Jose Antonio Labordeta Subias (Zaragoza 1935-2010)

Siempre me ha emocionado el “Canto a la Libertad”, lo canto desde los dieciséis años, lo cantaba en el patio de mi instituto del barrio de Entrevias, con el eco de un viejo cassette en el que mi hermano Jesús me grabó unos L.Ps de un tal Labordeta. De esto hace ya algunos años. Era un grito reivindicativo, un atisbo de rebeldía, pero también era algo más. Para mí es el himno de mi tierra, aunque todavía no sea oficial, y es la canción que más se canta en las fiestas de los pueblos de Aragón: en las fiestas del Pilar en Zaragoza.

Muchos de los aragoneses que estábamos fuera de nuestra tierra, cuando escuchábamos a Labordeta nos sentíamos más cerca de ella, y eso era reconfortante. Porque entendíamos lo que nos decía y sentíamos como nuestras esas palabras.

Los aragoneses, de forma masiva, han salido a la calle a llorarle y a seguir cantando sus canciones sintiendo que sólo nos ha quedado su palabra : cuando enseñaba como profesor de literatura, cuando cantaba con compañeros de la talla de Paco Ibáñez, Puturrú de Fua, Ovidi Montllor, ó cuando se enfrentaba a Alvarez-Cascos mandándole literalmente “a la mierda”.

Me niego a recordarle como un hombre sin más, como decía en una de sus canciones de los últimos discos. Labordeta fue un hombre que amó intensamente Aragón, con una intensidad que le venía de su conocimiento de la tierra, de sus paisanos, de sus dificultades y de sus miserias. Por eso, un dia se colgó la mochila, y se fue a compartir su sabiduría local a otros lugares, con el ánimo de conociendo la diversidad, transmitir la esencia misma de Aragón.

Por eso también un día se subió a una tribuna a contar los problemas que tenían sus vecinos, y desde el escaño, enfrentó a quien se le puso por delante, y con su acento ronco y claro, con testarudez y perseverancia (que en él debían ser casi lo mismo), convenció a propios y extraños de la necesidad de transformar Aragón. Su compromiso de izquierdas venía de muy atrás: en los años 70 cofundó Andalán, y en esa misma época empezamos a conocer sus poemas y sus canciones. 

Coincido con Miguel Mora en que “Labordeta fue la voz de una tierra callada. La voz de Aragón, lugar de miseria, emigración y soledad, tierra baldía y naufraga que con él, volvió al mapa por la puerta grande de la libertad.”

Me es muy difícil no recordar todas sus canciones, en las que hablaba de la tierra, del cierzo, de los padres, de las cosas sencillas y pequeñas que constituyen el refugio de todo ser humano. Difícil no recordarle como algo eternamente nuestro, su legado es inmenso y entre todo ello no me cuesta elegir una que manifiesta especialmente su amor por la tierra y por aquellos que todavía no han podido volver, como es mi caso.

ALBADA

   Adiós a los que se quedan
   y a los que se van también.
   Adiós a Huesca y provincia
   a Zaragoza y Teruel.

   Esta es la albada del viento
   la albada del que se fue
   que quiso volver un dia
   pero eso no pudo ser.

   Las albadas de mi tierra
   se entonan por la mañana
   para animar a las gentes
   a comenzar la jornada.

   Arriba los compañeros
   que ya ha llegado la hora
   de tener en nuestras manos
   lo que nos quitan de fuera.

   Esta albada que yo canto
   es una albada guerrera
   que lucha porque regresen
   los que dejaron su tierra.

Se nos ha ido un aragonés universal, un aragonés que sentía hacia adentro y cuando ya no podía más, lo expulsaba por todos los poros de su piel. Una forma de ser hosca y dura, pero auténtica y llena de ternura.
Hasta siempre. Fuiste libre y en la libertad nos encontraremos. 

 

 

 
    

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