Reflexión para la izquierda sociológica (Por Jesús González)

De nuestro pasado franquista, los españoles sacamos la conclusión: que la política es un negocio, eso ha permanecido en las mentes conservadoras de España como una estigma difícil de erradicar que se manifiesta en la realidad sociológica de una población especialmente fiel a la hora de votar y un perfil no demasiado concienciado políticamente.

El profesor Manuel Villoria, del Instituto Ortega y Gasset y de la Universidad Rey Juan Carlos, ha estudiado el comportamiento electoral español. Villoria considera que en España hay una menor cultura cívica y una visión más negativa sobre la clase política que en el resto de  Europa, se ve en los datos del CIS. Hay poca afiliación, poco compromiso social, El perfil medio del español se traduciría, por tanto, en un votante menos sensible a la corrupción…. “una defensa a ultranza de sus líderes políticos aunque éstos estén acusados de corrupción. Si todos son corruptos, prefiero a mi político corrupto que al de enfrente, que también lo es, sería el resultado lógico de ello”. Sobre asunto también opina el profesor de Cambio Social Ramón Adell de la UNED. …“Antes los políticos eran aficionados. Ahora son profesionales de la política. Ya no hay ideología y el bipartidismo español produce un desapego por la política”.

El caso de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, es paradigmático. Este dirigente del PP ha dado a su partido una victoria electoral tras otra a pesar de ser perseguido por la Justicia y estar imputado por la Fiscalía Anticorrupción por fraude fiscal y delitos contra la Administración pública. Su partido ha superado los ya espléndidos resultados. Tras la aplastante victoria de las elecciones municipales en 2007, Carlos Fabra proclamó que el PP había sido absuelto con sobresaliente cum laude por los ciudadanos. Tras las europeas de 2009, ha declarado: “La gente es muy lista y le preocupa más el paro que saber si Carlos Fabra o Paco Camps somos culpables o inocentes”.

Diversos análisis electorales demuestran que, en España, para desánimo de muchos, Carlos Fabra tiene razón y que incluso se queda corto en sus valoraciones. Las urnas no castigan la corrupción, sino que en muchas ocasiones parece que la premian. En efecto, todo hace pensar que la corrupción da votos”, comenta, mientras pasea por Gran Vía. “Es como si la sociedad española no considerara la ética civil.

¿Por qué las urnas no han pasado factura al PP y, sin embargo, sí han castigado a los socialistas allá donde se han destapado casos de corrupción similares como ha ocurrido en los pueblos de Lorca, Arrecife o Alcaucín, por citar unos pocos?

La elevada abstención prevista en los sondeos para las próximas elecciones, parece indicar que sólo se han acercado a las urnas los militantes, los convencidos. Y en ese escenario, la agresión contra dirigentes políticos por casos de presunta corrupción ha generado una identificación con el líder atacado. El nivel de linchamiento ha beneficiado al PP en Valencia y otros de sus feudos, “El PP juega al victimismo allá donde dispone de un amplio poder mediático y financiero”. Para la profesora de Conflicto Social de la UNED Begoña Alonso “La incertidumbre trastoca al ser humano y los cambios generan indecisión”. “La gente más conservadora es acrítica hacia su propia ideología. No quiere cambiar su posición porque le genera incertidumbre. A la hora de votar se podría decir que el conservador aplica el dicho de más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.”La religión es un factor importante, hay una identificación evidente entre la derecha y la cúpula eclesiástica. Y no olvidemos que el pecado se perdona, pero que en la izquierda nunca hay absolución”.

El catedrático de Ciencias Políticas Julián Santamaría dice que la cultura de la derecha mediterránea genera similitudes entre España e Italia frente a los países anglosajones y los nórdicos, donde los electorados son extremadamente exigentes.

Sin embargo allá donde ha habido casos públicos de presunta corrupción por parte de líderes socialistas, el PSOE ha perdido votos. La mayoría de los consultados hablan de un electorado de izquierdas más estricto, con un alto nivel de exigencia ética. El lastre que pesa todavía sobre la izquierda tras la década de los noventa, con Felipe González en el poder, cuando a la crisis económica se unió el desgaste del poder y casos de escándalo y corrupción. A favor de la tesis de que la izquierda paga un precio mayor por sus desmanes podría sumarse el caso de Reino Unido, donde los laboristas han sufrido un serio revés electoral, a pesar de que las prebendas y abusos de los políticos salpican a todos los partidos, si bien es cierto que este caso requiere un análisis más profundo que tenga en cuenta la crisis de liderazgo del primer ministro Gordon Brown. Los escándalos económicos suelen castigar más a la izquierda. Los escándalos sexuales o que tienen que ver con la moral familiar suelen castigar más a la derecha”.

 

JGM

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