El desprestigio de la clase política. Por Jesús González

Esto no puede conseguirse con más recortes coyunturales: hacen falta reformas en profundidad que, de momento, están inéditas. Se tiene que reducir drásticamente el sector público empresarial, esa zona gris entre la Administración y el sector privado, que, con sus muchos miles de empresas, organismos y fundaciones, constituye una de las principales fuentes de rentas capturadas por la clase política. Por otra parte, para volver a crecer, la economía española tiene que ganar competitividad. Para eso hacen falta muchas más reformas para abrir más sectores a la competencia, especialmente en el sector público empresarial y en sectores regulados. Esto debería hacer más difícil seguir creando burbujas en la economía española.

El desprestigio de la clase política española (CPE), como muestran los sondeos, una y otra vez, es inmenso. Tendríamos que cambiar de sistema, no sólo electoral sino también jurídico-político, con el objetivo de conseguir una clase política moderna y funcional, más adecuada a las necesidades de España. La clase política debería explicar, por lo menos, los siguientes puntos:

1.    La CPE española no se ha constituido como un grupo de intereses particulares, sino que se ha conformado como una auténtica élite esquilmadora de la nación. Y ello, lo ha logrado a través de un sistema de captura rentista que permite, sin crear nueva riqueza, detraer rentas en su propio beneficio. Igualmente, ha adquirido un poder que le permite condicionar y bloquear el funcionamiento de una sociedad abierta, en el sentido popperista1. Y, por último, esta élite insaciable combate la llamada “destrucción creativa” que caracteriza al capitalismo más dinámico, es decir, anquilosa al propio sistema de economía de libre mercado.

2.    La CPE es antipatriota, porque esconde su propio pecado en la generación y desarrollo de la crisis actual.

3.    La postura de resignación de la CPE es vergonzosa y no explica cual ha sido su parte de culpa en el paro de seis millones de compatriotas, en la quiebra parcial del sistema financiero y en el mantenimiento de un sector público momificado que no puede hacer frente a sus compromisos de pago.

¿Cómo es posible que, tras cinco años de iniciada la crisis, ningún partido político tenga un diagnóstico coherente de lo que le está pasando a España? Y tampoco tenga una estrategia o un plan a largo plazo creíble para sacar a España de la crisis o sea incapaz de planificar una solución que permita despejar el horizonte ¿Cómo es posible que la CPE sea incapaz de ser ejemplar?

¿Cómo es posible que nadie-salvo el Rey y por motivos propios haya pedido disculpas? Y que la estrategia de futuro más obvia para España la mejora de la educación, el fomento de la innovación, el desarrollo y el emprendimiento y el apoyo a la investigación sea no ya ignorado, sino masacrado con recortes por los políticos mayoritarios.

La crisis ha acentuado el conflicto entre los intereses particulares de la clase política española2 y el bien común de España. Las reformas estructurales para permanecer en el euro chocan frontalmente con los mecanismos de saqueo de la casta política. La infinita desgana con la que se está abordando el proceso de reformas nos muestra las consecuencias que el reformismo producirá a la clase política en su sistema de captura de rentas. Es decir, y siendo claro, la casta política está “mareando la perdiz” con la esperanza de que la tempestad amaine por sí misma para que al final no haya que cambiar nada esencial. Como este escenario parece poco probable, tarde o temprano, la CPE se enfrentará al dilema de aplicar las reformas o abandonar el euro.

La confusión inducida entre reformas y recortes tiene el efecto perverso de intoxicar a la población para crear el caldo de cultivo necesario para, cuando la coyuntura sea propicia, presentar una salida del euro como una defensa de la soberanía nacional frente a una intromisión exterior que impone recortes drásticos al Estado del Bienestar.

JGM. Madrid

Notas aclaratorias
1 Karl Popper, filósofo de la Sociedad Abierta: (1902-1994) es reconocido alrededor del mundo como el más grande filósofo de la ciencia del siglo XX.  Famoso por su identificación de la racionalidad con la actitud crítica, por su crítica del autoritarismo en la ciencia y en la sociedad, y por su caracterización de la ciencia como una interminable actividad de resolución de problemas que crece a través del ensayo y el error.

2. A mi juicio, España no es una democracia real, sino una oligarquía: “donde los políticos no representan a la ciudadanía sino a su partido”. El verdadero drama de España no es financiero ni económico, es político, institucional y regional”.

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