El ascua “pa” mi sardina (13) (Por Andrés Matas)

Lorenzo Silva escribió “Las flaquezas del bolchevique”. Espero que no le parezca mal si me atrevo a escribir que este ASCUA “PA” MI SARDINA pudiera llevar muy bien un título parecido ya que de flaquezas entiendo que se trata.

Creo firmemente que hay que respetar a las Instituciones y que hay que ser especialmente leales a las mismas. Lo mismo ocurre con el Estado. Sin Estado no somos nada. El concepto de lealtad, que a mi me parece sagrado, está siendo, en estos días que corren, manipulado y vapuleado a diestra y siniestra. Estamos ya en lo que han llamado precampaña, veremos como este concepto sagrado será usado por nuestros políticos para unir sus filas en los partidos y luego lo pisotearán hasta que desaparezca o lo dejen hecho una piltrafa irreconocible.

Es fácil entender que para que los partidos políticos funcionen y no se vayan al garete necesitan que sus afiliados y simpatizantes se agrupen alrededor de una idea, en primer lugar, y luego alrededor de un líder. Eso obliga a una lealtad a los principios y al líder. Como cada uno de nosotros es de su padre y de su madre, es fácil entender también que nuestras ideas, pensamientos, creencias y demás adornos sean diferentes, en definitiva nuestros principios personales también son diferentes. En este sentido es fácil ser leal a los principios, nos cuesta cambiarlos, parece como si nos los hubieran grabado a sangre y fuego, cambiarlos o modificarlos, tan solo un pelo, suele ser el resultado de pensar sobre los mismos una y otra vez y compararlos con la realidad que vivimos. Es raro que los principios de cada uno coincidan exactamente con las bases que fundamentan la existencia de cualquier partido político. Sin embargo esas diferencias no tienen por que impedir que unos y otros nos agrupemos en torno a una idea política.

¿Que ocurre con los líderes? Estoy refiriéndome a los líderes de los partidos políticos, aunque creo que ocurre en la mayoría de las organizaciones. Pues ocurre que son humanos, con sus virtudes y sus defectos y que se distinguen de los demás por sus habilidades para aglutinar a su alrededor a los demás miembros del grupo. Son, fundamentalmente, conocedores del ser humano, de sus fortalezas y de sus debilidades. Este conocimiento les permite darle a cada uno lo justo para ganárselo y tenerlo a su disposición de forma que pueda ser útil  a sus deseos, que necesariamente no coinciden, más de una vez, con los principios en que se basa la organización o el partido político de que se trate.

Seguro que recordáis aquella frase: “Dios, que buen vasallo si hubiera buen Señor”. Alguien la dijo en la jura de Santa Gadea refiriéndose a Rodrigo Díaz de Vivar, cuando pidió juramento a su Rey Alfonso VI acerca de su posible intervención en la muerte de su hermano. ¿Fue el Cid desleal?

Cuantas veces vemos a este o aquel líder rodeado de comparsas que lo único que hacen es decir amen. Hace unos días le oía a Pérez Reverte, que me parece un hombre bastante sensato, decir que les hemos dado mucho poder a los líderes políticos de los partidos. Estoy de acuerdo con él. El que se mueve no sale en la foto. Me parece que fue Alfonso Guerra el que hizo esta frase famosa, que entiendo que lo es por que encierra una verdad como un templo. Muchos líderes no escogen a los mejores mirando a mejorar la situación social, solo miran su silla y de una manera o de otra compran a los que mejor saben decir amen.

Cuantas veces hemos oído a más de un político aquello de “no tengo nada contra usted, son cosas de la política”, todo después de haberlo puesto a caer de un burro. Desgraciadamente este tipo de personas duales  en su cara, en sus dichos, en su comportamiento y en sus funciones son muchas veces bien valorados por los líderes; incluso pueden ser considerados hasta necesarios para determinadas funciones. Alguno de estos señores son tan duales, que sirven de cebo a otros, más inocentes, para descubrirlos en esa aparente traición que no es más que una pequeña rebeldía frente a algunos atropellos del líder que se cree sacrosanto. Muchas veces, a esos que han tenido el atrevimiento de hablar se los recrimina, se los aísla en vez de escucharlos no sea que vayan a tener razón, se caigan los palos del sombrajo y les desaparezca la silla.

Personalmente creo que en España es hora de cambiar la Ley Electoral, que haya listas abiertas y que cada persona tenga su voto, que cada representante en el Senado o en el Congreso represente a su jurisdicción y defienda los intereses de la misma. No parece que nuestros partidos mayoritarios estén por la labor de hacer algo sensato. Se me escapa la razón por la que no analizan lo que pasa con esta situación que a mi me parece pasada de moda y fuera de juego. No entiendo la razón por la que el voto de un nacionalista o de cualquier otro vale más que el mío. ¿Por qué nos tienen que organizar el País los que quieren salirse de él?

Por si fuera poco, los partidos no son democráticos, creo que ninguno, el PP por que es presidencialista y el PSOE por que no lo es, el líder siempre manda y salir en la foto está muy bien.

Si a toda esta historia añadimos que los funcionarios de primer nivel hacen de su capa un sayo, como pasa en Valdemorillo, apaga y vámonos.

Pasadlo bien. Andrés
   
  

 

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