El lugar del Morillo: Valdemorillo (Por Enrique Suja)

El origen del pueblo de Valdemorillo parece perderse en la noche de los tiempos y seguramente cuando se dibujó el papiro de Artemidoro, en  la lejana Alejandría, ya vivían nuestros antepasados remotos en las riberas del río Aulencia, por lo que es de suponer que poco a poco vayan apareciendo los múltiples vestigios de ese rico pasado, los cuales, cuidadosamente estudiados, aportarán nuevas luces sobre el conocimiento de nuestra historia.

En este contexto, la aparición de un escudo heráldico localizado en el centro del casco antiguo de la localidad ha motivado una viva polémica sobre su origen, que merece hacer las presentes anotaciones.

El estudio del apellido Morillo resulta complicado por dos razones fundamentales, los escasos referentes anteriores al siglo XI y e abrumador número de morillos blasonados con diferentes armas que encontramos en Extremadura y en Andalucía , principalmente a partir del Siglo XVI, además de las modificaciones y añadidos que surgen los escudos en el transcurso del tiempo, por ejemplo, Fernando Ignacio Morillo Chávez, caballero de Alcántara, añade a sus armas dos caballeros armados de plata, que los especialistas en genealogía nos presentas con diferentes criterios. Julio Atienza nos incida un origen castellano y los hermanos García Carrafa afirman que es de procedencia andaluza.

Este apellido, como tal, podría haberse originado en la Huesca ocupada por Muhammad al-Tawual, en el siglo décimo. Una casa de este apellido se hala en Morillo de Liena, partido judicial de Boltaña, Huesca, con ramas en Morillo de Monclus, Morillo de Sanpietro, Morillo de Tous, Monzón, Fonz, Ciurana, Sábada, Luesía, Naval y Huesca.

La casa de Morillo de Liena y sus armas traen en un campo de azur una banda de otro, acompañada de cuatro estrellas del mismo metra, tres en lo alto y una en la parte baja, de manera que no se trata del escudo que buscamos El que nos interesa podía haberse generado en Morillo de Tous cuyo despoblado, totalmente cristianizado, se sitúa arqueológicamente a finales del siglo X y cuya torre fortaleza, con paramentos ataludados, concuerda estéticamente con la aparece tallada en el duro granito del Guadarrama encontrado en el pueblo. 

Estos Morillos formarán parte de los primeros hijosdalgo que ganaron su linaje en la reconquista.

En los últimos días de febrero de 1085 el rey Alfonso VI y sus tropas, entre las que se encuentra un morillo, están reunidas en el puerto de Arrebatacapas camino de la conquista de Toledo. Madrid ha sido tomado dos años antes. El grueso del ejercito desciende en líneas recta por San Martín y Maqueda y una parte de este lo hace bajando por el río Guadarrama para asegurar Calatalifa en la retaguardia (1). En el recorrido entre Arrebatacapas y el río esta fuerza encontrará el pequeño enclave visigótico, heredero de la cívitas romana que se desarrolló junto al río Aulencia y que ha permanecido varios siglos oculto y perdido en la espesura de los bosques y alejado de la principal vía de comunicación llamada Balar Humait por los árabes.

En este lugar va a quedarse el caballero Morillo con una pequeña tropa en calidad de reten, aquí edificará una torre de planta cuadrada en lo alto del poblado, junto a la iglesia, imponiendo su autoridad y protegiendo las santas reliquias de los mártires arrianos Fibriano y Filiberto, que guarda su primitiva iglesia. Aquí se van a definir las armas del caballero. En un campo de Azur, una torre de otro con un rey asomándose a la ventana, en puerta dos caballeros armados, enfrentados y haciendo guardia, bordadura de gules con ocho aspas de otro, donde los taludes que refuerzan la torre recuerdan a su Tous originario y la ordenación de la puerta y la ventana corresponden a la que acaba de edificar en el pueblo.

Es en este momento cuando surgen el topónimo El Val de Morillo, donde val no significa valle, sino lugar de o tierras de, tal como aparece escrito en el Libro de las Monterías de Alfonso XI, En 1342. El Val de Morillo, en un contrato sobre comercio de vino de 1494, el lugar de Morillo, o en otro de 1662, Valde-Morillo. El texto y mapa más antiguo del que disponemos actualmente es un documento segoviano de 1302, copia de otro anterior de 1208, que regula la repoblación de la transierra segoviana (2).

