Al político/a mentiroso/a: De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes.

El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera. El juego de la mentira instrumentalizada como la más común es aquella con la que se engaña a sí mismo. Mentir a los demás es un defecto relativamente vano. La Falsedad es un testimonio que crea idea o imagen quimérica.

Puedes engañar a todo el pueblo algún tiempo, engañar a algunos habitantes todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo Valdemorillo siempre. Cuanto más se cae en la tentación de mentir más difícil es controlar la abundante base de datos de las versiones dadas y más imposible resulta comentar, repetir o seguir con coherencia lo novelado al tiempo de poder generar un trastorno de la personalidad.

La mentira institucionalizada coge el atajo de robar atención y aprecio por la vía del fácil engaño, las palabras son cómodos sustitutos de los hechos reales. Quien profesa la mentira transforma su vida en una fabula que en algún caso llega a creérsela plenamente. No se conforma con ser una persona cualquiera, tal vez se vería a sí misma con excesivo desarraigo, sino que desea ser siempre una personalidad de primera magnitud, de esas que los demás admiran embelesados, entonces quien miente es mártir de su reconocimiento.

El personaje suplanta al yo, su personalidad se instala en una base inexistente  y muy peligrosa, porque los halagos, impresiones y valoraciones que arranque a los demás con sus tretas, en realidad nunca los podrá saborear, porque sabe que no están dirigidos al su Yo autentico, sino al falso, con lo cual no logra sentir lo que le gustaría: sus dobles vínculos impiden que los placeres lleguen.
Su afán de caer bien origina el efecto contrario de que los demás se decepcionen,  generando una profunda desconfianza muy difícil de superar. La cura pasa por  sustituir la mentira por la búsqueda de la excelencia. Reconociendo su necesidad de brillo y atracción dedicarse con firmeza a mejorar sus méritos verdaderos.

 Quien miente, necesita falsear la verdad para dar una imagen diferente de la que realmente tiene. No está conforme consigo misma y en lugar de mejorar se oculta tras una máscara o disfraz inconsistente y el comienzo de una cadena de mentiras infinitas que hace que la mentira produzca en los demás una imagen de personalidad caótica.

Cuando se instala en  el hábito de mentir es muy difícil salir de él; porque la confianza de los otros se pierde diciendo una sola mentira y para recuperarla pueden pasar muchos años. Quien miente se está engañando, convirtiéndose en alguien irreal que no existe.

Cuanto más se cae en la tentación de mentir más difícil es controlar la abundante base de datos de las versiones dadas y más imposible resulta comentar, repetir o seguir con coherencia lo novelado, de forma que los detalles chirrían,  de pronto un contratista es muy serio y competente, mientras que antes era un desastre que habría que desconfiar, estuvimos veraneando en Galicia, mientras durante ese tiempo estuvo haciendo obras en su chalet, conocemos a quien luego resulta que no nos conoce, etc. .

La mentira inaceptable, hipócrita
nos aplasta con su incesante fuego cruzado
de falsedades resplandecientes, de palabrería
en su deseo, explícito o velado, de conducirnos
de la ilusión al cinismo novelado.

Mentir, solo lo imprescindible serás más Tú.

JGM

 

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