La otra cara de las fiestas (Por Luis Chamarro)

El mercado “medieval” ubicado en el centro del casco ha sido lugar de afluencia en el que distribuir información de las subidas de las tasas y del agua que ha llevado a cabo este ayuntamiento. Estando en estos menesteres uno de los feriantes me abordó para decirme si íbamos a hablar de lo ocurrido en la noche del sábado al domingo. Al reconocerle mi desconocimiento me informó de los incidentes provocados por un grupo de violentos que pretendían, entre gritos y amenazas, derribar la marquesina del autobús sobre los quioscos allí instalados. Por lo referido, uno de los provocadores mostraba un estado de excitación impropio de una persona normal por muy exaltado que pudiera estar. Reflexionaba mi interlocutor sobre el papel de unos padres frente a comportamientos así, lo que yo comprendía, como que buena parte de tal conducta también era responsabilidad de quienes los llevaron a cabo.

Después de seguir con el reparto de los comunicados para el acto del 15 de septiembre, sobre el agua y los acuerdos municipales con el ayuntamiento, volví sobre mis pasos y cerca de donde antes hablé con el feriante referido me abordó otro de los que vieron y sufrieron la agresión del grupo que después fue identificado como neonazis. Este ciudadano me dio mas detalles sobre lo ocurrido, sobre las amenazas directas recibidas por tener matrícula de Barcelona su furgoneta. ¡! Tú no sabes quién soy yo, este es mi pueblo ¡! ¡! Te vamos a quemar la furgoneta mañana !! Avisado el 112 llegó finalmente la policía, y se llevó a los agresores. El miedo se quedó en el cuerpo de los afectados, hasta el punto de recoger el kiosco antes de finalizar la jornada, asumiendo las perdidas, pero tratando de evitar una nueva situación como la pasada y por consejo de los policías. Oír el relato no fue nada grato, pues la sensación de impotencia ante cuestiones como esta solo se aprecia cuanto las tienes delante.

Pero peor que la impotencia es la rabia por situaciones como la que se dio cuando estaba hablando con este segundo feriante. Pasó junto a nosotros la señora alcaldesa, de paseo familiar. No pude evitar requerirla sobre si estaba al corriente de lo ocurrido. Le referí la amargura con la que estos trabajadores feriantes me estaban relatando las amenazas recibidas. Que estaban recogiendo para marcharse. No pudimos entender si sabía algo o no, el caso es que ni se paró para interesarse, ni a ofrecer su comprensión y atención, aunque solo fuera por mera educación institucional.

Me despedí de estos amigos agredidos, amenazados, lamentando lo ocurrido y la falta de atención recibida. Seguro que esto podía haber ocurrido en otro lugar también, pero habiendo ocurrido aquí, uno cree que las respuestas deben ser otras, pues pudiera parecer que la mas alta instancia municipal deja en el aire eso de ¡! Tú no sabes quien soy yo. Este es mi pueblo ¡!

Luis Chamarro

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