Durán y Lleida, o la prudencia imprudente.

Durante muchos años la figura política del Sr. Durán y Lleida ha sido considerada y admirada por su ecuanimidad y su prudencia política.  Se ha mostrado, en los peores momentos  de las relaciones entre partidos políticos, de una parte los partidos nacionales españolistas y de otra los partidos nacionalistas, en cuyo grupo catalán se halla ubicado el partido que él encabeza, como presidente, concretamente Unió Democrática de Cataluña, en coalición continuada desde el principio  de la democracia con Convergencia Democrática de Cataluña, que presidía Jordi Pujol y ahora Artur Más.  Esta coalición es la que es conocida como Convergencia y Unió, porque con ese nombre se presenta  a las elecciones.

Siempre se ha entendido bien,  tanto con el Partido Popular como con el PSOE, con los que llegaba a acuerdos de colaboración para la estabilidad  del partido que formaba gobierno, política que, para un nacionalista,  siempre es una posición difícil de justificar ante sus militantes. No todo el mérito era del señor Durán, ya que esta política la inició desde el principio el señor Pujol con acuerdos puntuales con el ex presidente Felipe González y los resultados siempre fueron positivos para ambas partes. Ahora estamos en plena crisis económica y los nervios aparecen por todo el arco político, de los que no se salva el señor Durán,  desgraciadamente.  Esta mañana, día 20 de mayo, en entrevista rápida que mantiene con la SER el señor Durán ha hecho manifestaciones que no parecen propias de su personalidad tranquila y apacible, es indudable que las circunstancias no son las mejores, pero la actitud conciliadora, tan admirada, ha caído de su pedestal.

En una reflexión, que por conocida no hacia falta que mencionase, recordaba que la aportación de Cataluña a la política social del Estado  era la más cuantiosa. Podría haberse sentido satisfecho de que así fuese, porque ello demuestra la mayor riqueza de la Comunidad Catalana, cuyo mayor mercado es precisamente el resto de España. Pero lo decía dolido porque sirviese para seguir manteniendo la subvención del PER en Andalucía, haciendo alusión al efecto antidemocrático de mantener cautivo el voto de los andaluces. Esta forma de enjuiciar una pensión necesaria, ante la incapacidad de los empresarios de crear puestos de trabajo en aquella región, es escandalosamente insultante para los trabajadores que no disponen más que de unos pocos días de trabajo temporal al año y además teniendo en cuenta, que los que se acogen a ella, son ya personas en edades que carecen de posibilidades para otros trabajos que podrían encontrar en Francia o Alemania. Los jóvenes ya se van. Pero lo peor es cuando el entrevistador le dice al señor Durán que con estos argumentos podría organizarse “un pollo” y el contestó que posiblemente haya llegado el momento de organizar “un pollo”.

RGH

 

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