La austeridad gubernamental (Por Rafael Guardiola)

Cuando el señor Rajoy tomó posesión de su cargo de Presidente del Gobierno de España anunció que la austeridad sería el referente de su gobernación. Todos pensamos que el gasto del Estado comenzaría a ser medido con criterios de ecuanimidad, que el fraude sería combatido desde el menor indicio hasta el más extendido y que sólo se aplicaría a conceptos absolutamente prioritarios. Por otra parte, la fuerte caída de los ingresos del Estado, que desequilibran las cuentas creando fuerte déficit, sería compensado con nuevos impuestos sobre los grandes movimientos de capital, sobre las grandes fortunas, sobre las operaciones de especulación, que carecen de naturaleza productiva, en general por toda la población que aún está en condiciones de soportarlo y no de una manera generalizada sobre toda la población española a través de los impuestos sobre el consumo, las limitaciones en la enseñanza pública, la reducción de la atención sanitaria y el abandono de los discapacitados a su propio y mermado albedrío.

Cuando se anunció que habría que volver a la austeridad, todos pensamos que se habría calculado la reducción de los gastos suntuarios del Estado, los sueldos de los políticos, la abstención de acciones bélicas en países que ningún daño nos causaban, la retirada de subvenciones en temas innecesarios y en general la moderación del gasto público. Lo que se dice, actuación en el ámbito propio del Estado, no en el bolsillo de los pobres. Yo ya estoy habituado a comportarme austeramente con mi pensión de mileurista, después de  45 años de trabajo y no necesito que nadie con rentas  de Presidente del Gobierno y con otras procedentes del ejercicio de la profesión, que no se ejerce y que llevado de la falsa y anticuada idea de “tener plaza en propiedad”, permite compartir con el que la trabaja, en este caso como Registrador de la Propiedad , venga a obligarme a mayor austeridad que la que yo mismo me impongo.

Seamos todos austeros en la medida de nuestras posibilidades, pero el gobierno que respete el gasto prioritario y atienda a la recaudación de los impuestos que marcan las leyes, sin permitir que con añagazas contables y ocultaciones de capitales en paraísos fiscales se escapen de la recaudación debida grandes cantidades de dinero, con las que se podría evitar “las dolorosas medidas” que ha de tomar el Gobierno, para no molestar a los “vivos” que cada día son más ricos, mientras que 6 millones de parados están viviendo de la caridad de sus  familias o de las instituciones privadas o eclesiásticas.

RGH

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