En defensa de la democracia

Vengo observando ya desde hace algún tiempo, que algunos de los colaboradores del COCODRILO, en su valiente combatir contra los políticos ineficaces o corrompidos que se advierten sin necesidad de microscopio, van escorando la nave de la democracia  hasta ángulos inverosímiles para mantener una flotabilidad casi crítica en orden a su capacidad de ser gobernada.

Todo tiene un medio y dos orillas y hay que saber hasta donde se puede estirar la cuerda sin que se rompa. No resulta cómodo que tenga que verme obligado a impartir lecciones pedagógicas entre personas que saben más que yo, pero a veces no queda mas remedio que intervenir para evitar que se pierda la concordia que se está forjando entre personas inteligentes y razonables, si como espero se trata de desahogos que la inercia de la impotencia ante una realidad local, destempla los nervios hasta desbordar los límites aceptables.

Nuestro país, después de una guerra civil altamente cruenta, ha soportado cuarenta años de dictadura, de falta de libertad, de gobierno caprichoso, de carencia de relaciones amistosas con otros países del entorno que podrían haber suavizado el duro calvario que estábamos soportando los españoles, pero que no lo hicieron porque también ellos tenían que superar la guerra mundial, aunque recibieron ayuda. Este recordatorio forma parte de la pedagogía que algunos pretenden ignorar, así como de lo que traigo a continuación. A la muerte del dictador se unieron los españoles y constituyeron un nuevo país  a través de unos acuerdos que algunas semanas antes parecían imposible. Estos acuerdos se plasmaron en un documento llamado CONSTITUCION, que aprobamos la mayoría del pueblo español mediante un referendo libre y universal, en el que se especificó la forma del estado, de la gobernación, del reconocimiento de la ciudadanía que dejó de ser súbdita; en fin de la recuperación de la libertad dentro de los límites que ya existían en los países de nuestro entorno. Volvimos a Europa.

La CONSTITUCION fue la ley de leyes que nos abre a las diversas libertades que gozamos y los límites que no debemos atravesar, porque en ella se concentran todas las formas de pensar de los ciudadanos y por lo tanto lo que a unos puede parecer poco a otros puede parecer demasiado y en mantener este equilibrio consiste la PAZ.
Con el tiempo la Constitución puede perder la vigencia y no hay otro medio de renovarla que otro gran acuerdo nacional, pero hasta que llegue ese momento es la que tenemos y a ella nos hemos de atener, como a todas las leyes derivadas de la misma que como siempre a unos gustarán más que a otros, pero que todos debemos acatar.

La fórmula para proveer los distintos puestos de responsabilidad política del estado se especifica con toda claridad en la Constitución. Elecciones generales, regionales y locales, cuyos candidatos serán presentados por asociaciones políticas que llamamos partidos políticos y cuya constitución es libre bajo determinadas condiciones que se concretan en la Ley de Partidos Políticos. En España hay varios partidos políticos que se ofrecen con programas ideológicos diferentes, pero eso no quiere decir que no se puedan ofrecer otros programas y formar otros partidos. Los afiliados a los partidos, lo son porque teóricamente comparten la ideología ofrecida, puede que con más o menos extensión; sería imposible que hubiéramos dos personas que pensáramos exactamente igual, pero es fácil que en lo fundamental podamos encontrar cientos de miles que lo hagan y de estos, los que sienten inquietudes por el servicio público, se inscriben en el partido de su preferencia  y militan positivamente en la consecución de sus fines que vienen expresados en su ideario.

La preocupación que hoy quiero expresar, mi preocupación concretamente, es que llevados de un principio de razón, se insista una y otra vez en calificar de corruptos a los políticos por el sólo hecho de serlo, ¡Son corruptos los que lo son! Los demás son honrados ciudadanos que creen de buena fe que su contribución a la política y administración del Estado puede resultar útil a los ciudadanos. Por otra parte aquellos ciudadanos que creen que el Estado estaría mucho mejor en manos de personas no políticas, pasan por alto que el ser político no es una profesión si no una situación eventual, aunque voluntaria, que tiene normalmente una finalización y que cualquier persona que llegue a  ocupar un cargo público elegido en elecciones por el pueblo, se convierte automáticamente en político. ¿Quiere decir esto que al día siguiente habría de dimitir? Por que no se puede ser y no ser al mismo tiempo. Hay que hacer alguna concesión al sentido común. Siguiendo con mi preocupación debo admitir, que lo que más me preocupa es que la continua generalización contra los políticos que llaman “profesionales” lo sean porque  todos son corruptos, cuando la realidad es que conservan el cargo durante mucho tiempo porque son queridos por los votantes, con razón o sin razón, que esto ya pertenece al derecho individual, que en democracia es indiscutible. Recordad aquello de la libertad de pensamiento y de expresión. Pero el concepto que sufre el desprestigio es la propia democracia.

RGH

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