El mismo apellido y el mismo blasón pertenecieron a uno de los caballeros que abajo las órdenes del rey Fernando III, el Santo, conquistaron la ciudad de Servilla a los musulmanes en 1248. Este caballero era el hidalgo (nobleza menor en los reinos hispánicos), Aznar de Moriello (en castellano antiguo, Morillo). La gesta de la conquista de Sevilla les valió a sus participantes el recibir tierras procedentes del llamado Repartimiento de Sevilla.

Al caballero Morillo se le adjudicaron predios en las poblaciones de Carmona y Sanlucar la Mayor, así como ciertos derechos de molino y gravámenes sobre la harina. En estas poblaciones surgen las dos ramas del apellido. Mas tarde, en el siglo XIV, y a raíz de las repoblaciones ordenadas por los Guzmanes, el apellido                                pasó al pueblo del Viso del Alcor.

Encontramos a otro caballero Morillo con el mismo escudo acompañando a los Reyes Católicos en la conquista de Granada (1481-1492)  donde quedaron bien heredados, estableciendo allí una casa solariega. El genealogísta Argote de Molina cita un solar muy antiguo establecido en Bel alcázar.

En el Val de Morillo de finales del siglo XIV se realiza una construcción de la iglesia gótica y la torre de Morillo queda imbuida en la edificación, por lo que la familia se traslada a vivir a la calle Real, donde construyen un edificio de gran vistosidad, propio del paso del siglo XIV al XV, a juzgar por los elementos arquitectónicos que nos han llegado: el arco carpanel del portón de entrada, con un remate similar a de la Casa del Cordón de Burgos, datada en 1482, el gótico final, y el propio escudo labrado en piedra berroqueña, ambos decorados con motivos vegetales.

Esta edificación pudo pertenecer a Juan de Morillo, que es tesorero de la Casa de la Moneda de Segovia en 1465, según un documento sobre el tesoro de Enrique IV, en el Alcázar de Segovia.

Damos por sentada la relación que debió de existir entre la corona y la casa de Morillo a causa de la frecuente actividad cinegética de los reyes de Trastámara. Ya desde Alfonso XI  en 1342 los reyes cazan osos y jabalíes en los espesos bosques de nuestro entorno y “Los Palacios” situados en la “Era Vieja” y los restos del pabellón de caza de Felipe El Grande en “Pino Alto” los testimonian.

La privanza de D. Álvaro de Luna, 1419-1452, debió de reafirmar esta relación como prueba el cargo de tesorero que ostenta D. Juan de Morillo, por ello la caída de Enrique IV, en 1468, tendrá consecuencias trascendentes sobre la casa de Morillo.

Sabemos que la familia permanece en el pueblo en la segunda mitad del siglo XVI a causa de un acta reconfirmación de 1560 (3) y de un documento de 1563, en el que Pedro Morillo, hijo de Melchor, compra una viña con 322 cepas. La ausencia de registros posteriores nos lleva a pensar en un traslado de la familia a Madrid, a Belalcazar o a Sevilla, donde los Morillo poseen desde 1521 una casa muy grande y ricamente labrada” además de diversos predios.

Durante la Guerra de la Sublevación de los moriscos de Granada, en tiempos de Felipe II (4), encontramos la figura de un capitán apellidado Morillo, que murió luchando en dicha guerra, tal vez a las órdenes de Sancho Dávila, en 1578. Desconocemos de dónde procedía, ni siquiera de qué reino.

Una obra del Siglo XIX, que obtuvo el premio en el certamen abierto por la Real Academia Española (5), cita “Morillo” entre los nombre geográficos de España más usados en apellidos, pero no especifica dónde se encuentra el topónimo que dio origen a tal apellido. Hay varios pueblos con este nombre en el Reino de Aragón. En el Reino de Castilla sólo hemos encontrado un “Morille” en la provincia de Ávila, cerca de Alba de Tormes.

