No quiero escuchar mas a Rajoy

Rajoy dijo hace unos días que las cosas (la política económica)  había que hacerlas como Dios manda y a mí me pasó como a León Felipe que dijo: “Cuando dijeron que Dios estaba con ellos/ al poeta le entraron ganas de blasfemar”. Yo no voy a blasfemar porque hace tiempo que he tomado conciencia de que cada cual inventa a su Dios según su conveniencia, con lo que hablar de Dios es como hablar del sexo de los ángeles y el que lo nombra para su interés es un Impostor de los que “más les valía atarse una piedra de molino al cuello y les arrojaran al mar”. Alguien podría identificar a Dios con Rajoy.

He utilizado intencionadamente la palabra de Impostor porque ayer la utilizó Rajoy en la contestación al Presidente del Gobierno. Yo no voy a defender a este porque entiendo que su política económica no es la exactamente apropiada para salir de la crisis y porque lo que yo entiendo debería haberse hecho es “Desinflar la burbuja inmobiliaria el año 2004”, o haber denunciado entonces la crisis que se estaba generando desde antes del año 2001. Para entender esto debería leerse los escritos del premio Nóbel de economía J. Stiglyz. Sin embargo, aunque no defienda a este gobierno, sí puedo acusar a Rajoy por su papanatismo seguidista de Aznar, generador de todas las crisis que actualmente estamos padeciendo: crisis económica, crisis social, crisis política y crisis institucional.
Empezaré por esta última. La crisis institucional está causada por una razón fundamental: nuestra Constitución está originada en la transición a base de llegar a los consensos que entonces se alcanzaron y sólo funcionará con consenso permanente o no funcionará. Si se hace inservible la Constitución por desacuerdo generalizado habrá que empezar de nuevo y creo que se están dando los pasos más propios para llegar a esta situación. No entiendo que se tenga que aceptar sólo lo que de un lado se impone (bandera, rey, distribución territorial, instituciones franquistas y demás rémora que se aceptaron como mal menor para seguir avanzando. Aznar rompió el consenso desde que judicializó todos los asuntos políticos en la Comunidad de Castilla y León y luego en el gobierno nacional.

La crisis política está asociada y es consecuencia de la anterior. Si los partidos políticos, los parlamentos regionales y los “referéndum” populares no valen para nada, quedando todo decidido por el Tribunal Constitucional, no sé dónde queda la Soberanía Popular establecida en la Constitución. Los partidos políticos, las elecciones y los votos de la población se quedan en agua de borraja llevando al país a una Democracia Tutelada. ¿Dónde queda el papel del rey que tendrá que refrendar lo que diga el Tribunal Constitucional y no la voluntad de la Soberanía Popular? Para eso podríamos dejar el poder absoluto del rey que equivale al poder absoluto de un tribunal.

La crisis social la genera al haber ninguneado la llamada a la cordura de no entrar en una guerra que no quería nadie: ni siquiera el Partido Popular, que se ha convertido en un partido basado en la voluntad del “Líder” o del “Conductor”, no en la responsable discusión de sus militantes que tienen en cuenta a los votantes sobre los que se soporta su autoridad en el poder. Esa decisión llevó a una ruptura social sin precedentes porque no respondía a un interés nacional sino personal del Jefe. Las consecuencias de esa guerra a nivel nacional ya se ha visto tanto en EEUU como en Inglaterra. Es lógico dentro de una democracia compuesta de ciudadanos y no de siervos, esclavos o borregos.

Quedaría la tan cacareada crisis económica. Esta crisis no es exclusiva de nuestro país sino asociada a la crisis financiera de todo el sistema capitalista (principalmente los países desarrollados). El principal responsable es el propio sistema ultra conservador implantado desde Reagan y Teacher. La obsesión por la desregulación del sistema, impidiendo la actuación del Estado para controlar el mercado y la obsesión de “cuanto menos sector público mejor”, dejando todas las decisiones a la “teórica mano invisible” ha dado lugar al imperio de los despropósitos antisistema. No son las manifestaciones de los anarquistas los que hacen peligrar al sistema, sino la anarquía de los capitalistas los que han acabado con las buenas perspectivas de desarrollo. Aquí en nuestro terruño esquinado en el sistema, Aznar ha desarrollado al máximo la desregulación en casi todo, desde convertir a todo el territorio nacional en posible solar con la Ley del suelo, siguiendo con la desactivación de la Fiscalía anticorrupción, hasta llegar a la privatización salvaje de las empresas del sector público con intereses nacionales han permitido el desmantelamiento de todos los recursos del Estado para actuar en economía. Realmente ocho años le dieron para mucho, si volviera podría acabar definitivamente con el pais y el sistema económico capitalista español.

Yo me confieso Keynesiano en lo que respecta a la teoría económica, como me confieso partidario de la libertad de mercado como sistema más eficiente. Por esa razón estoy en contra de los anarquistas del PP, empleados en el desarrollo de los sectores Gurtel y compañía. Ellos son los impostores por autocalificarse demócratas y liberales: realmente son Dictadores favorecedores de los Grupos Mafiosos de la economía del pelotazo.
Mañana presentaré una propuesta alternativa a la hecha por el gobierno y que favorecería realmente a todos los españoles menos a los políticos. (seguirá)

MAR

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