Capitulos sueltos 2: Arespacochaga

Hace muchos años, antes, después o durante su alcaldía de Madrid, Arespacochaga hizo por televisión algunas peroratas terribles contra los socialistas. El tono era realmente agresivo y lleno de saña y casi diré que odio. Recuerdo que pensé: “que suerte que no conozco a este señor, ni tengo que tener trato con él”.

Siendo Fernando senador por Huesca, cuyo alcalde tampoco tenía simpatía por los socialistas, tenía a veces que tratar con él pero todo iba bien. Quién me iba a decir lo que me ocurriría en Estrasburgo.

En una recepción durante un pleno del Consejo de Europa teníamos la Embajada con mucha gente y hubo un momento en que vi que en la puerta esta solo el Canciller. No sé donde estaba Fernando y me apresuré a acercarme yo para recibir a la gente, llegando a tiempo de recibir al Embajador de Austria  y, no me diréis quién venia detrás,  ¡Arespacochaga!

Inmediatamente le recordé en televisión, porque naturalmente estaba la Embajada llena de socialistas. Me pilló tan de sorpresa que tuve una reacción infantil. Después del saludo de bienvenida le dije:”Ven que te presentaré alguien de derechas” y le conduje hacia el representante del Vaticano. Él me seguía diciendo: “!No! Si yo lo paso bien con todo el mundo”

Debió hablar con Fernando porque al día siguiente el Ayuntamiento había organizado la visita a una biblioteca muy importante y Arespacochaga vino todo nervioso porque no encontraba a mi marido, que estaba en París en una reunión. Me dijo: “Que lástima, porque hay en una vitrina un documento apasionante que Fernando me diría lo que significa”, o sea que había hecho buenas migas con Fernando.

Lo peor fue cuando todos se marcharon y la Embajada no tenía suficientes coches para llevar a todo el mundo al aeropuerto y Fernando me dijo que lleva en mi coche a los diputados. Uno de ellos era Arespacochaga que sentó a mi lado y me estuvo hablando todo el camino de su familia y de los problemas que tenía con sus hijos y yernos “que no le comprendían”.  Y heme aquí dándole consejos, “eres tú el que debe comprender que ellos van a vivir en un mundo distinto al tuyo y es lo lógico que piensen distinto” y cosas por el estilo.

Le dejé en el aeropuerto muy agradecido y amable.
¡Que mundo!

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