Maria Giralt: Paseos por la memoria 1936-40-50 (Ordenado por Pilar Hiruela)

Nos habíamos quedado en plena guerra civil Española, y en que no sabíamos nada de lo que ocurría en el resto de España, ni en el extranjero. Ya que las radios estaban interferidas y apenas si podía oírse la BBC por la noche.

Cuando mamá se fue “al otro lado” yo pude dejar de presentarme”, en su lugar en la oficina, no sé de qué, condición  pusieron cuando salió de la cárcel. Ella alegó enfermedad o algo y consintieron que fuera yo en su lugar. Era penoso por que un día entró alguien en el despacho y le dijo al jefe:
               “Ya están todos aquí, ¿Dónde los metemos?”
               “Donde siempre”
               “Es que ya está lleno”
               ”Pues que se aprieten”.

El rato mejor del día era por la noche. Cuando después de las 12 subía el fluido eléctrico y la estufa de la camilla calentaba. Papá, cansado, se acostaba temprano y Pepito durmiendo tranquilo. Le recuerdo sentado en mis rodillas en el sótano, durante un bombardeo, yo le había explicado que había guerra (él  no sabia muy bien lo que era), pero era muy lejos, sólo que hacia mucho ruido.
           
Cuando caía  un obús en las casas de al lado nuestro me miraba y decía: “esto ha sido cerca, ¿verdad?, era uno de los bombardeos  de “represalia”. En el 19 cayeron once obuses y el nº 23 sólo tres, ninguno  en nuestra casa, yo creo que apuntaban al garaje Villamagna que quedaba al otro lado de la Castellana, donde encerraba el camión que venia de Valdemorillo. Se decía que había sido minado el “túnel de la risa” como  se llamaba el túnel en construcción para el metro, bajo la Castellana. Para poder volarlo en caso de entrada de las tropas de Franco, lo cual no era nada tranquilizador para nosotros.

Los últimos días de la guerra tomó el mando el Partido Comunista y se dijo que fueron ellos los que entregaron Madrid.

Era un día silencioso cuando empezaron a aparecer algunos moros por la calle. De pronto salía alguien de las casas para abrazarlos, era la prueba de que la guerra había terminado y no lo acabábamos de creer. Se dice que se han escrito más libros sobre la Guerra  Civil Española que sobre ninguna otra.

Como me dijo en jefe del garaje Villamagna llamado Busoni, era la antesala de una guerra mundial y que en los años 60 ¿Dónde quedan?, cuando los judíos tengan todo el oro del mundo, se acabaría nuestra civilización, ¿de dónde sacaría esto?, sólo acertó en lo de la guerra mundial. Y fue romántica por que la gente creía en la Democracia que visto hoy se está convirtiendo en la ley  del más fuerte. Lo que no está claro es en qué consiste la fuerza, ¿las bombas, como creyó Bush? ¿El dinero? Todos lo quieren…. Pero hay tantas cosas más…..Para mi que no conocía ni suponía que al “otro lado” hubiera semejante salvajismo, y visto que la censura de prensa era absoluta y los periódicos extranjeros no venían. De las persecuciones y campos de concentración, nada se sabía.

El primer día que papá volvió a su despacho reunió a todo el personal de la oficina y el almacén y les dijo, más o menos lo siguiente:

“Ni  ustedes, ni yo tenemos la culpa de todo lo que ha ocurrido. Ha sido terrible, pero hay que seguir viviendo. Yo confío que, con  créditos bancarios, ya que la ruina es total, podré organizar otra fábrica. Si alguno de ustedes, tiene alguna oferta de trabajo no dejen de aceptarla. Ya que con lo de Giralt Laporta es muy azaroso. Pero los que quieran compartir la aventura. Pueden quedarse conmigo. Ya que no podría encontrar mejores colaboradores.”
 Según nos contó papá, fue una escena muy emotiva. Todos le dijeron que se quedaban y hubo abrazos y demás muestras de gratitud.

 

Numerosas familias de Valdemorillo hubieron de trasladarse a Villaverde; habían perdido su ganado, las tierras estaban en malas condiciones y las casas derruidas, era preferible, por lo tanto, correr la misma aventura que la empresa confiando en que todo saliera bien.

Solamente Garrote, el jefe del Comité, abrazó a mi padre y se marchó. Era muy buena persona y se sentía responsable del desaguisado. Nadie pudo convencerle, su comportamiento con mi padre y con todos fue impecable, pero el fracaso de sus ideales…..Nadie le volvió a ver.

Todo salió bien y comenzó un sistema de vida más moderno. Empezaba ya el cinturón industrial de Madrid; y aunque el ambiente directo y humano de Valdemorillo se conservó muchos años en Villaverde, faltaba algo valioso, que era el campo….

Cuando leí a Schumacher que tanta gente ha considerado utópico, recordé  la forma de funcionar de Valdemorillo, y comprendí perfectamente lo que él preconizaba. Un exceso de reglamentaciones, controles y rigideces pueden producir una atmósfera irrespirable.

Efectivamente, los Bancos que también querían  empezar a trabajar se ofrecieron enseguida; creo que fue con el Central con el que empezó. Compró un terreno en Villaverde con aparcadero propio de ferrocarril y una nave donde empezó enseguida a hacer vidrio mientras construían la fabrica.

Comienzo de la fábrica de Villaverde.

