Política, sociología y economía (Por Rafael Guardiola)

Hay una definición clásica, nunca desmentida, de que la política es el arte de lo posible. Sería una locura no estar de acuerdo con una de las pocas razones de coincidencia que existen en el mundo de la política, pero no sería ningún atrevimiento extravagante si tratáramos de centrar por medio de la aplicación lógica el alcance de tal definición. Al menos yo lo voy a intentar, a sabiendas de lo resbaladizo que puede resultar la concreción de una idea que es punto de apoyo para la gran palanca de la gobernación de los pueblos.

Lo posible no es forzosamente la antitesis de lo imposible, porque esto último carece de viabilidad ejecutiva y la primera condición de la política es poder ejecutar resoluciones para el buen ordenamiento de la gobernabilidad. Hablaré, pués, sólo de lo posible, que en su concepto más primitivo, pero más natural es cualquier cosa que puede ser o suceder y por lo tanto es un compendio de alternativas totalmente ejecutables. Podría decirse que lo posible es todo lo que puede acomodarse matemáticamente a una realidad existente en cada momento. En política lo importante es acertar con la posibilidad más acertada al fin que se persigue; consistiendo en ello la buena o mala política. No sería aceptable que los políticos aplicaran fórmulas de gobernación porque simplemente lo estuvieran haciendo en otros países diferentes al nuestro, en los que aparentemente los resultados fueran positivos, pero aún sería peor que aplicaran fórmulas políticas para salvaguardar intereses ajenos, sin conocer antes que pudieran ser favorables a los intereses de España.

 

Estamos viviendo una crisis económica y social que está produciendo  un gravísimo daño a las familias, a los ciudadanos, especialmente a  aquellos que queriendo trabajar no lo pueden conseguir por falta de puestos de trabajo. Desde los medios políticos se nos dice que hay que apretarse el cinturón, que hay que volver a la pobreza. ¿A qué pobreza? ¿Se refieren a la pobreza de la postguerra, con las carencias de artículos de primera necesidad? Seguro que no, porque la situación es exactamente la contraria. Los mercados de todas las cosas están repletos, la oferta supera a la demanda, lo que impide el consumo es el vehículo de cambio de trabajo por capacidad de consumo. Si todos trabajaran habría consumo y por lo tanto no habría crisis. Los consumistas carecen de la posibilidad de pago y han dejado de consumir y por lo tanto las empresas han dejado de producir lo que no van a poder vender, reduciendo los puestos de trabajo y la producción al nivel que aún pueden vender. Ante esta situación los políticos toman decisiones “posibles”, ¿Pero convenientes? Aquí está el nudo gordiano. Estamos en España tomando decisiones que nos vienen dictadas de países inmersos en las corrientes Neoliberales, porque nos tienen atados a la protección del euro, que cuando llega el caso, como en la exportación, nos impide desarrollar una productividad competitiva a nivel internacional y para paliar este cinturón de hierro, lo único que se les ocurre a nuestros políticos, de acuerdo con los empresarios, es reducir el poder adquisitivo de los trabajadores que aún quedan y que por lo tanto aún reducirán más el consumo creando más paro. La incidencia de la mano de obra en la productividad es mucho menor que la que podrían ejercer los empresarios renovando sistemas de trabajo y maquinaria, eliminando de sus programas productos de baja demanda y aumentando otros más modernos que tengan buena acogida en los mercados extranjeros, esto si que crearía puestos de trabajo, pero para ello harían falta capitales, vía crédito e imaginación empresarial que nunca ha faltado en nuestro país. Conseguir esto sería una buena política y de aplicación “posible”.

Con el viento neoliberal que nos arrastra, sólo podremos mal vivir hasta alcanzar límites que la sociedad no pueda soportar, no sólo en el terreno socio económico, sino también en el político. No podremos comparar la situación de Grecia a la nuestra porque allí concurrieron circunstancias específicas diferentes, pero las reacciones populares no siempre responden a consideraciones ponderadas por lo que nuestro gobierno debiera estudiar mejor las recomendaciones de nuestros economistas como Juan Torres de la Universidad de Sevilla o de Vicens Navarro de la Pompeu Fabra, de Barcelona que tienen muy bien razonados  los posibilismos nacionales, más próximos a las teorías de J,M,Keynes, que ya fueron ensayadas en dos ocasiones aunque en la primera, dirigida por él mismo, no le dejaron rematar con éxito. La segunda vez se plasmó con el Plan Marshall,cuyo éxito todos conocemos. El sistema, en síntesis consistió en inyectar dinero para la reconstrucción de Europa, después de la segunda guerra mundial,  permitiendo a los países en ruina presupuestos expansivos en contra de los que aquí aplican totalmente restrictivos. Si Europa no aplica una política en ese mismo sentido abandonando la idea del déficit bajo, no saldremos del agujero, eso dicen los que saben y no tienen compromisos previos con los países que manejan ahora la Unión Europea.

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