Los verdugos del siglo XXI

Puede parecer excesivo que señale a los bancos como “verdugos” de nuestra sociedad, cuando me refiero precisamente a una sociedad democrática, pero si  repasamos los hechos acaecidos en los últimos seis años en la industria de la construcción, nos encontraremos con una banca que más parece un casino de juego.  Los bancos han gozado de un liberalismo absoluto y vieron en esta industria la posibilidad de ganar mucho dinero jugando a “ganador” y abandonando a la economía productiva. 

 

Es verdad que la banca privada tiene como objeto ganar dinero; nadie podría decir lo contrario sin que se le tachara de loco o tonto, pero como todas las actividades mercantiles, para ser legales tienen señalados, en las leyes, objetivos, condiciones y obligaciones que en sus escrituras de constitución han de declarar y confirmar para que se les autorice su funcionamiento. Dentro de toda esta estructura condicional, la banca puede ejercer sus funciones con absoluta libertad, comenzando por elegir a sus directivos, decidiendo qué clientes aceptar y cuales no, evaluando con criterio bancario pero libre, la capacidad de crédito que les merece cada peticionario del mismo, pero  no ha sido así como se han comportado en esos mencionados seis años. Cambiaron el “criterio bancario” por la acción especulativa y confundieron el comportamiento mercantilista serio por el afán del juego con alto beneficio, pero con alto riesgo. Mientras ganaban todo les iba bien, pero cuando se desinfló la “burbuja inmobiliaria” se encontraron con una verdadera  bancarrota, que todavía no han reflejado en sus balances, pero ya llegará el momento de dar cuenta a sus propios accionistas y a sus clientes, que de momento están desatendiendo, especialmente a los pequeños y medianos  empresarios que han tenido que cerrar sus puertas y despedir a sus trabajadores, por falta de capital circulante.

Los apoyos recibidos del estado, les ha venido bien para salir del paso, pero la realidad la tienen en el inventario de viviendas y locales retirados a sus deudores hipotecarios, a los que han perjudicado, no sólo económicamente, si no también y  lo que es peor, sicológicamente, porque ahora hay muchos, que sin explicarse con claridad lo ocurrido, se ven envueltos en una serie de contrariedades que les están deprimiendo, aparte del mucho dinero que ya han perdido para tener una vivienda y ahora ni dinero ni vivienda; hallándose algunos con la espada de Damocles sobre su cabeza, de seguir siendo deudores del banco por cantidades enormes, que no pagarán, pero que les perjudicará el resto de su vida para cualquier actividad de tipo económico que traten de emprender. Han creado una nueva casta de esclavos  a causa de  la codicia y el libre mercado.

RGH

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