Los talentos

Las retribuciones pasivas de nuestros políticos están fundamentadas en la posibilidad de atraer a la gestión política a los mejores talentos disponibles. Así es como se explicó en su momento y por lo tanto es una herramienta para la eficacia en la administración del Estado. Una cosa es que se utilice bien o no, pero para eso se hizo.  Ya sabemos que es una medida muy criticada tanto por la prensa como por los ciudadanos que no acaban de conocer la verdadera labor que deben desarrollar los políticos, porque la “empresa” que han de gestionar es mucho más importante que las que existen en manos privadas o públicas gestionadas por privados. Es la empresa que afecta a los casi 45 millones de españoles que vivimos en este país.

El talento es una virtud que no abunda y desgraciadamente se desconoce, porque los que verdaderamente se hallan dotados suelen ser personas humildes en el sentido socrático de la palabra y en absoluto hacen alarde de su mayor acierto en la visión de las cosas. Esta personalidad introvertida hace que sea difícil su descubrimiento y por eso parece que casi no existen, pero como son necesarios se buscan con el mayor ahínco y como en la sociedad que nos ha tocado vivir la valía de las personas se tiende a medir con dinero es por lo que se hacen ofertas, probablemente privilegiadas y casi siempre equivocadas. El error está en los que eligen, que no en el elegido.

Una de los problemas que me parece descubrir en la dificultad de la elección de los talentos es que casi siempre se pretende utilizar el talento en beneficio del que tiene el poder, pero no se le cede para que utilice su capacidad para tomar decisiones, si no que se aprovecha para actuar con acierto por parte del que ostenta el poder. Pero esto no se debe a este o al otro sistema, si no a la condición humana, cuestión que no se ha descubierto cómo evitar, porque está en la propia naturaleza. Pretender, por otra parte, encontrar un talento para la política es bastante difícil, porque las personas que tienen el don han concentrado su capacidad en temas diversos, por lo general muy apartados de la política y carecen del entrenamiento que ésta precisa, con lo que aún son más “rara avis”.

¿Cuánto estaríamos dispuestos a pagar por un talento que supiera resolver nuestro problema de la “crisis”, del paro, o de la productividad en un plazo corto? Por mucho que le pagáramos sería muy barato. En esto estriban las grandes ofertas. Las empresas privadas con gente pensante, resuelven así sus dificultades, pero la administración del Estado está sujeta por leyes restrictivas que no se pueden soslayar y utilizan el sistema de futuros privilegios, si se les puede llamar así, para atraerse los talentos, pero ya de paso, se incluyen todos los que han trabajado un cierto tiempo en cargos de relieve, aunque no resolvieran bien sus cometidos. Se apoyan en “derechos adquiridos” por el tiempo que marcan las leyes, a las que se remiten, sin probar su eficiente labor.

Estoy de acuerdo con los que piensan que esta forma de atraer talentos no es buena, pero cuando se saca de su vocación libremente elegida a alguien que está obteniendo grandes éxitos, más que pagarle por su tiempo se le ha de pagar por su talento, pero hay que darle tiempo para que se pueda adaptar al medio político, que si es realmente un talento lo conseguirá en breve plazo pero no de la noche a la mañana. Lo político es muy difícil por aquello que mencioné anteriormente del “factor humano”. Cuanto más humilde sea el talento más rápidamente se acoplará a su nueva situación y mayor el provecho que sacará la sociedad de su labor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s