Las ideas prácticas no aparecen (Por Rafael Guardiola)

Hay muchas descripciones de los motivos de la crisis, algunas contrarias a las otras y sobre todo muchas críticas por lo que se ha venido haciendo desde el año 2007 hasta nuestros días. Se da mucha importancia a la contención del gasto, por parte de la ciudadanía, hasta el extremo de entrar en la mayor pobreza conocida desde los años cuarenta y se contiene también el gasto en servicios públicos, como sanidad, enseñanza, dependencia y se comienza a hablar de cómo hincar el diente en las pensiones de los jubilados; no obstante se desconoce cuando se van a reducir los gastos que afectan a los políticos, tanto en sueldos como en prebendas por otros servicios que presuntamente deberían prestar estos, Cuando el Sr. Rajoy hablaba de austeridad, todos creíamos que hablaba de las personalidades que administran los bienes públicos, pero enseguida nos dimos cuenta que la austeridad era sólo para los ciudadanos pobres y por extensión de la clase media.

Siempre se ha sabido que la mayor preocupación de la ciudadanía era el paro, pero para el gobierno ha sido acatar órdenes de los liberales europeos, para desconectar el bienestar social y prolongar en todo lo posible su acomodo en el poder y ver si entretanto se producía algún milagro que mejorara el PIB. Hoy hemos  sabido que el FMI ha calculado la pérdida de nuestro PIB en un 30% y que según sus expertos la política económica que se está aplicando en España lleva a empeorar nuestra crisis y nada sirve, de lo hecho, para facilitar el empleo. Las noticias son más alarmantes cada día, y vaticina aquella institución que nuestra prima de riesgo puede llegar a los 750 puntos, con lo que los intereses de la deuda serán exorbitantes. El señor Ontiveros ha dicho hoy, que sin llegar a ese extremo, los intereses de nuestra deuda ya no se pueden asumir por España. La cosa es grave ¿Hay alguna solución? ¡Siempre hay alguna solución, pero hay que encontrarla! ¿Qué ideas podemos poner sobre la mesa, no ya los políticos, que parecen incapaces, si no cualquier ciudadano que con imaginación valiente se atreva a pensar a fondo. Hay una premisa clara, que la única manera de salvar el escollo es que trabaje todo el que pueda hacerlo, de manera que se llegue a una productividad, al menos del 100% de la que había en el año 2006. La productividad es siempre proporcional al número de trabajadores y a su eficiencia, y cuando digo trabajadores, no sólo me refiero a aquellos por cuenta ajena, si no a todos, incluidos empresarios y autónomos. ¿Cómo podría hacerse esto? He ahí la cuestión.

Los empresarios no contratan trabajadores mientras no los necesitan, por lo tanto hay que provocar una situación general en que sean necesarios, mediante una política extraordinaria, imaginativa y eficaz, en tanto en cuanto los empresarios se convenzan de la necesidad de colaborar con la sociedad en la creación de puestos de trabajo.

Teniendo en cuenta que el mercado interior es incapaz de absorber más producción que la insuficiente que ahora observamos, la única forma de aumentar las cuotas de mercado de cada empresario ha de ser exportar. Si sabemos que los empresarios en defensa de su economía han reducido su productividad, ajustándola lo más posible a la demanda interior, no sería arriesgado deducir que la ratio de productividad empresarial ha quedado muy mal parada y aunque crean algunos empresarios que están ganando dinero, en realidad están sólo salvando la supervivencia de su empresa temporalmente, de manera que la remuneración de capital ha caído en picado y se ha interrumpido la normal amortización de inversiones, de manera que dentro de dos años la mayor parte de las empresas industriales serán anticuadas y ningún cambio de política podrá impedir la necesidad del cierre de las mismas. Esta seguridad nos lleva a la necesidad de propuestas valientes a las que me refería al principio, EXPORTAR es la nuestra, ¿Pero cómo?.

