Quinientos puntos, prima de riesgo. (Por Rafael Guardiola)

Ya hemos llegado al hito que tanto se temía. Las rayas rojas, como se dice ahora, para señalar el límite de la inconsecuencia o de la debilidad. Sin embargo los cabildos de los economistas del Gobierno, insisten en continuar por el camino que nos ha llevado a esta situación. Algunos se preguntarán cuál es “esta situación”. Los parados son los que más saben de ello, después todos los que viven de su trabajo, que aún conservan, pero que les tiene altamente preocupados, porque en el fondo deben pensar, ¿Por qué esos están en el paro y no yo? ¿Cuánto me queda para que me toque a mi? Es normal que así sea y el que no lo piense es porque sacude de su mente los pensamientos desagradables y se sume en un magma irresponsable, pero comodón. El disgusto ya me lo llevaré después. Puede que esta actitud sirva para evitar la depresión, pero también desprotege de otras realidades que a nivel individual podrían tener paliativos, preparándose con antelación, para los malos tiempos que  el mismo Gobierno advierte por boca de su Presidente.

 

El señor Rajoy, desde su demostrado simplismo, insiste en que la política adecuada para superar la crisis es la que le señalan desde Bruselas. Si verdaderamente considera que es así debería notar alguna mejoría y explicárnosla porque hasta ahora lo único que nosotros vemos es lo contrario. Vemos que el punto de debilidad a que ha llegado la economía nacional es el de la mayor desconfianza que han expresado los mercados hasta el momento; de los mercados hay que aceptar su percepción interesada,  consecuencia de la afectación que sus intereses tienen con el acierto o no en sus inversiones. Ciertamente que, cuando se dice que se ha vendido mucho, hay que convenir que también se ha comprado y en el mismo volumen, pero más barato y en eso consiste precisamente la confianza o desconfianza que en nuestra recuperación puedan tener los mercados, expresadas estas percepciones en la  valoración numérica de la llamada “prima de riesgo”. Este sistema que resulta muy efectivo para poder calcular cuánto nos va a costar la deuda futura, no es, ni mucho menos, automáticamente exacto, pero sí nos da idea aproximada de la valoración que nos atribuyen como deudores, los que nos prestan  y ahora es técnicamente muy baja.

¿Ha llegado la infravaloración de confianza al punto crítico de no podernos financiar con el crédito de los mercados? Porque son dos los parámetros que hay que considerar. Primero que nos nieguen el crédito a ningún precio; segundo que conseguirlo sea a un precio tan elevado que nos lleve a la ruina del Estado. Hay que prever ambas cosas para saber que, al no servirnos ninguna de estas, ya estaríamos en la necesidad de solicitar el temido “rescate”.

A nivel de las cuentas públicas  habríamos llegado a una indeseada solución, pero es que las necesidades de la población son otras mucho mas importantes y de estas lo único que se oye es que hay que apretarse el cinturón. Decía el señor Rajoy que había que ahorrar un poco cada uno y el que esté en paro y no puede, pues que no ahorre, al tiempo se propone un “prepago” para la asistencia médica, una reducción de profesores en la escuela aumentando el número de alumnos en las aulas, una reducción de hospitales o de quirófanos en otros, un aumento de la inflación a través del encarecimiento de los servicios públicos como el transporte, la electricidad, el gas, los carburantes, etc. Reducción de los sueldos de funcionarios. Todo conducente a reducir el poder adquisitivo de los ciudadanos, con lo que se reducirá el consumo y por lo tanto la actividad económica, el empleo y  la cuantía del producto interior bruto. Puede haber quien piense que con el abaratamiento de la mano de obra que se prevé con la Reforma Laboral, se podrá aumentar la productividad para competir con suficiencia en los mercados internacionales. Pensamiento completamente equivocado, si se tiene en cuenta la relación que existía entre el dólar americano y el euro. Ambas monedas estaban casi a la par desde el principio del euro, incluso algo más alto el dólar, sin embargo con las devaluaciones llevadas a efecto sobre la moneda americana  durante los últimos ocho años, la relación quedó en 3/5 favorables al euro, impidiendo la competitividad europea en los mercados internacionales con los EEUU, situación que no se ha intentado corregir por parte de la UE, dejando toda la ventaja a los americanos en la exportación, siendo la participación de los costos laborales de las empresas, enormemente menor que el desequilibrio existente en el cambio monetario.

Seguramente esta escalada de competitividad debió haber sido intuida y  calculada meticulosamente por Inglaterra, dando lugar a su negativa para adoptar el euro. Los responsables de la zona del euro deben actuar lo antes posible sobre la competencia monetaria, actuación que sería completamente definitiva sobre la productividad que nos abriría los mercados internacionales. Esta medida sería una forma de pagar la crisis repartiendo el costo entre toda la población europea.

 RGH

 

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