!Es posible la esperanza!

Quisiera aseverar que me resulta muy difícil, por no decir imposible, reflejarme ante la Iglesia oficial, ante la estructura y jerarquía de la Conferencia Episcopal de Rouco, ante la superestructura y jerarquía de los que no dicen la verdad, de los que hacen política partidista a pie de tierra, de los que manipulan con sabida impunidad, de los que calumnian y difaman, de los fariseos, especuladores, ricos y poderosos.

El Vaticano II, Juan XXIII deseaba que el Concilio reconociese que la Iglesia es “una Iglesia de los pobres”. El cardenal Lercaro tuvo un emotivo y claro discurso sobre reconciliación al final de la primera sesión en 1962, y Monseñor Himmer requirió sin rodeos: “hay que reservar a los pobres el primer puesto en la Iglesia”. En octubre de 1963 el obispo Gerlier se lamentaba del poco protagonismo de los pobres en las decisiones de la iglesia. También los obispos hispanos más lúcidos captaron pronto que a la esencia del Concilio V.II se diluía dentro de las prioridades eclesiales, aunque mantuvo  un grupo significativo de católicos  que querían seguir a toda costa  la inspiración de Juan XXIII, especialmente los que se sentían fieles a la Teología de la Liberación; jamás se ha conocido en muchísimos años tanta participación de la sociedad laica en el mensaje del Concilio Vaticano II. El compromiso de los creyentes les hacia participar en todos los ámbitos sociales incluyendo  el político. Se reunieron confidencialmente y con regularidad en Domus Mariae, para tratar el tema “la pobreza de la Iglesia”. Me reflejo con todas mis contradicciones, en la Iglesia comprometida de Luther King, Heldel Cámara Oscar Romero, de Casáldiga y Ellacuría, de Setién, Leonardo Boff, de Ernesto Cardenal y de Hans Küng.
Puedo creer, y por ello creo y me reflejo en la Iglesia de Jesús que armonizaba fe y justicia, evangelio y liberación, religión y emancipación. Me veo reflejado en esa Iglesia de aquel Jesús de Nazaret, un Jesús, por cierto, al que no veo en la actualidad en el Vaticano y en la reunión de la Conferencia Episcopal. No está Iglesia de las apariencias que se permite escandalizar al pueblo con silencios injustificados, de tapujos. Puedo creer en la Iglesia de hombres y mujeres, de aquel Jesús crucificado por escandalizar el poder establecido y lo políticamente correcto, un Jesús confrontado y enfrentado a colaboracionistas e hipócritas. Me veo reflejado, en aquella Iglesia del que apostó por un mundo mejor y por la igualdad de la mujer, en aquella que proclamó la solidaridad, la justicia, la libertad, la alegría, la igualdad, la fraternidad, el optimismo y la vida plena. Puedo reflejarme, en la Iglesia de Jesús que se decantó por los perseguidos, pobres, oprimidos y marginados. Creo en la Iglesia de un Jesús bueno, rebelde, inconformista, justo vital, alegre y feliz que habló de libertad, de satisfacción, compromiso y futuros compartidos. Creo en la Iglesia de un Jesús que no discrimina a ningún hombre o mujer por razón de nada.
No puedo creer en la Iglesia que me presenta el Vaticano, la Conferencia Episcopal. No comparto, la forma de afrontar por la jerarquía los últimos escándalos de corrupción, oropel, pederastia. Me escandaliza, como creyente, la hipocresía de los que se han revestido como seguidores del mensaje de Jesús. Yo soy Católico y quiero seguir siéndolo y rezó para la cordura por en un nuevo Vaticano II. La Iglesia de los pobres, oprimidos/as, perseguidos/as, parados/as, marginados/as, emigrantes, enfermos/as, parias…..Por eso sigo Creyendo en la Esperanza.
JGM

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