Maria Giralt: Paseos por la memoria – 4 (Coordinado por Pilar Hiruela)

Pero deseo explicar como sucedieron las otras detenciones anteriores que fueron muy divertidas.

El día de San Isidro del año 1961 decidimos hacer un día de campo. Invitamos a Josefina e Ignacio Aldecoa a comer en Fuente el Saz y hacia las 12 de la mañana nos reunimos.  Ya en el coche Fernando quiso pasar por el quiosco de la Puerta del Sol, donde se encontraba la prensa extranjera. Por el camino Josefina nos dijo que la Puerta del Sol estaría animada, ya que estaba convocada una manifestación (por supuesto  ilegal) a favor de los mineros de Asturias. No sé ahora cuál era el problema de los mineros, pero hacia días que se hablaba de ello y del ambiente tenso de Asturias por este asunto.

Al llegar a Sol y parar junto al quiosco ya encontramos muchos amigos y decidí aparcar el coche para unirnos a ellos. Había mucha gente y también periodistas extranjeros: Blashill del “TIME”, el viejito inglés del “Times” de Londres, Jacqueline d¨Etchevers de France-Presse y muchos otros que habían acudido al desafío que significaba semejante manifestación en esos tiempos y cuyo olfato periodístico les decía que algo iba a pasar.

Cada uno de nosotros encontró y se unió a diferentes amigos, con lo cual nos perdimos de vista. Yo me uní a Madelaine, la mujer sueca de Antonio Saura, y comenzamos a pasear con la multitud  (no demasiado grande, de todos modos) que daba vueltas alrededor de la plaza.

Pero el paseo no duró mucho. Cuando estábamos a la altura de la calle Montera, después de varias intimidaciones de la policía, ordenando se disolviera aquello, se nos acercaron por detrás dos policías que dijeron a Madelaine: “Usted, la extranjera, síganos!”. Por supuesto yo no me separé de ella y mientras cruzábamos la plaza hacia la Dirección General de Seguridad fui preguntando a los policías adónde la llevaban, ya que no era posible que detuvieran sin más a la esposa de un pintor muy conocido, no solo aquí sino también en el extranjero, donde sería un escándalo y toda la prensa  se ocuparía de ello.

Pero todo fue inútil. Al llegar a la puerta de la calle Correos yo me detuve vacilante, ya que a mí no me habían detenido; pero uno de los agentes me dijo: “Señora, usted también”. Por el camino había visto al corresponsal del “Times” y le pregunté si había visto a Fernando. Me dijo que sí, y que se temía que ya estaba detenido. Lo que luego me plantearía una duda: ¿qué declararía él cuando le interrogaran? ¿Qué hacíamos en la Puerta del Sol? Seguro que decíamos mentiras diferentes.

No sé cuántas celdas tiene ese edificio, nos tocaron a las mujeres las que hacen la esquina de Sol y Correos. Estaban frente a frente, dos largas rejas con un pasillo en medio, largas tarimas al fondo o a los lados, con esterotes encima para dormir o tumbarse y bajo el techo las ventanas abovedadas  y enrejadas, por las que veíamos los pies de los que pasaban cerca.

Los funcionarios recorrían el pasillo y varias veces pasaron lista, deteniéndose en un nombre que no respondía. Al fin no sé quién de mi celda dijo: “Se ha escapado!” y el hombre, furioso: “Señora, de aquí no se escapa nadie!”.

Lo gracioso es que, efectivamente, se había escapado. Era una mujer de la limpieza que englobaron con las detenidas (o que quizá, estaba en la manifestación) y que conociendo bien los entresijos del edificio que recorría todos los días, logró escapar.

A poco vino el cocinero a preguntar si queríamos comer paella o no sé qué otra cosa. La mayoría se decantó por la paella que resultó incomible. Pero el hombre era simpático. Esperaba que el día de San Isidro fuera libre para él y se encontraba los calabozos llenos, de señoras “elegantes” comentó.

