Capitulos sueltos: La jubilación. (Por María Giralt)

Hubert Reeves, astrofísico nuclear, canadiense, tiene el aspecto de un poeta loco con una gran calva combinada con melenas, barbas y bigotes. En su libro “L´heure de s´enivrer”, titulo sacado de un verso de Baudelaire, cuenta cosas muy interesantes, por haber sido consejero científico de la NASA y conocer todo el proceso de creación de la bomba atómica, que le horroriza, y del ambiente histérico de esos americanos, y su ansia de poder. Le indigna el comportamiento que esa gente tuvo con Oppenheimer. Después de haberle considerado casi un dios, en el momento en que empieza a dudar sobre la bondad o utilidad de su invento le niega el pan y la sal, y le apartan de todos los medios de investigación, dejándole en completo ostracismo. Parece era un hombre de gran cultura literaria y artística y de una inteligencia, en todos los aspectos, privilegiada-y era un gran cocinero-.

El libro, que tiene como titulo “L´univers a-til un sens”, está por supuesto dedicado a la física y al cosmos; y a analizar las distintas teorías de todos los sabios; y el final es poético y filosóficamente muy bonito –tiene que ver con la gente incapacitada para gozar de la belleza del mundo y que, naturalmente, la felicidad es su sino-, titula su capitulo final “La jubilación”) olvidemos el sentido “laboral” de la palabra y pensemos en (“jubilo”).

Cuenta cómo, de estudiante, había recorrido el río San Lorenzo desde Montreal al mar abierto, haciendo diríamos  que “hitch Liking” en los pequeños barcos que bajaban por el río. A veces pasaba las noches sobre los cordajes. Mirando las estrellas, y viendo cómo  el cielo se iba llenando de reflejos rojos al amanecer. A veces había alguna manada de delfines que seguían al barco, haciendo carreras con él, adelantándose y volviendo de nuevo. Sus vientres brillantes reflejaban el sol al saltar y el espectáculo era precioso.

Un día en que ocurrió esto, llamó a un marinero con el que había charlado la noche antes. Éste subió con otros dos, armados todos de fusiles de caza, y las protestas de Reeves no sirvieron de nada; el mar azul se tiñó de rojo…. Durante el día tuvo ocasión de hablar con el marinero que le contó su vida, llena de desgracias. Un padre borracho, infancia desgraciada y el resto de su vida no había sido más que “des enmerdes”.

Había tenido una ocasión ese día de gozar de un gran placer contemplando el juego de los hermosos delfines, pero no era capaz de apreciarlo. ¿Cómo no iba a ser desgraciado?.

Adoptar el termino “jubilación” que toma de Annie Leclerc, para expresar la facultad que posee el hombre de gozar “sea con la hermosura de la naturaleza o con las maravillas que el hombre ha sido capaz de crear, en Música, o Arte o en Poesía”. Y, siguiendo a Baudelaire, aconseja emborracharse con todo ello –o con lo que más guste-.

Es muy interesante su teoría de que el universo está estructurado como un idioma.

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