El secreto del Aulentina (Por Enrique Suja)

El río Aulencia, tributario del Guadarrama, nació en la última de esas piruetas que hace la tierra cuando se desvía de su eje y cambia de posición, lo que según los sabios se repite cada 26.000 años. Nadie sabe quién lo  pronunció por primera vez ni lo que significa su curioso nombre Aulentia-Aulentina, con resonancia de musa. La raíz de la palabra Auilencia parece tener un claro origen oriental, griego, tal vez recogido dentro del entorno egipcio, donde existen diversas poblaciones con idéntica raíz.

Desde aquí pudo pasar a Siria y Grecia, donde Aule es un estadio de 180 metros, los griegos aportan y distribuyen el elemento radical en un contexto de comercio que seguramente vincularía las minas de nuestro entorno con la sal de Cuenca que consideran, según Estrabón, la mejor del mundo. Esta palabra también conserva la típica declinación romana NTIA, que  presupone un doblamiento anterior, como sucede con NumaNTIA, PalleNTIA, TermaNTIA, SegoNTIA, etc.

Su cauce, al que sólo le falta el agua para ser río, resulta una y otra vez atravesado por los diferentes elementos viarios de nuestra civilización como la vía romana de Titultia y Miacco, conocida como Al Balat Humayd en el siglo IX, la Cañada Real Segoviana, el Camino Real entre Segovia y Toledo y otros caminos menos trascendentes como la vereda del Camino de El Pardo a Val de Moriello (1)conocida posteriormente como Camino de Madrid a Robledo de Chavela o la senda de Valdemorillo a Navacerrada  en 1342. Se ha cargado de historia al relacionarse de cerca con los hombres de las diferentes culturas que han dominado la península, pues en su terraza cuaternaria se asentaron romanos y visigodos. Siempre ha mantenido un maravilloso entorno cinegético y sus riberas y cabezos son referenciados en el  Libro de Las Monterías de Alfonso XI, cuyo entorno y fauna que lo poblara está descrito en las Relaciones (2) “… este bosque y dehesa era muy espesa y muchos montes, y muy grandes, y de mucha caza, y de muchos osos, leones, venados, jabalines, ciervos, corzos y lobos y otras alimañas…” Carlos IV en 1793 limitó el Coto Real con monolitos de granito de varias toneladas, así que está acostumbrado a tratar con la más alta nobleza; Felipe, al edificar el Monasterio de San Lorenzo convirtió su nacimiento en Real Sitio, mientras su desembocadura la guarda el Castillo de Villafranca, que edificara en 1433 el Contador Mayor de D. Juan II, D. Alfonso Álvarez de Toledo (3).

En la zona más baja del río parecen haber existido unos palacios góticos de los reyes de Trastámara D. Juan II y D. Enrique IV, que Doña Isabel de Castilla mandó asolar hasta los cimientos (4). En ellos se pudo celebrar alguna de aquellas fiestas fastuosas que organizaba D. Beltrán de la Cueva. También es posible que el Señor de Casarrubios tuviera alguna relación particular con Valdemorillo, situado a escasos  cinco kilómetros del río, donde cuelgan sus blasones las casas de Aguilar, Morillo, Valcarcel, Quiñones y Luna. Tanto frenesí cortesano le permite mirar de soslayo a su hermano mayor el Guadarrama, del que hoy recibe tributo, al que considera un simple Quad.

Sus orillas han sido profundamente horadadas en busca de vetas de feldespato y caolín, y sus aguas amansadas en represas y reconducidas a los molinos que han proporcionado el pan, desde muy temprano, al poblamiento del entorno, hasta que Felipe II mandara retener sus aguas en la fresneda para el servicio del Monasterio (5). Para el menester de la molienda existen en el río restos de siete molinos harineros. Junto a los linares de su nacimiento existió en 1575 un pequeños molino con su casa, caz y rueda, propiedad de Alejo de Susana, además del batán y lavatorio para la ropa de los monjes, situados en el arroyo de la Herrería, donde también funcionaron un molino de papel y un ingenio para serrar mármol, también llamado molino para labrar jaspes (6). El molino situado a la salida de la Herrería, construido entre 1576 y 1578, fue financiado por la corona y estaba destinado a elaborar la harina para el monasterio; estaba dotado con seis piedras redondas que fueron realizadas por Antón Lozano (7).

Un poco por debajo de él, en la margen derecha, se  encontraba el molino del cacique Miguel García de Susana que, por ser particular, mantuvo grandes litigios con la administración del monasterio.

