Nuevo despotismo ilustrado: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo” (Por Jesus Gonzalez)

El conformismo con el orden establecido ha calado, al parecer, tan profundamente en nuestros dirigentes, incluso en quienes se autodefinen de izquierdas, que se ha abandonado todo análisis histórico. Si no, resulta difícil de explicar que no se haya puesto en perspectiva histórica lo ocurrido en estos últimos meses para intentar comprender por qué los ciudadanos de una democracia reclaman a gritos precisamente lo que se supone que debe ser la democracia. En mi opinión los movimientos ciudadanos vienen a señalar la rebelión de una buena parte de la sociedad contra una nueva forma de despotismo que, utilizando las elecciones, reformula la vieja máxima del DESPOTISMO ILUSTRADO “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Que se haya optado por la “no violencia” refuerza la conciencia de estar ante una indignación con conocimiento de la propia historia de las protestas sociales, que ha sacado consecuencias negativas de emprender vías violentas. Pero la violencia es compañera del desamparo y si los indignados ya han empezado a tomar nota de eso, sería bueno que la clase política española, en general, la tomara también, porque una sociedad a la que no se ofrece más salida que la aceptación del sufrimiento y cuyas reivindicaciones no son atendidas está condenada a hundirse en el desespero.

Pedir democracia real es un grito de alerta y un gesto RESPONSABLE DE PARTICIPACIÓN EN LA VIDA POLÍTICA, un ejemplo de esa responsabilidad ciudadana que, desde la transición, es el gran tesoro de la maltrecha democracia española. Más aún, haciendo muchas veces exactamente lo contrario de aquello que se prometió para conseguir su voto legitimador. Los indignados ya han demostrado que critican por igual a los partidos de derechas y de izquierdas pero, en tanto que movimiento de masas y por su puesta en cuestión del orden económico afecta a la izquierda sociológica.

La democracia nunca ha entrado en la esfera económica. A los trabajadores se les da el derecho a intentar defender sus salarios y condiciones de trabajo, pero no a participar en las decisiones que después van a redundar en la existencia misma de esos derechos o de ese trabajo. Algo sobre lo que también se ha insistido al plantear la necesidad no solo de controlar a la clase política sino también de avanzar hacia una democracia social y económica.

El castigo al PSOE no ha sido pues por sus pecados ideológicos, como algunos pretenden interpretar, sino por sus pecados efectivos: por convertirse en el ejecutor de los recortes sociales dictados por los mercados. Y bien se lo han recordado al invocar la actitud islandesa de consultar al pueblo y de negarse a pagar las deudas contraídas por los especuladores.

Sería un desatino descomunal que, a nivel local, no se tengan en cuenta las justas reivindicaciones asumibles de una mayor participación de la ciudadanía en la transparencia gestora de sus dirigentes, ver la claridad necesaria para mostrar que los políticos están colaborando con su testimonio económico a la gestión de la crisis que nos afecta a todos por igual y no a unos más que a otros/as.

Me vas a perdonar Andrés, pero me gustaría conocer tu opinión sobre este asunto. No te pido sinceridad porque que sé que llagará por añadidura.

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