Radicalidad democrática (Por Rafael Guardiola)

El concepto de “radicalidad” se viene utilizando, a nivel popular, como exageración en la intransigencia y existe una mezcla de temor y de rechazo en cuanto se oye que alguien es “radical”. Los que somos de izquierdas distinguimos perfectamente entre los “radicales de izquierdas” y “radicales de derechas”. Supongo que para los versados de derechas no habrá incapacidad de distinguir igualmente ambos conceptos, aunque a veces no lo parezca.  Para mi no hay exageración, ya que lo radical o perteneciente a la raíz, lo que hace pensar es en que el radical es aquel que pone gran interés en el cumplimiento de sus principios, tanto en aquellos que eventualmente beneficien o perjudiquen a sus intereses.

 

Es especialmente llamativo que el verdadero radical vive más preocupado por su obligación en el cumplimiento de hechos concordantes con sus principios, que en conseguir que concuerden con ellos los que le rodean, por ello no puede afirmarse que el “radical” sea un opresor, en modo alguno, las más de las veces es una figura que “clama en el desierto”, pero que jamás obliga, por ello no es de temer. Los “radicales” pensamos lo que conviene al pueblo, después de escucharlo y recomendamos que se apoyen aquellas conveniencias populares que vemos pueden ser posibles  en cada momento. Ponemos gran interés en separar lo imperativamente justo de lo que siendo también  justo, resulta prescindible, estableciendo una escala de prioridades conjugables con las realidades políticas y económicas del momento. La necesidad de aparcar determinadas exigencias ciudadanas, reconociendo sus derechos y beneficios, no puede achacarse a ser oposición a la voluntad popular, si no al reconocimiento racional del momento económico y político que debe defenderse abiertamente ante el pueblo, a quien hay que tener constantemente bien informado de todas las eventualidades  y situaciones por las que el municipio atraviesa.

La postura que los concejales del PSOE, durante toda la legislatura 2007/2011, en el Ayuntamiento de Valdemorillo, ha seguido la constante de rechazar la incomunicación en que este ha tratado de mantener con el pueblo en los aspectos políticos y económicos, ocultando la verdadera situación de su estado económico, tanto en las liquidaciones de presupuestos como en las cuentas anuales y de las veleidades políticas que la Alcaldesa Presidenta ha seguido en cada momento, forzada por acuerdos con promotores urbanísticos, con los que trataba de paliar las deficiencias contables, con aportaciones económicas irregulares a cuenta de proyectos que resultaban inviables, por no atenerse a las normas legales. La fijación de algunos vencimientos en los compromisos pusieron en evidencia el desacierto de la política del Partido Popular en Valdemorillo y que nuestros concejales descubrieron en su momento.

El acierto de nuestro Grupo Municipal, al poner en conocimiento del pueblo, lo que el equipo de gobierno trataba de ocultar ha producido un reconocimiento popular que el PSM ha ignorado, procurando con irregularidades estatutarias, una asamblea para la presentación y aprobación de listas electorales, totalmente ilegal y por lo tanto impugnada por un grupo de afiliados más radicales. No tenemos noticia de la decisión que el Partido debió tomar en su día con las impugnaciones presentadas y seguimos  esperando noticias en la confianza que siempre hemos puesto en nuestro partido.

RGH

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