El circo no para (Por Luis Chamarro)

No habían terminado los juegos olímpicos cuando ya estábamos metidos en la vorágine de una nueva liga de futbol, más las diversas competiciones europeas alrededor de la pelotita perseguida por millonarios con el fin de dar días de gloria y de pasión a los seguidores de sus colores.

Los grupos empresariales que controlan los medios de comunicación han corrido por encontrar un punto de encuentro que garantizara sus intereses y los del poder político y financiero. No podía mantenerse el conflicto por la retransmisión de los partidos. Llegado el acuerdo ahora pueden encadenarse retransmisiones, de pago o abierto, a todas horas, ocho días a la semana. Mas las previas y las posteriores actuaciones mediáticas sobre cada uno de los eventos, no solo futbolísticos, pues ahí están los de las ruedas, las motos y los formula uno, también bajo los patrocinios de los grandes emblemas de la economía oficial: el Santander, el BBVA, la Caixa, Repsol, El Corte Ingles… , el poder de la CEOE. Además, lo que se mueve bajo la bandera negra de la corrupción que precisa del blanqueo de capitales.

Este verano faltan las alegrías de otros en cuanto a los fichajes de ídolos de mayor o menor lustre. Se nota que la situación de buena parte del sector bancario y de ahorros está en un momento muy delicado.  Muchos directivos financieros y futbolísticos piensan como evitar acabar jugando ronditos entre ellos o partidos contra los funcionarios en los penales en los que saben deberían acabar.

Y ha vuelto a comenzar el circo futbolero sin que nadie sepa porque no se aplican las normas que sancionan a los clubs con millonarias deudas con la Agencia Tributaria y la  Seguridad Social. Deudas  que no se sabe ni cuando ni como se van a regularizar. Sin oficializarlo es otra amnistía de hecho respecto de organizaciones especializadas en eludir los controles fiscales y legales.  Es evidente el carácter tranquilizador del tinglado del balón, amortiguador de preocupaciones reales de millones de ciudadanos aficionados que evitan así prestar más atención a su preocupante presente y más incierto futuro laboral, económico, familiar.  Si a ello se suma la paliativa acción del triunfo del equipo de “todos”, la roja de turno, mejor que mejor para los organizadores, beneficiarios directos de este universal negocio.

¿Tendría respuesta una convocatoria para una huelga de asistentes a los partidos durante una o varias semanas?  ¿Y de contratación de televisión de pago o compra de prensa deportiva?

Siguen vigentes los estudios oficiales de la CEE y otros organismos ocupados en la transparencia y legalidad que señalan el futbol como el vehículo de defraudación y blanqueo de capitales  por excelencia. No soy optimista a corto plazo. Sin embargo,  algo habrá que hacer.

LCH

 

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