Hay que refundar una nueva izquierda mucho más social

Cada vez que oigo hablar de refundar, regenerar, modernizar y otros verbos que ahora no me vienen a la memoria, siempre en infinitivo, me da la impresión como si la buena fe del proponente se estuviera debatiendo en un mar de dudas sobre el fundamento de certezas de otro. Estamos efectivamente combatiendo el neo liberalismo, con más liberalismo, en un campo de juego como la Unión Europea, que ni hay unión ni proyecto político serio para conseguirlo.  Nos estamos debatiendo en mar arbolado, con un pilotaje impropio del destartalado navío que nos lleva.  ¿Hasta cuando nos llevará? Y sobre todo ¿Adonde nos llevará?

No vale que cada seis meses venga un nuevo piloto para conducir un barco que no responde a los mandos de su propio timón. Cada uno vendrá a deshacer y reformar lo que hizo el anterior, pero si no se moderniza un navío que se hizo con un fin determinado y se quiere utilizar para otro fin, los intentos de reforma serán inútiles.

El Mercado Común Europeo se creó por eminentes políticos con dos propósitos concretos y diferentes entre sí, que resultaron todo un éxito hasta llegar a reunir 15 estados. La primera meta que movió a los europeos fue conseguir que comenzaran a funcionar los mercados después de la guerra mundial, esto se consiguió gracias a la ayuda financiera del Plan Marshall, y EE.UU. consiguió lo que se propuso, ampliar sus mercados en Europa para promover un crecimiento extraordinario de su economía y dar trabajo a los millones de trabajadores que lo habían perdido al terminar los contratos de armamento y bagajes, con el fin de la guerra. En Europa las cosas no marcharon mal para los que habían perdido la guerra, estaban arruinados y el apoyo financiero aceleró la reindustrialización de los países más perjudicados, Alemania, Italia, Francia, Bélgica, Holanda e Inglaterra.

Después del éxito obtenido con el Plan Marshall, que era una repetición del que diseñó Keynes  para la recuperación de la primera guerra mundial, se dio un paso más, legislando en común, la libre circulación de capitales, para llegar por fin a la moneda única,   pero el liberalismo no llegó nunca a que hubiera también libre circulación de los ciudadanos europeos y por lo tanto a la fundación de una federación de estados similar a la de los EE.UU., porque a este último país nunca le convino una competencia tan extraordinaria como podría hacerle una Europa unida.  En esto estamos; y una pieza importante en el atasco, es la posición política pro americana de la Gran Bretaña, que trabaja en contra de la Gran Europa ¡Y vaya si lo consigue!

Ahora estamos viviendo la mayor crisis que la gente de mi edad ha conocido, incluida la  post guerra española, por eso estoy frontalmente en contra de refundaciones, no es el momento, pero sí lo es para  continuar la pequeña lucha en la que estamos contra la corrupción política que se observa por parte de algunos sectores importantes de los partidos. Hay que seguir contando a los ciudadanos el daño que los culpables hacen continuamente a  la democracia, unos por intereses personales y otros además, por su incompatibilidad con ella. Necesitamos, como respirar, la democracia, sea de derechas o de izquierdas, pero con políticos limpios de corrupción y alejados de las ambiciones imposibles. Siempre que hablamos de la política grande, global, debemos  estar pensando en que la reparación de los problemas locales y regionales, pueden ser nuestra pequeña contribución a las soluciones del mundo.

RGH

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