Recuerdo que los últimos días de guerra, Angelines Barriobero, nuestra vecina, me dijo era conveniente “comprar” un carné de Camisa Vieja de Falange para evitar depuraciones, ya que serian investigados los que hubieran quedado en Madrid. Mi padre se indignó cuando se lo dije. Pero hubo mucha gente que lo hizo. El ser Camisa Vieja era un gran mérito y muchos rojillos lo cogieron.

Ese mismo verano vino la familia de tío Rafael a ver como estábamos. Mi primo Rafael, alumno de la Universidad de Boston (M.I.T.) estaba escandalizado del ambiente “fascista”. Por ejemplo, en los restaurantes, donde siempre se oía una radio emitiendo noticias, seguidas del himno Nacional, al sonar éste todo el mundo tenia que ponerse de pie y levantar el brazo. Para cualquier cuestión  había que demostrar “adhesión al Régimen”. Y esto duró años.

Ya en el 44 yo me hice enfermera para poder ir al Escorial si pedir salvoconducto.

La falta de divisas era dramática y la censura funcionaba no solo en la prensa  y editoriales-también sujeta a los “cupos” de papel-sino las cartas y paquetes al extranjero, las exportaciones controladas. Un día cual fue mi sorpresa al comparecer un tipo en mi despacho, un extranjero  cuyo acento no pude localizar, y que vino a decirme algo así como que no teníamos derecho a exportar nada. Si nos hacían un pedido había que pasárselo  a él (que sin duda alguna tenia algún privilegio del gobierno).

En los años de la posguerra, quizá los primeros cuarenta, en que pasábamos los veranos en la casa de El Escorial, sentí curiosidad por las encuadernaciones antiguas y muchas mañanas iba al Monasterio, donde Fray José el bibliotecario me atendía con el mismo interés y dedicación que si hubiera sido un sesudo investigador. Yo creo que  con más gusto aún, porque él era un enamorado de esa biblioteca y era feliz de enseñar sus tesoros a alguien que disfrutara viéndolos.
      
Había toda clase de encuadernaciones. Felipe II había traído  a un flamenco que pasó casi toda su vida en El Escorial encuadernando. Pero lo más interesante eran los de origen árabe, andaluz, supongo, con el cuero grabado, repujado, estampado, dorado, todos con mucha fantasía. Fray José iba abriendo vitrinas y sacando lo que parecía más hermoso o raro.

Muchos años después fui con alguien al Monasterio y había otro bibliotecario. Le pregunté por Fray José y me dijo que había muerto pero me contó algo de su historia. Era de Lérida y entró joven en el Monasterio, encargándose  de la biblioteca, donde llevaba   50 años. Cuando empezó a fallar su salud le enviaron a su Lérida natal, pensando que el clima de El Escorial era demasiado duro para él. Pero en Lérida enfermó y pidió volver al Escorial donde vivió aún unos pocos años. Le supongo enterrado en el cementerio de los frailes, no lejos de sus tesoros.

Retrocediendo a otro recuerdo. Conocí a los García Noblejas, Jesús y Salvador (creo que había otro). Jesús bien plantado y conquistador.

Una de las tardes, al salir del teatro Alcázar en la C/. Alcalá, Había una ensalada de tiros en la calle, y tuvimos que estar un buen rato en el hall del teatro, esperando a que pasara la tormenta. Cuando lo comenté  en el picadero unos días después, uno de los Noblejas me dijo: “Éramos nosotros en lucha con la policía”. “¿Y no os cogieron?” –“No, escondimos las pistolas en las plantas que hay a la puerta del teatro”. Eran falangistas, pero muy brutos, en su cabeza no cabía ninguna idea.
,
Ya en el año 51, para poder casarme tuve que unirme a una peregrinación a Lourdes para, en la frontera, abandonarla y tomar el tren hacia París. Y “no sigo más por que no tengo ganas” como termina una carta de San Juan de la Cruz. Por que tendría que entrar en el terreno de la política económica y social de la Dictadura, que más adelante os contaré.
             
No sé en que año pero a poco de llegar Fernando mi marido y yo a París, hubo un almuerzo con mucha gente y discursos en el primer piso del Hotel París (en Alcalá-Sol). El motivo de la reunión no lo sé, pero el ambiente era intenso como solía ser todas las reuniones durante el franquismo, en las que siempre se esperaba que alguien se saliera de la ortodoxia política.

Efectivamente, Dionisio Ridruejo hizo un discurso encendido que no recuerdo en absoluto, pero que estaba fuera de todo el contexto político del franquismo. Al acabar, en medio de calurosa ovación, Fernando, sorprendido y encandilado, se levantó y fue “amok” a presentarse a él y darle un abrazo que fue el comienzo de una larga y entrañable amistad que sólo terminó con la muerte de Dionisio en 1975.

Cuando detuvieron a Dionisio. Como conocíamos a todos los corresponsales de periódicos extranjeros se aireó el tema todo lo posible, en vista de lo cual Fernando fue detenido también, y en a aquellos días fueron a parar a Carabanchel, Paco Herrera Oria, un canonista hermano del cardenal arzobispo de Málaga que, por lo visto, había tenido tratos con republicanos, Antón Menchaca Careaga, un millonario vasco monárquico (había pillado a su chofer metiendo panfletos monárquicos en el buzón del Ministerio de la Guerra)….

Fueron seis meses muy duros, sobre todo durante los meses de calor en que Carabanchel era una especie de horno. En aquél tiempo en que aún no existía la ETA, ni la droga, ni la inmigración y el terrorismo que hay ahora.

Continuará.  

 
     

                                             

 

              
          
       

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s