El riesgo de la pauperación (Por Rafael Guardiola)

Escribía a un amigo recientemente sobre la futura reforma del mercado del trabajo y lamentaba alguna de las posibles que se vienen comentando, entre periodistas y economistas más conocidos en las mesas redondas de las televisiones; los dirigentes sindicales no dicen nada concreto sobre los posibles proyectos del gobierno, tampoco los empresarios parece que tengan nada que decir, probablemente para no dar ideas contrarias a sus intereses, tanto de unos como de otros. Es preocupante la falta de certezas en que se mueve una cuestión tan importante, tanto por su universalidad nacional, como por el volumen de bienestar que puede y posiblemente debe destruir. La gran preocupación del profesor Jesús González por la futura vida laboral de los jóvenes, tanto universitarios como los que sólo tienen estudios primarios, está totalmente justificada. El futuro inmediato, entre 10 y 20 años, es previsiblemente complicado. Me temo que toda una generación pueda quedar fuera del estado de bienestar que, a pesar de las críticas de algunos, hemos venido disfrutando durante los últimos 20 años.

Aunque el comentario que antecede está referido a España, me temo que la extensión geográfica pueda ser mucho mayor, tanto más cuanto mayor ha sido hasta hoy la parte del mundo en que hemos vivido mejor. No sólo me referiría a Europa, si no también a  los EE.UU. de América. Amin Maalouf en su libro “El desajuste del mundo” da razones suficientes para temer lo que expreso con la mayor prudencia, ya que no trato de alarmar, pero si de advertir para que las novedades que antes o después llegarán, siempre según Maalouf, no nos cojan con el paso cambiado. Este articulillo lo he titulado “El riesgo de la pauperización”, porque así lo llama este autor que sabe de lo que habla. Ahora bien, ¿Podría querer decir, que se podría llegar a los niveles de pobreza de algunos de los pueblos que encabezan la clasificación de tal? Indudablemente no, pero cualquier porcentaje de caída que se produzca en los próximos años, nos será sensible porque no estamos acostumbrados más que al progreso, que con tanto afán hemos conseguido en el último cuarto del siglo pasado y lo que va del presente, hasta que nos atropelló la “crisis”.

Los parados que no encuentran trabajo, ya están sufriendo lo indecible y si la reforma de la que se habla puede ayudar a paliar el sufrimiento de estos, reduciendo su número, pienso que podría perjudicar a los que tienen trabajo hoy, pero lo que sería recomendable aunque yo no me atreva a proponerlo, es que se aceptara de buen grado hasta una medida razonable, que tampoco señalo porque no sé lo que esto representaría, pero que efectivamente diese entrada al mundo del trabajo a la mayor cantidad de gente posible. Los empresarios deberían preocuparse más de mejorar la productividad de sus negocios, que de procurarse una vida muelle como hasta ahora han hecho, salvo las honrosas excepciones que seguramente todos podemos señalar como ejemplo de empresarios.

RGH

 

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