La confianza quebrada (Por Luis Chamarro)

La Constitución de 1978 establece en su artículo sexto que los partidos políticos tiene como funciones el ser instrumentos fundamentales para la participación política, expresar el pluralismo y concurrir a la formación y manifestación de la voluntad popular. Se les reconoce como asociaciones protagonistas de una actividad canalizadora de los deseos ciudadanos hacia los órganos del estado desde los que se ponen en marcha las políticas públicas en cada momento.

Son producto de la iniciativa privada pero acceden al ejercicio de unas específicas actividades públicas que les son reconocidas. Para ello, los partidos políticos gozan de financiación pública, de la atención y acceso a los medios de comunicación públicos y privados y la exclusiva capacidad de ofertar candidaturas electorales en los procesos legalmente establecidos. Se les exige  que su funcionamiento y organización  sean democráticos. También  estar registrados aparte del resto de las asociaciones. Todo esto justificaría el control por parte del Estado en cada uno de sus aspectos, la legalidad de los procedimientos y objetivos. Sin embargo, la cuestión de hasta que punto interferir suscita otro problema cual es el de hasta que punto controlar sin afectar la libertad de actuación que se supone a estas organizaciones.

En este tiempo de funcionamiento la realidad económico financiera de los partidos políticos ha quedado casi exclusivamente circunscrita a los estados facilitados al Tribunal de Cuentas, desde el que, de forma reiterada, se manifestó durante años la conveniencia de modificar la legislación, hasta la nueva regulación del año 2007.

Las circunstancias sociales, no obstante, han degenerado hasta el punto que “la democracia de partidos” hoy se observe por una importantísima parte de la población como un problema muy grave, origen de muchos de los otros problemas, los económicos y laborales, que aquejan a  cientos de miles de familias. La generalización de la consideración de estar en una democracia secuestrada por una cúpula de poderes podría ser razón suficiente para que de alguna manera se pudiera revisar, controlar, corregir lo realizado por las organizaciones políticas, hasta el punto de las depuraciones políticas o legales que se derivasen. Mientras esto se impida avanzará el descontento popular. Se multiplicarán los gestos y hechos que dificultarán la tranquilidad de ánimo de los responsables políticos, de los popes mediáticos, de los coristas de la opinión. Es muy probable que el calentamiento social preceda al climático y que la ola acabe por anegar palacios y bancadas, mientras sus moradores sigan reclamando en propiedad lo que las urnas les han prestado en confianza de la palabra dada.

La percepción de la ciudadanía respecto del nivel de corrupción de los partidos políticos es brutal, según lo recogido en los informes de las agencias no gubernamentales especializadas. A la vez el nivel de afiliación y participación en los partidos políticos nacionales o nacionalistas de referencia es mínimo, casi anecdótico.

La resistencia interna de las cúpulas partidarias para una mejora en la democracia, en la participación real en los diferentes ámbitos y niveles, correlaciona directamente con las dificultades que se han puesto desde la llamada por algunos “modélica transición” para adecuar estos mismos presupuestos democráticos en el día a día, en lo local, como en otras decisiones nacionales. Como la modificación de la Constitución en agosto de 2011 por la deuda pública. O la incorporación a escudo antimisiles de la OTAN. O la aceptación sumisa de los presupuestos económicos de los organismos internacionales al servicio del poder financiero.

Hoy miles de pequeños empresarios, autónomos, profesionales se ven abocados a la inactividad. Para ellos no hay paro, pese ha generar el 80% del empleo en España. Pequeños empresarios, autónomos y profesionales que ven como los bancos que les ahogan reciben miles de millones de euros para cubrir sus necesidades de liquidez, por su mala gestión. Miles de millones de euros que se detraen de servicios públicos fundamentales. Mientras esto ocurre miles de  pequeños empresarios, autónomos y profesionales ven como sus patrimonios empresariales y familiares caen en manos de los bancos causantes de la crisis sin que nadie les facilite ninguna solución vital. Soluciones que deberían surgir de los partidos que tienen sus deudas, millonarias deudas con los bancos, renegociadas o perdonadas, en un agravio insoportable. Dineros y tratos que, junto a la financiación pública que reciben, deberían poder ser conocidos, controlados y valorados por los estamentos oficiales pertinentes, como por los miembros de esas organizaciones políticas.

Comentaba socarronamente este verano un conocido tertuliano que si los partidos no debieran existir ya los hubiera hecho desparecer Dios. Efectivamente, como cauces, como instrumentos, pueden ser útiles, perfeccionables, complementados. Otra cosa son sus ocupantes, sus miembros, fundamentales sus dirigentes. Esto se ha venido estudiando desde hace más de cien años sin que se haya encontrado el adecuado equilibrio en esta sociedad industrial y tecnológicamente “avanzada”. Puede que no sea preciso  inventar otro mecanismo, como afirmaba el referido ponente. Puede que solo sea cuestión de que los profesionales del poder se retiren a sus cuevas particulares. Puede que lo segundo y reforma  del funcionamiento del sistema de partidos. Mientras cabe someter a las organizaciones a las tensiones democráticas posibles, desde dentro de las mismas y desde fuera de ellas.

En el ejercicio del derecho de participación política  en una organización democrática cualquier miembro de un partido podría  conocer el detalle de los créditos recibidos por su organización en los últimos treinta años. De cómo se han cancelado. El importe de las deudas vivas y las condiciones en que los bancos o cajas las han aprobado. Las garantías de estas operaciones. El montante de los créditos perdonados, de las entidades afectadas y de los informes técnicos, Banco de España o Tribunal de Cuentas. ¿Será esto otra  quimera?

LCH

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