Lo peor es que nos llamaban una a una a declarar y sabíamos que muchos maridos estaban en otras celdas y podía  haber contradicciones en la declaración de unos y otros. Fernando dijo que habíamos ido a Sol para tomar un “caldito” en Lhardy y yo no recuerdo ya lo que dije. Si recuerdo que me preguntaron qué tenía yo que ver con los mineros de Asturias, lo que debió provocarme, y, muy patriótica, le dije, un problema que afectaba a miles de españoles, me afectaba a mí también. Me dijo que me soltarían por la noche y le pregunté por Fernando.
          -“Su marido ya veremos”
          -“Mi marido no ha hecho nada malo. Soporta mal a Franco y su forma de gobernar, pero ni pone bombas ni hace daño a nadie”.

Como estuvimos en dos celdas, Josefina Aldecoa y Madelaine Saura quedaron en otra, y yo me vi con varias desconocidas y con la hermana de Ferlosio, Carmiña, (hijos de Rafael Sánchez Mazas), la mujer de Caballero Bonald, y Eva Forest, que no dejaba de llamar al guardia pidiendo que le trajeran a su bebé para darle de mamar. Lo hacia solo por molestar, ya que el crío tomaba ya biberones.

He sabido que ahora (Dic. 2003) Eva está con su marido, el escritor Alfonso Sastre, en San Sebastián.

A las 11 de la noche me soltaron no sin antes pasar por un despacho donde estaba “Bili el niño” y otro comisario. Les dije todo lo que me paso por la cabeza en ese momento. Entre otras cosas que tiraban piedras a su propio tejado con nuestra estúpida detención.

 

Fue en 1957 cuando detuvieron a Dionisio y como conocíamos a todos los corresponsales de periódicos extranjeros se aireó el tema todo lo posible, en vista de lo cual Fernando fue detenido también y en a aquellos días fuero a parar a Carabanchel.

Fueron seis meses muy duros, sobre todo durante los meses de calor. Cuando salía
 de  visitarlo en  aquellos días de calor me iba almorzar al Viso, ya que tenia el servicio y las niñas en El Escorial donde yo acudía los domingos. Las niñas creían que su padre estaba en París, haciendo un trabajo. Recuerdo que las hice unas fotos en el jardín  para enviar a Fernando, y Antón Menchaca me contó lo que había disfrutado viéndolas en el jardín lleno de flores, estando allí encerrado.

Por las noches solía cenar con periodistas. Todos estaban al tanto. Blashill, corresponsal de TIME, pasaba en su Volkswagen todas las mañanas a preguntar a Paco, el portero, si yo estaba bien. Paco la daba el parte y se iba tranquilo. La corresponsal de France Presse, Jacqueline d´Etchever, era inteligente y encantadora. Vivía en el paseo de Recoletos con su madre, una viejita típicamente francesa que había sido secretaria de André Gide. Me invitaba a cenar con frecuencia, a veces con otros periodistas y me prevenía contra Blashill que me ponía en contacto con gente del Departamento de Estado y decía que eso no era “información” sino “espionaje”. Yo le decía que me daba lo mismo, y que prefería que el Departamento de Estado supiera bien lo que pasaba en la oposición, de fuentes “no comunistas” ya que éstos siempre deformaban los hechos a su conveniencia. En una cena en casa de Bashill me hicieron una entrevista que publico “The Atlantic Monthly.

La prensa tenía que recurrir a mí porque Fernando me pasaba  los recados del grupo. A veces hacia un fino canutillo de papel y me los daba a través de la malla metálica cuando el vigilante estaba de espaldas. Uno de estos canutillos era un “Himno a la libertad” que escribió Dionisio y puso música Menchaca.

Luz Herrera Oria me decía: “por Dios, ten mucho cuidado, que eres muy atrevida”. Ella y sus hijos estaban completamente cerrados y no querían dar ninguna publicidad al tema. Al fin y al cabo era gente muy de derechas y en el fondo no les gustaba que se supiera fuera los desmanes de Franco. En junio del 96  fue cerrado el diario “Ya” que fundaron  los Herrera Oria hace 70 años así como el antiguo “El Debate”.