El primer Conde de Cartagena y Marqués de la Puerta, don Pablo Morillo, nació en Fuentesecas (Zamora) en 1755 “de familia humildísima” (6). Aunque el ejercicio en grado superlativo de tan cristiana virtud, creemos sinceramente, no debería estar reñido  el uso de escudo de armas, mucho nos tememos que no sea considerado así por los reyes de Armas.

Atienza (7), como siempre sin citar la fuente, nos dice que el apellido es castellano9 y que D. Fernando José Morillo, natural de Cabeza del Buey (Badajoz), ingresó en la orden de Alcántara en 1760, blasona escudo así: “En un campo de azur, un castillo de oro, con un rey asomado a una de sus ventanas; al pie del castillo dos caballeros armados, afrontados y haciendo guardia. Bordura de gules con ocho aspas de oro”.

En el nobiliario de Segovia (8) de Larios, no aparece ningún Morillo. El mismo autor, al estudiar los nobles de la provincia de Segovia, que aparecen en el Catastro del Marques de la Ensenada (9) no menciona tampoco ningún Morillo.

Para los poco acostumbrados a los estudios heráldicos, debemos decir que en el transcurso del tiempo es muy corriente que las torres se transformen en Castillos, los Halcones en águilas y los infantes en caballeros. Porque ¿Cómo se puede saber, en ausencia de sus nobles brutos, que estos individuos son caballeros? Es posible que el autor de tan singular blasonamiento olvidase 1ue por el bolsillo del pantalón debe asomarse su ejecutoria. Tampoco da los esmaltes de tales caballeros, que mucho nos tememos habrían de ser “de su color”.

El caso es que la torre (tal como aparece en el escudo encontrado en Valdemorillo) es un mueble poco frecuente fuera de España (10). Aquí sucede lo contrario. Y esta torre nos recuerda a la de las armas de la ciudad de Ávila que se blasona así (11): “En escudo plateado, una torre, rey en lo alto con corona y cetro, abajo este lema: AVILA DEL REY”. Parece que el rey representado es el Rey chico que estuvo oculto allí. Podríamos estar en este caso ante un escudo muy antiguo, porque parece que este D. Alfonso fue primer rey castellano en armarse de un castillo, precisamente.

En cuanto a la bordura, Riquer (12), con abundancia de notas y citas nos di ce que  “debemos aclarar que la función de la orla o bordadura, según las citadas palabras de Valera, Mexia y Alonso de Torres, es la de diferenciar o brisar un escudo. En efecto, es de antiguo uso en Francia e Inglaterra introducir ciertas leves modificaciones, o adiciones, en un escudo cuando este no pertenece al jefe o cabeza del linaje, el cual lleva las armas plenas, es decir, sin cambio alguno, y una de las brisuras o diferencias de los escudos de sus hermanos o hijos consistía en rodear las armas patrimoniales con una bordadura. En heráldica catalana la bordadura también tenía la función de brisura, pero, por lo general, para diferenciarlas armas de diversas ramas o líneas de un mismo linaje. En Castilla, el objeto de esta pieza fue muy distinto, pues no tiene la función de brisar, sino que asume el papel de una partición del escudo. Así, si una persona tiene derecho a llevar dos escudos diferentes, supongamos el del padre y de la madre, puede situar los elementos del primero en el centro del campo y disponer los elementos del segundo en la bordura.

Y precisamente, una de las bordaduras más frecuentes en Castilla es la que lleva sautores (cruces de San Andrés) pequeños, por lo general estos de oro y aquella de gules. Dice Riquer que en el libro de la Cofradía de Santiago se recorten nada menos que cincuenta y cuatro escudos con bordaduras de este tipo. “Losa antiguos historiadores sostuvieron que los linajes castellanos que llevaban en el escudo esta bordadura con aspas lo obtuvieron como recompensa real por haberse hallado en la batalla de las Navas de Tolosa o en la conquista de Baeza (Día de San Andrés de 1227); pero esto es infundado, pues estas aspas aparecen en la bordadura del escudo blocado del Conde Don Nuño, muerto en 1209, según su sepulcro existente en el Monasterio de las Huelgas de Burgos (13).

