La crisis económica deriva de la corrupción (Por Jesús González Martín)

La corrupción puede ser entendida como el menoscabo de los principios por los que se rige una sociedad, o, más estrictamente, como el abuso de las funciones y los recursos públicos para el beneficio privado. También como una forma social de intercambio secreto por el cual los que detentan el poder, tanto político como administrativo, obtienen un beneficio, de un tipo o de otro, del poder o de la influencia que ejercen en virtud de su posición o de sus funciones. En todo caso, causan graves daños a la sociedad, a los ciudadanos, a los políticos y funcionarios, a las empresas y a todos los implicados: los servicios y bienes públicos son más caros y de menor calidad, se reduce la credibilidad del sistema político y la democracia, se pierde la transparencia necesaria en tantos procesos económicos y políticos, se perjudica la competencia y, lo que es más grave en el largo plazo, se ponen en marcha procesos de aprendizaje social y moral por los que los propios interesados, los afectados y, a la larga, toda la sociedad, se ven impulsados a practicar conductas inmorales e ilegales.

Nuestra crisis económica deriva de la corrupción, del manejo o trasgresión de las normas que rigen el sistema económico. Está siendo un cáncer social que amenaza nuestra estabilidad de vida que nos obliga a la busca de culpables dentro de nuestro entorno más próximo. Planteándonos, desde ahora, un nivel de tolerancia cero. Las creencias y reacciones emocionales sobre la corrupción están teniendo consecuencias sociales importantes de inestabilidad política o económica.

 

Con la crisis se han incrementado las comisiones bancarias, se ha bloqueado el acceso al crédito y se ha reducido la remuneración al ahorro, Sin embargo el testimonio de austeridad de la clase política local brilla por su ausencia, fijándose sueldos de escándalo que no se justifican el trabajo, además repartiendo tapabocas para los funcionarios cómplices que ejercen de testigo de cargo.

Quienes más han contribuido a la crisis quieren cerrarla pronto sin reformas que amenacen sus privilegios. Pero el cierre en falso de la crisis, sin las reformas necesarias, impediría acceder a un nuevo equilibrio, y sería el germen en un futuro no muy lejano de una nueva crisis más profunda y devastadora.

En definitiva, la labor en la detección de los distintos niveles de corrupción y la acción sobre ellos debería abrir una línea de trabajo continuo. Se debe sensibilizar y educar a quienes operan en el sistema financiero sobre las consecuencias negativas que, a corto y largo plazo tiene la tolerancia de la corrupción. Es preciso transmitir a nuestros políticos locales la idea de que frente a la corrupción sólo cabe la prevención, eliminando aquellas situaciones que conllevan riesgos de irregularidades que se vuelven contra quien las tolera o contra todo el sistema en su conjunto.

Ante esta situación, hacemos un llamamiento a todos los ciudadanos de nuestro pueblo, a toda la ciudadanía para implicarse más en el control de la gestión económica, de la administración de nuestro dinero. Hay que preguntar a los políticos, asistir masivamente los plenos del ayuntamiento, reclamar información para obligar a hacer públicas las facturas. A los profesionales sanitarios y a los sindicatos: que no acepten ni una sola rebaja más, ni un sólo despido, hasta que la gestión sanitaria quede libre de corrupción y sea transparente.

Las razones por las que la corrupción es moralmente rechazable son, principalmente, la deslealtad con la empresa, administración o institución para la que trabaja el extorsionador o el que recibe el soborno, la injusticia con el que paga ,si no tiene título legítimo para obtener lo que solicita, y con los demás proveedores o competidores que no recurren a esos procedimientos ilícitos, la injusticia a veces con la empresa que paga el soborno o cede a la extorsión debe hacer frente a un coste mayor, la falta de solidaridad con terceras personas, etc.

La corrupción es el resultado de tres factores: oportunidad, beneficio y riesgo. La oportunidad viene dada habitualmente por la concentración de poder de decisión en una persona u organismo, sin el control suficiente; el beneficio se deriva de los ingresos que puede obtener el corrupto, que estarán relacionados con los beneficios o costes que puede hacer recaer con su decisión sobre el que paga; y el riesgo se refiere a la detección de la corrupción y a su castigo. La lucha contra la corrupción se orienta, pues, a la reducción de sus oportunidades y beneficios y al aumento de sus riesgos.

La sociedad en general debe hacer un análisis crítico y de autocritica en profundidad, tomando conciencia que pagamos de manera directa la mala gestión y todo aquello que se pueda derivar de cualquier despilfarro. El dinero no nos llueve del cielo, sale de nuestros bolsillos en forma de impuestos directos o indirectos.

Mientras que la ciudadanía no tome conciencia social, percatándose que el sueldo de todos los políticos sale de nuestros bolsillos y de nuestro trabajo. Difícilmente llegaremos a plantear el nivel de exigencia necesario para que el político o funcionario se sienta justamente controlado. Con el control necesario la corrupción se hace casi imposible.

JGM

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