va a someter a una dura prueba los ámbitos municipales y  la convivencia directa. Gestionar acertadamente las tensiones que sobrevengan es política, como hablar de ello, sea cual sea el criterio que se exponga. La política es el antídoto frente a la corrupción.

LCH

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