Para gobernar hay que saber aprovecharsede los vicios de los hombres, no de sus virtudes (Napoleón )

La idea del mal gobernante se basa en el principio del olvido. “Promete y promete que luego el engañado no recuerda lo ofrecido”. Ese comportamiento perverso tropieza con las huellas que el la gobernante mentiroso ha plasmado por escrito. Álvaro, nuestro periodista de cabecera, ya ha dado cuenta de las algunas promesas incumplidas marcadas en letra impresa.

El filósofo Kant en su Imperativo Categórico, principio fundamental donde derivan todos nuestros deberes, establece que mentir sistemáticamente, acarrearía desconfianza entre las personas que viven en sociedad: la confianza es primordial para constituir vínculos entre personas. Los “Imperativos Hipotéticos” de la verdad no deben depender de lo que se quiera, sino de lo que debe ser según nuestra razón.

La verdad está devaluada y los ciudadanos debemos exigirla como un derecho. La Alcaldesa sabe que miente, sus concejales/as conociendo que miente otorgan, los ciudadanos/as sabemos que nos están engañando y ellos/as saben que nosotros/as sabemos que nos siguen mintiendo. Sin embargo, estas estériles ceremonias se repiten puntualmente durante los meses previos a todas las citas electorales y en otros momentos delicados de gobierno cuando se tropieza con la incapacidad resolutiva.

Resulta inevitable preguntarse por la utilidad de esta peculiar fórmula de timo político. Los hipotéticos efectos positivos de estas burdas maniobras se ven anulados de inmediato por el cabreo de todas aquellas personas que descubrimos el truco. A pesar de eso, nuestros malos gobernantes no dejan pasar unas elecciones sin intentar colarle a la opinión pública un par de docena de milongas de este tipo.

No sería exagerado afirmar que lo único que se consigue con estas fullerías es un efecto rebote. La devaluación de la verdad ha llegado hasta tal punto, que la gente ya no se cree ni las inauguraciones auténticas les parece un montaje de photoshop y acaba poniendo en duda hasta el último gesto de un político, eso es muy malo para todos; es absolutamente perverso y nos cobra unas facturas económicas y morales  que no debemos tolerar.

Por eso cuando un político manifiesta coherencia y verdad en sus actuaciones me agarro a él para aferrar mi propia percepción de la vida política. Con la ingenuidad de un niño considero que el poder no debe hacerlo cambiar. Yo ya he conocido a ese político y mientras no me defraude estaré apoyándole. Aquellos que conocemos un poco los entresijos políticos del pueblo sabemos que se llama. LUÍS HERRANZ. Y es actualmente concejal por el PSOE. Es una persona de honestidad probada y conocimiento sobrado para poder dirigir este pueblo sin marrullerías, mentiras, tapujos…etc. Además sabe pedir perdón cuando se confunde y pagar sus deudas cuando pierde.

No es de mi partido porque, afortunadamente para mi, no soy militante y por eso me puedo permitir algunas licencias Democráticas.

JGM

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