El que busca la verdad,… corre el riesgo de encontrarla (Por Jesús González)

Hombres y mujeres grandilocuentes, que fundamentaron su verdad en la esencia del engaño y con perjurio nos hicieron ver que el mar era el cielo y que la noche era mañana…. Forzándonos a olvidar, que entre los deberes más considerados que el hombre ha pretendido en su paso terrenal ha sido salir al encuentro de la Verdad, la que alumbrará nuestras mentes dando respuesta a todos nuestros interrogantes, para inclinarnos, según los hindúes, a los pies del que sabe secarnos las lágrimas del desconcierto.

Tal vez por eso la naturaleza humana radica en el espíritu, quizá por ello no todos los hombres podamos llegar a conocer plenamente la verdad, pero la educación debe llevar al individuo a descubrir lo cierto y vivir conforme a ello con la honestidad necesaria.

Somos seres sociales con impulsos, sin los cuales sería imposible conservar la vida, tener experiencias de aprendizaje o promover la cooperación entre personas dentro de un contexto democrático. Y lo que resulta fundamental la tarea de realizarse, educarse y desarrollarse en el trabajo.

 

La verdad nos sirve para distinguir un conocimiento verdadero de uno falso y su prueba de verdad, nos vale de patrón para diferenciar la realidad de lo falso, y no puede ser la autoridad quien quiera su exclusiva. Un juicio no puede admitirse como verdadero por el solo hecho de ser formulado por y desde el poder. La verdad no es absoluta e inmutable, sino relativa; esto es, depende del entendimiento humano, y está sometida a las variaciones de los hombres o los tiempos. El criterio de la verdad nos lleva a preguntarnos: ¿Qué nos presta la certeza de que nuestros juicios, además de verdaderos, sean ciertamente auténticos? ¿En qué conocemos que un juicio es verdadero o falso? El hombre, como dijo Einstein, tiene un profundo anhelo de certeza en sus conocimientos. Existen diversos campos de verdad, cada uno de ellos aceptables dentro de sus propios límites. Por eso en la búsqueda del conocimiento debemos preguntarnos ¿cómo llegaremos a saber lo que desconocemos? ¿Cómo podemos saber qué es lo que queremos? ¿Qué buscamos preguntando? ¿De dónde pueden proceder las respuestas válidas? ¿Cómo hemos obtenido el conocimiento? ¿Hasta qué punto estamos seguros de él? ¿Cómo podemos ampliarlo, depurarlo o mejorarlo? Sabemos las cosas porque otros nos las han dicho, las hemos estudiado y por experiencia propia. Pero ¿hasta qué punto estamos seguros de lo que sabemos? ¿Quién nos puede asegurar que lo que damos por cierto, no será descartado después? Lo que hoy nos resulta verosímil o aun probable siempre puede estar sujeto a revisión. Por eso es importante tener criterios de verdad y razonar desde la honestidad de una búsqueda desinteresada, si queremos fundamentar nuestros conocimientos. Todas nuestras fuentes de conocimiento han de pasar por el discernimiento crítico y riguroso de la razón, que verifica, organiza y busca coherencia en lo que sabemos, así sea provisionalmente.

La inteligencia, el conocimiento y la razón nos conducen a la tolerancia, en ningún caso la aceptación forzada. Es incompatible la inteligencia y el conocimiento con la intolerancia y cuando esta intolerancia se produce la razón habría que buscarla en la soberbia.

En una tertulia, que había abierto el gallego Ramón María del Valle-Inclán en el Café de Levante, con los intelectuales de la Generación del 98 y artistas. Pío Baroja hablando de los españoles y de sus distintas clases, dijo: “En España hay siete clases de españoles… sí, como los siete pecados capitales: los que no saben, los que no quieren saber, los que odian saber, los que sufren por no saber, los que aparentan que saben, los que triunfan sin saber, y los que viven gracias a que los demás no saben.

No es menos cierto, que a la hora de conocer nuestra verdad desnuda, si no nos gusta la foto…somos capaces de engañarnos a nosotros mismos,.. el colmo de la idiotez Según nuestro poeta Antonio Machado: “La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés”.
Intentemos ver nuestra verdad, mostrémosla y aceptemos que otras verdades podrían ser posibles. Pero ojo no confundamos disfrazando la falsedad vendiéndola como verdad. No es posible ser noche y el día al mismo tiempo, aunque lo juremos por Dios.

JGM.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s