El escudo se encuentra localizado en la calle Real, uno de los cuatro barrios en que se dividía el pueblo en 1752, según el Catastro de Ensenada. En sus proximidades se mantiene aún en pie la portada de arco carpanel, de la casa donde vive Juan de Luna, descendiente del Condestable de Castilla, en 1448.

En su entorno inmediato apareció, hace algún tiempo, un escudo de la casa de Aguilar, también realizado en piedra berroqueña; se encontró partido por la mitad ya que ambos fragmentos fueron reutilizados como “patas de banco”. Este escudo, una vez restaurado, se manifiesta idéntico al existente en e cercano pueblo de Navalagamella, residencia de doña María de Aguilar, en 1578, y al que aparece en el sepulcro de don Pedro de Aguilar, que se conserva en el interior de la Iglesias de Valdemorillo.

Las declaraciones a la prensa de D. D. Fernando Velasco, arqueólogo de la Comunidad, según las cuales se pretende convertir a Valdemorillo en un municipio piloto en estudios arqueológicos y etnográficos, supusieron un espaldarazo definitivo a la labor que hemos venido desarrollando a lo largo de los últimos años, con objeto de verificar la importancia arqueológica e histórica de la zona. Así como el desarrollo de un proyecto cultural y etnológico que en septiembre de 1999 se presentó en el Ayuntamiento de la localidad.

Con anterioridad, entre los años 1968 y 1970, don José Luís García Fernández, arquitecto de Bellas Artes, Adherido a la COPLACO, realizó un inventario pormenorizado de los restos graníticos mas relevantes del casco urbano, cuyos resultados fueron expuestos durante algún tiempo en las dependencias del ayuntamiento, que se materializó en el Catálogo de la Edificación de interés Histórico Artístico realizado en mayo de 1987 por la Comunidad de Madrid, cuyo Resumen Histórico sería conveniente poner al día. En el mes de febrero de 1977, se realizó con la colaboración del Ayuntamiento una exposición de dibujos arquitectónicos de los escudos y demás restos graníticos de las diferentes edificaciones existentes en el casco urbano, que presuponen por si mismo otro inventario más de tales restos, por lo que difícilmente puede alegarse su desconocimiento para excusar la falta de medidas que eviten su expolio y desaparición. Aparte de nuestra obvia responsabilidad patrimonial para con nuestros hijos, deberíamos tomar una conciencia clara de que en estos tiempos de desmesurado “progreso”, la conservación, restauración y rehabilitación de estos hermosos y venerables elementos históricos podrían servir de evidentes connotaciones culturales, en vez de terminar sepultados junto a otros escombros, en los vertederos que rodean el pueblo.

Bibliografía

(1) B.F. Reilly. Cristianos y Musulmanes 1031-1157. Ed. Crítica. Madrid 1992.
(2) María Asenjo 1986, Archivo Histórico Nacional.
(3) Libro de Bautismo y Confirmaciones de Valdemorillo entre 1544 y 1568. Archivo de la Diócesis de Madrid.
(4) Diego Hurtado de Mendoza. “La Guerra de Granada”. Pag. 140. Ed. Sarpe. Madrid 1871.
(5) José Godoy Alcántara, “Ensayo Histórico-Etimológico sobre los Apellidos Castellanos” Madrid 1871.
(6) Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa Calpe, Madrid tomo XXXVI, pag. 1093.
(7) Julio de Atienza, “Nobiliario Español” Madrid 1959.
(8) Jesús Larios Martín “Nobiliario de Segovia”, publicación del Instituto Diego de Colmenares.
(9) Fernando Jiménez de Gregorio, “Apunte Geográfico-Histórico de los pueblos de la actual provincia de Madrid en el siglo XVIII. Tomo XIII. Ed. AIEM 1976.
(10) Martín de Riquer, “Heráldica Castellana en tiempos de los Reyes Católicos”, Barcelona 1986.
(11) Esteban Paluzie y Cantalozella, “Blasones españoles y apuntes históricos de las cuarenta y nueva capitales de provincia” Barcelona 1867.
(12) Riquer, oc.
(13) Riquer, o.c. pág. 124.

Enrique Suja

 

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