50 Aniversario del Contubernio de Munich (Por Municipios 21)

A partir de 1957 las fuerzas políticas y sindicales del interior, en lucha contra la dictadura, se dotaron de estructuras formales aunque clandestinas, y consiguieron, a pesar de la represión, una cierta visibilidad política ; se inició una relativa apertura económica al exterior y con ella una moderada liberalización de la economía española; el desarrollo económico y sus sucesivos Planes de Desarrollo, se convirtieron en el objetivo capital de la política económica franquista; y la emigración y el turismo acercaron los usos sociales de los españoles a los de sus vecinos europeos.

 

1962 comenzó con importantes huelgas y manifestaciones  obreras continuación de las iniciadas a finales del año anterior. Los cierres de empresas  se encadenan en el País Vasco, Asturias, León, Valencia, Cartagena y Jerez. Son acompañadas por las movilizaciones estudiantiles de Madrid y Barcelona. Se suceden las detenciones y las represalias. Todo esto hace que para la primavera de ese año cambiara el comportamiento de la ciudadanía, su forma de organizarse, su enfrentamiento al poder, su propia conciencia de protagonismo. La Iglesia ve como en su seno crece un sector mas avanzado, solidario y comprometido con los movimientos sociales en marcha. Igualmente la intelectualidad se posiciona reclamando libertad de prensa e información y secunda las reivindicaciones de puesta en marcha de mecanismos de negociación de las condiciones laborales.

En esta situación Europa se convierte en el único horizonte posible tanto para los políticos como para la sociedad civil española. Esto es lo que explica que el franquismo quiera salir de su ostracismo internacional y para ello intentara poner en marcha una estrategia de acercamiento al Mercado Común.  El 15 de enero, el Parlamento Europeo aprobó el informe Birkelbach en el que se fijaron las condiciones políticas para el ingreso de cualquier país en la Comunidad Económica Europea ; el 9 de febrero, el gobierno franquista, olvidándose de ellas, solicitó la adhesión de España a la Comunidad. Finalmente, en junio, en el marco del IV Congreso internacional del Movimiento Europeo que tiene lugar en Munich, 118 demócratas españoles, de los cuales 38 procedentes del exilio, y 80 del interior, se reunieron los días 5 y 6 en el Hotel Regina Palace de dicha ciudad. Los españoles procedentes del interior, cuyo portavoz es José María Gil Robles, se oponían a reunirse con los del exilio para discutir conjuntamente los términos de la resolución que ha de someterse al Congreso, por lo que se decidió constituir dos comisiones y comenzar las deliberaciones por separado. El buen ambiente y disposición de los asistentes posibilitó que los  delegados participaran indistintamente en una y otra comisión y a que en la reunión final todos estuvieran presentes y aprobaran  por unanimidad la resolución.

Sin embargo para alcanzar dicho acuerdo fue necesario superar las diferencias relativas a la libre elección del régimen político (monarquía o república) y a la forma de organización territorial del futuro estado democrático (unitario o federal). Sobre este segundo punto acaba encontrándose una formula genérica de compromiso (“reconocimiento de la personalidad de las distintas comunidades nacionales”); pero sobre la primera resultó imposible conciliar las posiciones antagónicas entre quienes proponían un plebiscito para decidir la forma política del Estado y quienes consideran innegociable el reconocimiento previo de la monarquía. Ello llevo a eludir toda decisión concreta y a dejar el tema abierto, recurriendo a la formulación genérica de: “instauración de instituciones auténticamente representativas y democráticas”. El 8 de Junio, el Congreso del Movimiento Europeo, a pesar de las gestiones en contra del enviado especial del gobierno de la dictadura, discutió y aprobó, por aclamación, la resolución de los demócratas españoles. Según ella, todo país candidato a la integración europea debe tener instituciones democráticas y representativas, condición que la futura España democrática, simbólicamente representada por los 118 delegados españoles allí presentes, se compromete a aceptar a la par que reitera su voluntad de incorporarse a la CEE. Después Salvador de Madariaga y José Maria Gil Robles glosaron, entre ovaciones, el contenido de la Resolución.

Munich, como señaló Madariaga, supuso el fin de la Guerra Civil. La convergencia en un mismo futuro de las fuerzas históricamente democráticas del exilio y de los nuevos demócratas del interior -muchos procedentes del franquismo político o social-, avalada por los representantes de los grandes partidos europeos, representaba una alternativa al franquismo que no podía menos que inquietar al dictador. Pero, además, las huelgas de febrero en Bilbao, Valencia y Cartagena, y las de Abril y Mayo en León, Asturias, Cataluña y Madrid eran un poderoso resonador popular de esa alternativa. Franco reaccionó con dureza. La suspensión del art.14 del Fuero de los Españoles le permitió condenar a los participantes al exilio o al destierro y una campaña de prensa orquestada por el Ministro Arias Salgado intentó descalificar el proyecto al que Munich apuntaba y a quienes habían participado en su diseño. Pero el Contubernio había mostrado que los españoles eran capaces de debatir y entenderse en libertad, y se habían comprometido a apoyar la candidatura a la Comunidad económica europea de la España democrática. La aceptación unánime de ese compromiso por parte de las fuerzas democráticas de Europa dió carta de naturaleza a la alternativa democrática española.

M21

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