Apenas dejamos el espacio escurialense encontramos, en la margen izquierda, el molino del Bachiller Alonso de Vivar, vecino de Valdemorillo; se trata del último molino de la zona alta del río. Después de la Guerra Civil D. José Azañedo instaló en él la maquinaria que se salvó del bombardeo de la fábrica de harinas de Valdemorillo. El moderno pantano de Valmayor ocupa el siguiente tramo del río sin que tengamos noticias de ninguna construcción hidráulica que pud8era haber quedado sumergida, como sucediera con un tramo de la Cañada Real Segoviana. El siguiente molino está situado en la margen derecha del río, allí donde lo cruza la Vereda de las Viñas Viejas, camino de Valdemorillo a Navacerrada en 1342, el mismo camino donde se encuentra la venta de Aleusis (8); Alensis (9); Aulencia (10); modesto y relativamente moderno como el molino de la Bernarda, y aun pueden observarse entre sus ruinas las dos muelas de 1,50×50 realizadas en cuarzo.    

Aguas abajo, también en la margen derecha, encontramos el molino de D. Juan Falcó, actualmente sumergido en la presa del Aulencia y que se construyó en los años 50, situado al pie de la mina de La Agujera; se trata de uno de los tres emplazamientos propuestos “…para un molino de doce muelas para triturar el cuarzo….” (11) El último de los molinos existentes en el río está situado en la salida del cañón que se forma en torno al monte Cabeza Aguda; se trata de un molino de doble circulación, único de estas características, que nos habla del aprovechamiento intensivo del caudal y de la cantidad de grano por moler. La referencia más antigua de su existencia aparece en 1302, “…el molino de San Martín, que fue de Pero Martín, que es de Haulancia Ayuso…” (12). Es conocido como el molino Tejado en 1420, cuando parte de su recorrido constituye zona fronteriza entre las tierras de Segovia y las tierras del Duque del Infantado (13). La falta de agua para moler aquí, a raíz de la construcción del monasterio, motivó las protestas de los pueblos del entorno, recogidas en las Relaciones “…antes solía faltar dos o tres meses en tiempo de toñada, e agora suele faltar cuatro o cinco meses en años que son secos…” (14) A finales del siglo XX se le conoce como molino de San Marcos o molino de Sopas.

A partir de este punto nos adentramos en el paraje conocido como Politomena, del latín Politos y MENA, otro de topónimos emblemáticos que conserva el río, es la zona más saturada en explotaciones y construcciones y po9r ello la más interesante. Trescientos metros aguas abajo del molino de San Marcos y en la margen izquierda existe, junto al p9ontón romano, una construcción con apariencia de molino (15) que ha sido evidentemente remodelada y reedificada en el algún tiempo ignoto, el canal aductor de cinco metros de ancho y de setecientos de recorrido, comienza un azud con mas de setenta metros de muro, todo lo habla de la importancia de esta edificación. Cuatrocientos metros más abajo se conservan los últimos vestigios de obra hidráulica existentes en el río. Se trata de una represa construida con piedras trabadas con argamasa de excelente calidad que presenta escalonada la pared interior. El rebosadero se convierte en un canal de cuatro metros de ancho que llevaría el agua a un molino, supuestamente romano, reciclado como lateral de puente en la primera mitad del siglo XV. Durante los tres siglos posteriores el rio discurre en silencio hasta que la corona redescubre los filones de caolín que utilizará en la fábrica de porcelana de La Moncloa, explotación continuada por la Comandita, que liderada por D. Juan Falcó, fabricará loza fina en Valdemorillo a partir  de 1845.

A las puertas del tercer milenio ha visto agotarse sus ricos filones, secarse sus alamedas y emigrar al estornino, al vencejo, al rabilargo y al petirrojo, a los que no gusta vivir en una sucesión de charcos malolientes; incluso la poca caza que existe, se ha alejado de sus riberas. Es evidente que las ninfas están incómodas.

(1)   Libro de Las Monterías, de Alfonso XI. 1342.
(2)   Relaciones Histórico Geográficas. 1575.
(3)   Ayto. de Villanueva de la Cañada. 2000.
(4)   Relaciones. Ibid.
(5)   Relaciones. Ibid.
(6)   Sánchez Meco. El Escorial, Ce comunidad de aldea a Villa  de Realengo.
(7)   Sánchez Meco. Ibid.
(8)   Colón, F. Descripción de todos los caminos de España. 1910.
(9)   Repertorio de Meneses. 1576.
(10) Sentencia de 1562.
(11) Sierra J. y Tuda I. Las Lozas de Valdemorillo. 1996.
(12) Documento segoviano. G. Conto. 1996
(13) Real Sentencia de Valladolid. 15-9-1420.
(14) Relaciones Histórico Geográficas. Ibid.
(15) Molino I.G. Molino Sr. Méndez I.G. 1966.

 

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