Mirando ahora hacia atrás, creo que la peor parte de todo este episodio fue para las mujeres.

Las largas conversaciones entre ellos en la cárcel, con tanto tiempo por delante, fue su entretenimiento principal. Había tanbien un erudito canonista, Torrubiano Ripol, que traía discusiones con Herrera Oria y por supuesto, conociendo a Dionisio y a Fernando, los temas políticos y literarios no debieron faltar.

Cuando después del verano los soltaron, nuestra casa se llenaba de gente  por las noches para escuchar a Fernando que contaba muchas cosas divertidas. En una de esas veladas  fuimos invitados por Concha Rivas a una fiesta con bastante gente a la que interesaba la odisea de Fernando. Estaban allí Elisa Salas, hija del almirante Salas y su marido Escriña. Su hija, Macamen, era amiga de mi hermana y venia mucho por casa en El Escorial. Cual no seria mi sorpresa, cuando en la fiesta de Concha pregunta  Escriña a Fernando “¿Qué tal se vive en Carabanchel?. Me interesa porque yo he construido esa cárcel”. Fernando se quedó clavado, con la boca cerrada y todo el mundo callado, esperando.  Era de lo más violento y fui yo la que respondió: “Pues muy mal. No se ha previsto el consumo de agua, y cuando llega el calor los presos no pueden ducharse, tienen un botijo en la celda para todo el día. Y cuando llueve está lleno de goteras” dije algo así. Escriña se excusó y cambiamos de tema. La realidad es que debió conseguir esa obra por la amistad de Elisa con los Franco.

Quisiera decir algo de José Luis Aranguren y, realmente, no sé qué puedo decir por que nunca he leído sus libros. Es un hecho curioso, esta falta de interés por su obra, porque él, personalmente, me encantaba. Sin embargo nos invitaban él y su mujer Gloria con frecuencia a unas cenas que organizaban periódicamente en un restaurante de la calle Fuencarral. Iban Pedro Laín, Lapesa, ,Maraval a veces, Dionisio, Valverde, Vivanco, Rosales, etc..Recuerdo una de estas cenas en que me tocó al lado Camilo Cela, que interrumpía todos los temas con “tontadas” que no venían a cuento, era sólo  su manía de hacerse el genio y llamar la atención. Cuando no pude más le dije que no tenia ninguna gracia y podía dar su opinión sobre lo que se hablaba en vez de decir patochadas. Ahora no dejan de darle premios que no saben a quien dar porque esta gente política del (PP) no sabe nada de su propio país ni quién es el mundo cultural, que les queda lejísimos.

Nada que ver con José Luis Aranguren que no solo era profesor. Tenia otra faceta entre literaria-ético-política, con sentido del humor y mucha humanidad. Faceta que se acentuó después de su estancia en Berkeley a raíz de la expulsión de varios profesores de Madrid.

Zubiri uno de los pensadores más originales de nuestro tiempo, era bajito pero muy guapo. Tenía unos ojos negros, brillantes, que miraban muy bien y cuando daba conferencias los dirigía hacia el techo, por encima del público; sin duda pensaba mejor así en lo que decía. A poco de llegar a París asistí a una conferencia que dio en la palaza de la Independencia. El público era muy elegante, No faltaban ni María Campo Alange, ni Lilí Álvarez, ni Laín y Aranguren, etc. Lo que decía Zubiri  no estaba nuca claro, ni siquiera para la gente culta  que le escuchaba. Aranguren ha dicho que Zubiri tendría que ser traducido. Pero sonaba estupendamente y le escuchabas con beatitud. Más que una conferencia aquello  parecía un concierto. La sala estaba siempre llena, aunque a la salida todos comentaban que no habían entendido nada. Es una lástima que se expresara de modo tan cabalístico, por que el fondo de su pensamiento debía ser muy interesante. Leo ahora un artículo en “Época”-se acerca su centenario-donde dice que se interesaba por lo cuántico. Luego iba por buen camino.

De vuelta a Valdemorillo.
Próximamente.

 

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