Saber distinguir ¿Verdadero o falso?

El Discurso del Método de Descartes nos invita a la reflexión para no sentirse engañado y otros sigan creyendo en nuestra ingenuidad maléfica.

“La facultad de juzgar bien y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos “buen sentido” o “razón”, es por naturaleza igual en todos los hombres; por lo tanto, la diversidad de nuestras opiniones no procede de que unos sean más racionales que otros, sino tan solo de que dirigimos nuestros pensamientos por caminos distintos, y no consideramos las mismas cosas. No basta tener un buen entendimiento: lo principal es aplicarlo bien”.

Desde hace tiempo me he dando cuenta que vengo admitiendo como verdaderas opiniones falsas y que todo lo que después se ha ido edificando es incierto e inestable. Por tal razón es preciso deshacerme de todos los acuerdos a que había dado crédito y empezar de nuevo. Las Entidades de Conservación constituyen, en su esencia, el producto de interpretación más perverso de la norma. Esta situación forzadamente ambigua se perpetúa sin un contenido legal sostenible. Así, podríamos derivar al control general de las aguas, electricidad, mantenimiento vial…etc. Si la justificación de razón es económica debe manifestarse como tal, sin alegatos de fundamento turbio.

La duda metódica, que no es una simple duda, tampoco debe relacionarse con la duda estéril del escéptico, lo grave es que esta duda, por omisión, no sea compartida por una parte de la oposición. El radicalismo pretende alcanzar un saber absolutamente cierto cuya verdad sea tan firme que esté más allá de toda duda. En aparente paradoja parte de la duda emprende el camino de la vacilación porque lo considera la vía más segura de encontrar algo absolutamente tangible. La duda metódica emplea instrumentos para conocer la verdad que únicamente he encontrado en el grupo socialista con el trabajo y la razón, pero sin el apoyo necesario de los otos grupos de la oposición, que, al parecer, no se dedican a conseguir su razón de estar. Por encima y separadamente de sus votantes que no deben exigirles nada, posiblemente no existan por ser el efecto de una coyuntura temporal.

Los sentidos a menudo nos conducen a error y es prudente no confiar en aquellos que alguna vez nos han engañado. Efectivamente, si alguien falta a su palabra alguna vez, sería necio fiarse de su promesa en el futuro: la única actitud prudente es desconfiar de su mensaje. Del mismo modo, si nuestros sentidos nos han demostrado tantas veces que no son fiables, ¿por qué habríamos de creer en la información que ellos nos suministran? La mentira es sinrazón que termina “asomando las orejas” para aquellas personas buscadoras de la verdad.

Hasta en las matemáticas (la más racional de las ciencias) habría posibilidad de equivocarse incluso en operaciones sencillas. Por lo tanto, cabe la contingencia, aunque sea pequeña, de que todos los argumentos racionales sean falaces y de que todo conocimiento racional sea falso. Luís Herranz (don erré que erré), manifiesta su conocimiento posiblemente desprovisto de mentalidad política, entendiendo la política con sentido peyorativo, pero con sensatez matemática capaz de desmontar una contabilidad manipulada con el objeto que no se refleje la cruda realidad. En actuaciones así hay dolo y consecuencias económicas negativas que se plasmarán en una subida muy importante de impuestos.

El interventor accidental es una pieza clave de todo lo que está pasando en el Ayuntamiento, permite a la señora alcaldesa actuar de la forma que lo hace. Su sueldo de mal contable y su docilidad interesada asiente que el poder municipal siga actuando erráticamente. En estos momentos una Intervención Oficial de Carrera, como debiera ser obligatorio, pondría en claro la realidad registrable del Consistorio, para tranquilidad de los vecinos preocupados con el escenario económico del pueblo.

 Cogito, ergo sum, pienso, luego soy, y tengo el valor de decir que las más extravagantes suposiciones de los escépticos políticos no son capaces de conmoverla. Discurso del Método de Descartes. En efecto, aunque pudiese suponerse aún que el “genio maligno” existirá y ejerciera su maléfico poder sobre la capacidad de pensar, uno mismo debería existir puesto que de lo contrario no se podría ser engañado por otros. …Uff, que alivio

“No cabe, pues, duda alguna de que yo soy, puesto que me engañan y, por mucho que me engañen, nunca conseguirán hacer que yo sea nada, mientras yo esté pensando que soy algo. De suerte que, habiéndolo pensado bien y habiendo examinado cuidadosamente todo, hay que concluir por último y tener por constante que la proposición siguiente: “yo soy, luego existo”, es necesariamente verdadera mientras que la estoy pronunciando o concibiendo en mi espíritu”. Descartes

El modo en que Descartes enuncia su principio, pienso, luego soy, podría sugerir que se trata de un conocimiento discursivo o de un silogismo abreviado, cuya fórmula completa sería: Todos los entes que piensan, son. Termino con esta idea, es más que suficiente para no sentirse sistemáticamente engañado, aunque lo disimulemos para que acosen creyendo en nuestra ingenuidad de ciudadanos vulgares inmoderadamente cabreados y  poder pensar que: todos los que no piensan no existen, simplemente pasan.

JGM.

 

Ver documentos:

Castillo de Malpica Villafranca del Castilo

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