PODER DEL MERCADO. ¿Conciencia de cambio económico, político y social? (Por Jesús González)

El advenimiento e imposición de la globalización y de la economía de mercado, en donde las comunicaciones y la tecnología se han revolucionado, es un indicio claro de que la ideología no sólo continuará como concepto fundamental para la reflexión filosófica en las ciencias sociales, sino que seguirá retando la capacidad reflexiva y científica del hombre del siglo XXI.

Norberto Bobbio conceptualiza la ideología como un conjunto de ideas y valores políticos cuya función es guiar los comportamientos colectivos. La ideología remite a la falsa conciencia determinada por las relaciones de dominación existentes entre las clases sociales. Este concepto ha sido utilizado en los sentidos: específico de creencia falsa o distorsionada y un conjunto de dogmas que abarcan el conocimiento científico.

Los debates contemporáneos no se acogen con las explicaciones basadas en el determinismo monetario y en la aceptación de que la ideología es independiente de la clase social y de la estructura económica. Se insiste en que las ideologías no son las meras ideas de las personas sino el producto intelectual que las incorpora. Las tendencias son prácticas irreflexivas cotidianas de dominio del lenguaje limitado por el pensamiento ideológico.

P.e.  Pleno Municipal, se escucha la insostenible demagogia de Doña Pilar, el silencio somnoliento de sus peones, la verborrea populista de Doña Carmen, la inexistencia práctica de los Progresistas. Produce un shock emocional que cuestiona la democracia del consenso de la razón.

Las ideologías suelen constar de dos componentes: una representación del sistema, y un programa de acción. La primera proporciona una realidad vista desde un ángulo de creencias intelectuales, a partir del cuales se analiza y enjuicia comparándolo con un gobierno alternativo, real o ideal. La segunda acerca el sistema real existente al ideal pretendido. Cuando la crispación, el ocultismo y el hermetismo se institucionalizan, resulta imposible construir.

 P.e. Las mayorías absolutas sin democracia interna, no deberían existir, pervierten la institución democrática. Algún concejal o concejala del poder, en otra musa, a la hora de votar mira con avidez al mando para pronunciarse.

La clasificación de las distintas corrientes ideológicas suele realizarse mediante una tipología con base en su finalidad, estableciéndose así cuatro grandes categorías: REACCIONARIAS: Que añoran y quieren recuperar algún tipo de sistema social, económico y político pasado, CONSERVADORAS que defienden y racionalizan el orden económico social y político existente, REFORMISTAS: que favorecen el cambio, REVOLUCIONARIAS: que apoyan cambios en el orden económico, político y social. Estas ideologías pueden ser simplemente aprendidas desde la tradición familiar o desde la razón o el conocimiento. En todos los casos se debe tomar conciencia de su posicionamiento ideológico para no ser engañado por el entorno político dominante.

Generalmente la ideología CONSERVADORA está siempre mejor relacionada con la estructura CAPITALISTA con todo lo que supone en la merma de los intereses de la clase trabajadora que vive de su trabajo. Por otra parte la conciencia ideológica, se adquiere con el conocimiento democrático analizando las promesas electorales de cada grupo político y su posterior cumplimiento. No se es de una u otra ideología por el hecho de decirlo, sino por el testimonio de su comportamiento.  La defensa ideológica debe sobrepasar a las personas que se lanzan al ruedo político para su enriquecimiento personal o como medio rechazándolas en beneficio de aquellas que tengan el talante y la capacidad de cumplir con sus compromisos.
Mientras que a nivel general resulta difícil aproximarse a la realidad de las personas, resulta mucho más sencilla la toma de decisiones en un plano municipal, ya que se dispone de promesas y el resultado próximo de su cumplimiento.

Para ser claro y concreto, con independencia ideológica, yo sería incapaz de votar una candidatura encabezada por las personas que tocando poder no cumplieron su programa y aprovecharon su paso por la política para rentabilizar su patrimonio. Los partidos deben ser democráticos para hacer desaparecer de sus listas a los mentirosos. Y el votante debe guiarse por su razón, nunca de la del vecino.

Cuando una candidatura en blanco gana unas elecciones vence la conciencia de ideología revolucionaria, que apoyan cambios cualitativos y cuantitativos en el orden económico, político y social, sitúa a la clase política en el nivel que se merece y genera expectativa de cambio por desautorizar, de facto, la gestión política.

JGM.

 

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