Para exportar hay que mejorar las ofertas de los competidores internacionales. No hablemos de China, porque el hecho de que sus precios sean los más bajos de la oferta internacional, no quiere decir que no puedan ser sus ofertas superadas, ya que no todos los importadores internacionales se guían por el factor “precio bajo”, si no que lo normal está en que haya unas exigencias de calidad constante y de capacidad de cumplir los compromisos de entrega, a que los empresarios españoles están acostumbrados. Esto no es un halago, si no una realidad comprobada por los que hemos mediado durante toda una vida, al servicio comercial español.

¿Cuál sería la fórmula que habría de emplearse para conseguir un aumento de la productividad, que se aproximase a la que teníamos en el año 2006, una vez descartada la que procedía de la industria de la construcción, que por el momento está reducida? Voy a tratar de razonar en términos académicos. La productividad es la capacidad de producir más, mejor y a menor costo. En esta definición se ven tres condiciones irrenunciables que detallaré:

Producir más: Con la mayor cantidad de nuevos puestos de trabajo. Con la mejor maquinaria disponible. Con el programa más racional para mejorar rendimientos.

Producir mejor: Respecto a calidad. Diseño. Simplicidad de utilización del producto.

Producir a menor costo: Ajuste de precios en materias primas, energía, transporte,                      embalajes y financiación. Concertación de la fiscalidad para la exportación.

Los empresarios dirán, lo imagino, que estas condiciones ya las intentaron antes de reducir los puestos de trabajo e incluso algunos que intentaron resistir, se encontraron con grandes excedentes que tuvieron que saldar en el mercado interior, con grandes pérdidas. Estoy de acuerdo, pero me contesto a mi mismo, que si la acción hubiera sido concertada y promovida por grandes cooperativas de exportadores, como está haciendo China, probablemente con una directiva única, el resultado hubiera sido positivo. Cuando la crisis es mundial hay que atender a la globalización y nunca resultará la individualización a la que los españoles somos adictos. Aquí no se puede salvar nadie sin la ayuda de todos y para ello hace falta una acción concertada, como ya he insinuado anteriormente.

Entre los empresarios habría que distinguir a los que, por disponer de un I+D avanzado y reconocido, continúan trabajando en el exterior con buenos rendimientos y los que trabajan en una industria tradicional, con medios tradicionales, pero que han sido suficientes hasta el año 2006 y no  siéndolo ahora, porque las circunstancias demandan métodos totalmente diferentes. Los métodos no son sólo aportaciones de capital, para lo que  existían medios a principios del año 2012, y no existen hoy, como consecuencia de la fuga de capitales producidas en los últimos meses. El sistema  a proponer habría de ser que los empresarios aumentaran sus producciones, sin temor a excedentes, para recuperar los ratios de productividad perdidos y los excedentes se colocaran en los mercados exteriores a precios de aquellos, de manera que se cubrieran los costos, aunque no hubiera rentabilidad de capital. El beneficio sería, como se puede ver, la remuneración de los puestos de trabajo, la amortización de los bienes de producción y el aumento de la demanda interior.

Podemos escuchar las voces, que aún no se han producido, reclamando el derecho de los empresarios a establecer sus propias políticas de trabajo y a percibir las rentas del capital consiguientes a sus producciones y tienen razón, pero la recesión creciente que nos ahoga, no lo permite, más allá de pequeños beneficios, para el mantenimiento de sus familias, conseguidos en la atención de la demanda interior Mi propuesta es que los empresarios deberían acceder a seguir manteniendo los beneficios actuales, pero con una productividad superior y ello habría de ser respaldado por una personalidad superior a la que pueda aportar el político mejor considerado por la sociedad, es decir,  por una personalidad como podría ser el Rey o en su lugar el Príncipe de Asturias. Estimo que sólo así podría salirse de esta crisis que tiene todo el aspecto de durar muchos años.

RGH

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