La justicia y su administración: en defensa de Baltasar Garzón

Hace unos días, en los medios de comunicación, un conocido periodista decía que la injusticia que se estaba cometiendo con el juez Baltasar Garzón, le provocaba náuseas.

Como ciudadana y demócrata, además de como familiar (nieta) de una de las personas asesinadas en el Bando Republicano (3 de Septiembre de 1.936, en una zona desgraciadamente conocida por la existencia de la mayor fosa común en España, el Barranco de la Bartolina), no puedo dejar de expresar mi repulsa por la enorme injusticia que se está cometiendo contra este ciudadano, que durante décadas ha trabajado por la justicia y para la Administración de justicia.

En estos días, muchos ciudadanos hemos comprobado con amargura, algo que casi todos sospechábamos, la enorme distancia que separa dos conceptos que deberían ir unidos.

A Garzón se le va a sentar en el banquillo por la presunta comisión de un Delito de Prevaricación “por dictar una resolución a sabiendas de que era injusta”. Se le acusa de haber incumplido la Ley de Amnistía Política de 1.977. Se dice que asumió unas competencias para erigirse en juzgador de los crímenes del franquismo, que no le correspondían.

Se olvida el brillante desempeño de su carrera profesional. Se castiga su arrogancia y su protagonismo, porque siempre se le ha mirado como un personaje polémico.
Le acusan la Asociación Manos Limpias y la Falange Española de las JONS, dos asociaciones de marcada tendencia ultraderechista.

Me duele mucho que se inhabilite a una persona de esta categoría profesional, por obra de dos asociaciones que, aunque reconvertidas, tienen mucho que ver con el fascismo. Me duele, y no porque guarde ningún rencor hacia las personas que arruinaron la vida de mi padre y asesinaron a mi abuelo (gracias a la caridad de otras personas, pudieron rescatar su cuerpo de un árbol, fue colgado para escarnio de todos; y su familia, ocultando su identidad –la del fallecido-, pudo enterrarlo junto a su esposa –fallecida en enero del 36- y al resto de familia). A Garzón y a las asociaciones de la Memoria Histórica, yo y muchas personas como yo, debemos agradecerles su labor para dignificar y recuperar el recuerdo de nuestros familiares.

No por rencor, sabemos que hubo crímenes en ambos bandos, pero también sabemos que no era lo mismo ser vencedor que vencido.

No vamos a cambiar el pasado, pero tenemos que mirar hacia delante y para mirar de frente, precisamos olvidar el silencio que durante años se ha guardado en nuestras casas sobre nuestros familiares. En palabras de Mario Benedetti: “hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”. Cuarenta años de silencio son muchos.
No sé en qué estará pensando el juez Velasco, cuando permite que se suceda esta cadena de despropósitos, cuando deniega sistemáticamente todas las pruebas presentadas por Garzón para acreditar su inocencia. Cuando con más arrogancia que su colega, pretende conocer la intencionalidad con que presuntamente se dictó la resolución por la que se declaró competente.

Aunque soy profesional del Derecho (en mi modesta condición de Administrador de Fincas, y aunque hace ya más de veinte años, tuve la fortuna de formarme en esta materia del Derecho Penal, con el vocal progresista del CGPJ, José Manuel Gómez Benítez, a quien respeto y admiro), no puedo ni sospechar las argucias legales y la construcción dogmática que ha tenido que elucubrar el Juez Velasco, para rebatir las razones y los fundamentos de la Defensa de Garzón.

Personalmente, como muchos otros, creo que Garzón es un valiente, “se ha mojado”, en este y en otros muchos asuntos: el narcotráfico, el terrorismo, la corrupción… pero en un asunto tan delicado y que podía herir la conciencia de tantas personas, se ha arriesgado hasta el límite.
Lo inaudito e inexplicable para mí, es que se pueda permitir una afrenta tan grande, que algo tan kafkiano tenga visos de convertirse en realidad y que el arrojo y el celo profesional (porque hacía lo que creía que debía hacer), lleven  a Baltasar Garzón a su inhabilitación. Los que sabemos lo que es trabajar por vocación y porque nos gusta, los que disfrutamos con nuestras rutinas diarias, no podemos entender que haya un castigo mayor que privarle a Garzón de lo que más le gusta hacer. Por eso trabajará hasta el último momento. Por eso no abandonará hasta el último momento.

Creo que hasta el último momento también habrá muchas personas que le apoyen, por lo que a mí me toca, mi gratitud es para siempre y también estaré con él en todo momento. EN ESTE CASO NO SE HACE JUSTICIA, EN TODO CASO, EL JUEZ VELASCO ADMINISTRA JUSTICIA, Y NO PODEMOS POR MENOS DE DECIR QUE SU GESTIÓN ES MALA.    

 TL

 

Documentos:

 Manifiesto de apoyo al juez Garzón

http://www.cocodrilodevalmayor.com/files/Manifiesto-apoyo-GarzonOK.pdf

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