Reflexiones de un votante (Por Rafael Guardiola)

Ante la amenaza que supone a la plena libertad democrática de los votantes, por las noticias de las encuestas, que en dramática tromba se ceban cada día  en la credulidad de los ciudadanos, el votante defiende su libre albedrío encerrándose en reflexiones sobre el reciente pasado, el amargo presente y el desconcertante futuro. Fue hasta cierto punto sorpresivo que tras la calma gozada hasta finales del año 2005 entráramos ya en el 2006 en una progresiva dificultad para vender las viviendas, que, con exceso, se había estado construyendo durante más de diez años. Ya lo veíamos venir los que nada tenemos que ver con la industria de la construcción, ni con los establecimientos de crédito, ni con la necesidad de comprar ni vender vivienda. Lo veíamos venir, digo, y en su momento lo mencioné en varias ocasiones en este mismo medio, para alertar de que la construcción era un peligro para las economías personales de promotores, de compradores a crédito, de ayuntamientos y hasta de la banca pública y privada.

 

Ya en el año 2000, siendo concejal, recuerdo algún escrito mío publicado concretamente en La Rosa de Valdemorillo, que aconsejaba al Ayuntamiento a propósito de un Plan General de Ordenación Urbana fallido, que se pensara en un proyecto nuevo en que se incluyera la construcción de un Polígono Empresarial donde cupieran empresas comerciales e industriales indistintamente, para que los vecinos de Valdemorillo pudieran encontrar espacios preparados para ubicarlas y dar trabajo a los muchos ciudadanos que tenían que ir a buscarlo fuera del pueblo y muchos demasiado lejos. Aquella sugerencia estaba soportada en la idea de que la industria de la construcción no podría seguir con la exagerada progresión que se venía observando. Yo no se de construcción, ni de planes de expansión y de sus límites, pero algo se de comercio industrial, que ha sido siempre mi profesión durante mis 45 años de trabajo en tres ramos diferentes, aunque concomitantes entre sí y lo primero que aprendí es que es inútil fabricar lo que no demanda el mercado y el mercado de la vivienda ya estaba sobresaturado entonces, lo demuestra el hecho de que los bancos y cajas de ahorros comenzaran a conceder créditos hipotecarios, cada vez a más largo plazo y cada vez con menos exigencias de garantías sobre las circunstancias personales del comprador. Era una huída hacia delante porque ya estaban notando la caída de las solicitudes de crédito. Para vender más, se concedían  créditos por encima del valor de los inmuebles, con la esperanza de que la revalorización desbocada convirtiera el volumen del crédito, en poco tiempo, en valoración racional y además favorecieron la especulación aceptando dos años sin recuperación del capital prestado, de manera que sólo hubiera que pagar los intereses durante ese plazo. El resultado fue el mayor y más rápido encarecimiento de la vivienda, con lo que los resultados contables bancarios fueron hacia arriba; los compradores sin recursos seguros, animados a comprar lo que no estaban seguros de que podrían pagar y que después van perdiendo su dinero, su vivienda y su solvencia personal ;los especuladores hicieron buenos negocios ocasionales y con la viveza que les caracteriza, desaparecieron cuando vieron que el riesgo aumentaba. Todo un panorama que recuerda más a un casino de juego que a una economía seria, donde como siempre, pierde el ciudadano.

La pérdida de más de un millón de puestos de trabajo en la industria de la construcción, unida al endémico paro que ya venía arrastrando el país de casi dos millones más, reduce el consumo y provoca más paro aún, hasta llegar a la recesión crítica que estamos sufriendo y que no sabemos lo que puede durar. Esta situación se produce con los socialistas en el poder y por lo tanto no me parece irrazonable que la mayor crítica sea para el poder, con el consiguiente retraimiento de un gran sector de sus votantes que vieron hace cuatro años a este partido como el que sería más favorable para sus intereses. Este impulso natural del que se ve perjudicado, aunque todavía no haya recapitulado sobre las circunstancias, produce el resultado que se ven en las encuestas. Un enfado del votante hacia el que ve más comprometido; pero no más que los del partido adversario, el popular, que vieron lo mismo que yo les estoy contando y sin embargo no dijeron nada, en el lugar donde debían, que no es otro que el parlamento español. Nada sobre la construcción, nada sobre la actitud de los bancos, nada sobre los especuladores, que obtuvieron en los dos años de carencia unos beneficios del cincuenta por ciento, sobre los que solo pagaron una pequeña parte, cobrando en “negro” la mayor. ¿Para qué iban a decir nada los del PP si habían propiciado las circunstancias con su Ley del Suelo?

Por eso quiero decir a los votantes, a los que votaron al PSOE en las últimas elecciones, que no se arrepientan de ello, lo hicieron bien ¿Y esto cómo se demuestra? Reflexionando sobre lo acontecido en la política aplicada, que ha producido una enorme deuda pública. Reflexionando por qué se produjo. La contestación les vendrá fácil, se produjo para seguir manteniendo, con muchos menos ingresos, unos servicios públicos intachables hasta el momento, a pesar de alguna comunidad autonómica gobernada por el PP. Se produjo para pagar a los parados sin cobertura, por haber superado el plazo de cobro del seguro de paro, y que puedan seguir dando de comer a sus familias. Para seguir pagando los sueldos de los funcionarios públicos, del ejército, de la policía, de la guardia civil y también de los políticos, porque no todos son ricos, lo son los menos. Para impedir que más empresas, por falta de liquidez hayan de despedir más trabajadores, se ha ayudado a los bancos a mantener sus ratios de solvencia, aunque después hayan restringido sus créditos a la empresa productiva para colocar sus fondos en productos más lucrativos.

Cuando vayan los votantes llegando a conclusiones, del por qué de la deuda, verán que el Sr. Rajoy no tiene razón cuando dice lo de no gastar más de lo que se tiene. Hay circunstancias que no vale la regla, ni a nivel público ni privado. Si el Sr. Rajoy aplicara esa regla desde la presidencia del gobierno, se daría cuenta que se había equivocado, porque no creo que se atreviera a dejar morir de hambre a los trabajadores sin trabajo. ¿O sí? A desatender a los enfermos que no pudieran pagar la medicina privada. ¿O si? A dejar sin escuela a los niños que sus padres no puedan pagar escuela privada, o no puedan pagar los libros. ¿O si?

Pensad compañeros votantes en estas consideraciones que dejo apuntadas y en otras muchas que seguramente se os ocurrirán y veréis que las encuestas que se van dando a conocer son más producto de la incomodidad y el apuro en que estamos metidos todos los españoles en esta maldita crisis.

RGH

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